Les escribí a muchos notas aclaratorias, con las que formé un volumen publicado como libro con el nombre de “Cartas a El Salvador” por el Instituto  Salvadoreño de Estudios Políticos (ISEP), una de las varias instituciones que la Fundación Konrad Adenauer financiaba al Partido Demócrata Cristiano.
 
Al llegar aquí, tomé posesión de la dirección ejecutiva del Centro de Investigaciones Tecnológicas y Científicas, (CENITEC), auspiciado por la Konrad y –primicia absoluta en apoyo a una acción política–, la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID), conocida entidad del gobierno norteamericano.
 
Proyecto insignia del centro constituyó la Revista Presencia, aparecida en 1989, de la que fui el primer director y en cuanto a presentación y contenido, nos preciábamos de que era la mejor jamás editada en el país.
 
Sus primeros tres editoriales los escribí yo, a nivel de ensayos, intentando profundizar en las causas y posibles soluciones del enfrentamiento armado.  
 
Desde hace algunos años he tenido la idea de publicarlos juntos. Objetivo con el cual los digité y reproduje en pocas copias, que mostré a cercanos amigos, quienes me alentaron a darles difusión pues, consideraban, tenían valor histórico en tanto recordatorio, especialmente para los jóvenes, de los orígenes y alcances de nuestra guerra civil, que con cierta razón quienes no la conocieron, pero también los que la vivieron, parecieran estar olvidando.
 
Los tengo ya en prensa, lamentablemente con miras solo en la exigua cantidad de 100 ejemplares. Regalados, por selectiva que haga la elección de destinatarios, serían, utilizando otra vez un título de Rómulo Gallegos, “una brizna de paja en el viento”. 
 
Vendidos, temo que corran la mala fortuna de mis relatos amoroso-políticos, “Días de vino y Roma”, que a pesar de estar en la mejor cadena de librerías, La Ceiba, solo se han vendido pocas decenas.
 
Los escritos, sin que haya sido esa su intención, pues solo eran mis ideas del momento, son una defensa sólida y científica, valga la autopropaganda, de la Fuerza Armada y las fuerzas políticas que apoyaron al gobierno de entonces, especialmente, desde luego, quienes simpatizaron, o simpatizan, con el Partido Demócrata Cristiano.
 
A este no puedo pedirle que refuerce el tiraje, porque tiene en proceso una segunda edición de “Cartas a El Salvador”, ya no en la presentación modesta del ISEP, sino de más categoría. ¿Por qué el PDC ha tomado esta iniciativa? Pues porque en funciones de representante diplomático de Duarte, primero como presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno y luego como jefe de Estado constitucional, me “fajé” por él, previendo, con pleno acierto, que su estrategia nos llevaría al pluralismo democrático que disfrutamos.
 
Difícilmente encontraré quien, a estas alturas del partido, desee invertir, aunque serían pocos, poquísimos, centenares de dólares, en la reivindicación del papel de la Fuerza Armada, ya que incluso mientras se jugaba, literalmente, la vida, había un “respeto humano” (frase aplicada por los católicos a quienes se avergüenzan de mostrar su religiosidad en público) en dar la cara por ella.
Para paliar el raquitismo de la edición, resumiré a gotas el contenido de los ensayos en estas páginas, Dios y los propietarios permitiendo.