Especial Elecciones 2012 Alcaldes y Diputados, haga clicEspecial de los Premios Oscar 2012, haga clic

Revistas > Séptimo Sentido > Corre, Hilda, corre

Compartir

Corre, Hilda, corre

Escrito por Jacinta Escudos
Domingo, 07 marzo 2010 00:00
Imprimir E-mail Facebook Google Twitter

Opinión

Gabinete Caligari

1. “Makar, el oso casi humano”, se leía en letras rojas. Ahí estaba la imagen de un oso, con cara de perfecta infelicidad. Sus fauces estaban sujetas por un bozal. Su foto ilustraba el cartel promocional que anunciaba al Circo de Moscú, cuando vino a San Salvador a inicios de este año.

 

Lo mostró el noticiero realizando su número: Makar, con una toalla blanca tapándole sus partes pudendas, daba golpecitos con unas ramas a la espalda de su entrenador, acostado bocabajo sobre una banca. El escenario hacía suponer que el oso y el humano estaban en un salón de masajes. Durante buena parte del número, Makar estuvo sobre sus patas traseras.

 

2. Makar es un oso grizzly. Nombre científico: “Ursus arctos horribilis”. Es el tercer oso más grande del mundo, después del oso pardo y del oso polar. En Europa Occidental y en el Sur de Asia está en peligro de extinción.

 

Los osos tienen un agudo olfato. Son los carnívoros de mayor tamaño entre los mamíferos pero también comen hierba, frutos silvestres, raíces, brotes, retoños de árboles jóvenes y miel. Los lapones veneran al oso y lo llaman el Perro de Dios. Los noruegos dicen que el oso tiene la fuerza de diez hombres y el sentido común de doce. Algunos pueblos de Siberia consideran que el oso es el señor del bosque y que tiene un alma de gran poder.

 

Para los antiguos pueblos fineses el oso era la encarnación de sus antepasados. Era uno de los animales sagrados. Era conocido como mesikämmen (pata de miel), otso (frente amplia) y kontio (habitante de la tierra).

 

3. Ver la planta de la pata de un oso es como ver un mapa del mundo.

 

4. Los espectáculos circenses con animales ocultan, la mayoría de las veces, historias dramáticas y siniestras de maltrato hacia estos. Forzarlos a estar parados en dos patas, a saltar entre aros de fuego o a hacer vaya a saber qué trucos es atentar contra su naturaleza. Ya no se diga el tenerlos prisioneros durante toda su vida natural y explotarlos económicamente.

 

Muchos circos compran animales exóticos a traficantes. De hecho, el tráfico de animales es el tercero en importancia después del tráfico de drogas y de armas. Los animales son comprados cuando son cachorros. Desde ese momento comienzan a vivir traumatizados, alejados de los suyos y de su ambiente natural, en un entorno hostil, amenazados, encerrados, encadenados, humillados y sometidos permanentemente a castigos y maltratos físicos, lo cual acorta su vida biológica sino que los deprime, los enferma y los hace emprender actos de auténtica locura.

 

El entrenamiento en todas sus etapas implica una agresión psicológica y física permanente del animal. Para forzarlos a realizar los más estúpidos trucos imaginados para la entretención, los animales son inducidos al miedo mediante el uso de varas, estacas, látigos, cadenas, collares ajustados, bozales, picanas eléctricas y ganchos puntiagudos. También son drogados.

 

A los chimpancés suelen quitárseles los dientes para que no muerdan. También se les coloca un collar con el que son asfixiados si se niegan a ejecutar un truco. A los elefantes se les corta sus colmillos, se les inmoviliza con grilletes y se les domina con un instrumento de dos puntas que les clavan detrás de las orejas, en el estómago o en los genitales. A los osos suelen colocarles un aro y una cadena para lo cual les perforan la nariz y el labio. A veces, esos instrumentos son incluso utilizados frente al público de manera disimulada. A los animales no les queda más remedio que repetir por miedo los trucos aprendidos, ante la risa y los aplausos del público.

 

La misma naturaleza ambulante del circo convierte la vivienda y el transporte del animal en un problema. Por lo general permanecen amarrados, con un grillete sujetándoles alguna pata, en camiones-jaula minúsculos que apenas les permiten levantarse y dar una vuelta, con mala ventilación, sin luz natural, soportando calor o frío, según la estación, y asfixiándose en el metano de sus propios desperdicios. De hecho, durante los viajes y para “aliviar” esto, muchos circos prefieren no darles mucha agua a los animales, para que orinen menos. No es extraño que más de algún animal muera durante esos viajes.

 

Aunque muchos dueños de circo y entrenadores juran que los animales son parte de su familia y que son bien tratados, hay demasiados casos que demuestran lo contrario. Además, la “relación familiar” termina en el momento en que consideran que un animal está demasiado viejo para seguir en el circo. Muchos suelen ser abandonados a su suerte en las calles. Otros, lisiados por las brutales técnicas de entrenamiento, son sacrificados. A muchos se les vende para ser destazados o para ser soltados en campos de tiro, donde los cazadores los matan y usan sus cadáveres como trofeos.

 

5. Los circos que incluyen números con animales no solo violan casi todos los 14 artículos de la Declaración Universal de los Derechos del Animal, emitida en septiembre de 1977 en Londres por la UNESCO. También son una muestra más del irrespeto por la vida que tenemos los seres humanos. Y no aportan ningún elemento positivo ni mucho menos educativo o cultural para los menores, por lo que no se puede continuar alentando la presentación de espectáculos que utilicen animales.

 

Hay varios circos alrededor del mundo que ya no los utilizan. El más conocido de ellos es, sin duda, el Cirque de Soleil que basa sus espectáculos en habilidades meramente humanas, utilizando luces, vestuarios, música y escenarios cambiantes y sorprendentes, que brindan una entretención realmente sana y sin necesidad de torturar a ningún animal. Algunos países europeos como Suecia, Finlandia, Dinamarca y Noruega han prohibido la entrada o el funcionamiento de circos con animales.

 

6. A inicios de los años ochenta acudí a un circo en Berlín, Alemania, llamado Cirkus Fabrik. La primera parte del espectáculo era lo usual: payasos, malabares, equilibristas, magos. Ninguno de los números incluía animales.

 

La sorpresa fue que, antes del intermedio, los artistas llamaron a niños del público que quisieran aprender alguno de los trucos vistos. Los adultos salieron de la carpa a comer algo y cuando retornaron, la segunda parte del espectáculo fue ejecutado por los niños, que realizaron trucos sencillos de equilibrio, se vistieron de payasos o sacaron flores de un sombrero.

 

¿Qué puede resultar más divertido y educativo para un niño? ¿Ver animales tristes simulando ser humanos y haciendo cosas tontas como saltar a través de aros de fuego? ¿O que se le permita vestir de payaso para hacer malabares o aprender un truco de magia y repetirlo frente al público?

 

7. La de los humanos y los animales es una historia interminable de explotación y abuso. Nos hemos comido a los animales; los hemos matado por placer o por deporte; los hemos asesinado con crueldad para arrancar su piel, sus colmillos, sus aletas, sus testículos, sus órganos, sus huesos, su carne; los hemos usado como transporte o como instrumentos de carga; los hemos hecho trabajar para nosotros hasta, literalmente, morir de agotamiento; los hemos utilizado también como objetos de entretenimiento y los hemos forzado a hacer cosas que un animal jamás haría porque no está en su naturaleza.

 

8. Se llamaba Hilda. Tenía 40 años. Era una elefante del Circo La Unión de México. La noche del 22 de septiembre de 2008, y después de toda una vida soportando maltratos, Hilda se rebeló. Aprovechó la hora de la comida para correr. Derribó un portón de metal para escapar y no hubo manera de detenerla. Corrió durante una hora hasta llegar a la carretera México-Tulpancingo. Allí, el autobús 710, con placas de circulación 788HR8 de transportes Teotihuacán, atropelló a Hilda. Tomás López Durán, el chofer, murió a los pocos minutos. Hilda también murió.

 

Su cuerpo de cinco toneladas quedó tirado en el carril de la extrema derecha de la cinta asfáltica.

 

9. Pienso en esos 60 minutos en que Hilda corrió, entre edificios, carros, luces, ruidos. Quiero creer que en esos 60 minutos, aunque confundida y aturdida por la ciudad, mientras corría desesperada y ansiosa buscando las planicies africanas que nunca vio, mientras tomó conciencia de que el circo quedaba atrás y de que ella era por fin libre, Hilda fue un poquito feliz.

 

blog comments powered by Disqus
Publicidad
 Corre, Hilda, corre - La Prensa Grafica - Noticias de El Salvador

Publicidad