La polarización, ese mal que nos está minando, nos causa también un grave daltonismo; vemos todo en blanco y negro y además de manera excluyente; pero todos sabemos que no es así, hay grises, rojos, verdes, tricolores, naranjas, etc., y cada uno de ellos tiene algo que decir y que hacer por el país, y creo que en estos momentos optar claramente por la despolarización y la concurrencia de esfuerzos de todos los sectores sociales del país para sacarlo adelante es lo más progresista y políticamente acertado. En lo personal, se me ha definido como un hombre de izquierda, por mi preocupación ante los problemas sociales y económicos que nos afectan; porque he declarado abiertamente que las estructuras actuales no son propicias para construir un país en paz; porque he sido un modesto promotor del diálogo, y porque creo que los salvadoreños nos merecemos un futuro mejor, con valores cristianos, donde nuestros hijos no padezcan los zarpazos de la exclusión social y económica o de la violencia... Esos siguen siendo mis planteamientos. Y sin la ingenuidad de creer ciegamente que el movimiento Unidad es la solución mágica a problemas que atañen a toda la sociedad, me parece que su irrupción en el proceso electoral con vista a las elecciones presidenciales de 2014 nos pone ante la posibilidad de encontrar las soluciones de manera consensuada.

Hasta el momento ni la “derecha tradicional” ni la “izquierda tradicional” han sido capaces de resolver los agudos problemas que nos aquejan, sus gobiernos han sido malos y menos malos. Y dentro de eso, los acontecimientos han mostrado que la administración de Tony Saca, con todo y las deficiencias que se le quieran encontrar, fue por mucho mejor que las anteriores, más preocupada por lo social, con mejor atención a los sectores tradicionalmente marginados... Programas que él implementó, el gobierno de Funes los ha continuado.

Durante su gobierno, Saca tuvo que batallar no solo con los problemas del país, sino también con los intereses de poder dentro del partido que lo llevó a la presidencia. Pero en las nuevas condiciones, el expresidente se presenta como candidato de un movimiento construido con base en la unidad de diferentes corrientes ideológicas y políticas, distintos intereses y variados sectores sociales.

Su programa de gobierno, producto de aquella concurrencia de intereses, renueva la esperanza y abre nuevos cauces para la búsqueda del bien común. Por sí solo, esto es ya un triunfo de los salvadoreños; más que electoral, un triunfo en la consolidación de nuestra democracia, y un paso en firme hacia una sociedad en paz, justa y libre.

Hasta hoy, consciente o inconscientemente, los salvadoreños hemos estado divididos, continuando en lo electoral la guerra de los ochenta, bajo la concepción de que la lucha electoral es la continuación de la guerra por otros medios. Los bandos enfrentados en la guerra han sido los mismos enfrentados en los eventos electorales.

Pero si de verdad queremos construir un nuevo El Salvador, debemos de comprender que eso no lo podrán hacer izquierdas ni derechas aisladas. Solo al romper con la polarización, con seguridad el país podrá encontrar una vía democrática para construir un mejor país... Como cristiano, es lo que espero y estoy seguro podemos lograr.