OPINIÓN (Desde allá) Estados Unidos

Antónimo GRADUAL

*Periodista salvadoreña radicada en Washington, D.C.

Cualquiera pensaría que a casi 25 años de la caída del muro de Berlín la antigua discusión sobre socialismo contra capitalismo sería material para los libros de historia.

Según el diccionario Merrian-Webster, uno de los más importantes de la lengua inglesa, estas dos palabras del año fueron las más buscadas a través de su sitio de referencia en la web.

Ese inusitado interés no es otra cosa que el reflejo de una intensa campaña electoral en la derecha más rancia del partido conservador “acusó” al presidente Barack Obama de perseguir una agenda socialista al mejor estilo de la Europa que intenta sobrevivir en medio de una de las peores crisis de su historia.

Las lecciones de la crisis financiera global de 2008 todavía sigue llegando a cuentagotas para Estados Unidos, acostumbrado a la abundancia y al crédito irrestricto. El mantra anticuado de los defensores a ultranza del capital (“Menos gobierno es mejor gobierno”) en el que el Estado no tiene que preocuparse de proveer mucho más que un ambiente próspero para los negocios se sigue enfrentando con una realidad en la que los votantes respondieron con una indiscutible mayoría a la oferta del presidente Barack Obama de mantener un Estado fuerte que esté allí cuando, por ejemplo, el próximo huracán toque tierra, o los desbalances de la bolsa de valores arrastren a la basura los ingresos de toda una vida de la clase media.

En estos momentos, el debate en Washington sobre si el 2% de los estadounidenses más acaudalados debe pagar más impuestos está trayendo mayores desconciertos a un partido Republicano que no consigue todavía salir del asombro de haber perdido la presidencia con un margen tan alto.

Las encuestas diarias demuestran que en este, el país bandera del capitalismo, la gran mayoría de la población cree que eso es de justicia básica. Esa lógica de que si tenés más pagás más fue un anatema que se combatió con tal dureza por 20 años que en Estados Unidos todavía ahora sigue siendo una píldora difícil de digerir. Bajo esa lógica, si con el esfuerzo de mi trabajo gano, digamos $1,000 el Estado me quita mucho más, en algunos casos casi el doble, que si gano esos $1,000 especulando en la bolsa de valores.

La lógica es incentivar a todo el mundo a volverse un inversionista con la ilusión de ganar cada vez más para pagar cada vez menos.

Al mismo tiempo, el Estado protegía a los que ganaban menos

Esa ilusión cayó de manera estrepitosa en 2008 y sus efectos todavía se reflejan en cifras históricas de desempleo y de solicitudes de beneficios sociales, como estampillas de comida o seguro de desempleo.

Así el mantra republicano, que comparten las derechas de casi todo el mundo, que los que ganan más y por ende los mejor protegidos para una crisis, no debe “sufrir” el incremento de impuestos, ya que genera empleos y el crecimiento económico es cada vez más difícil de justificar.

De allí que no es coincidencia que los estadounidenses, viviendo en un país que ha transitado por más de dos siglos por diferentes formas de capitalismo, se avoquen a buscar de nuevo qué significa socialismo.

La definición que encontrarán en el diccionario probablemente no les satisfaga. Está desfasada, tal como está desfasado el capitalismo a ultranza.

El momento requiere abandonar esas definiciones añejas y buscar nuevas fórmulas que incorporen, por sobre todo, una definición que sigue vigente: justicia.