A pesar de no encontrarse en perfecto estado de salud, Rebecca voló con su encanto y carisma a la ciudad de Los Ángeles, California (Estados Unidos), para comenzar su preparación junto a todas las bellezas del mundo que participarán el 23 de julio en Miss Universo 2006.
Aparte de su equipaje y el ajuar que le confeccionó José Domínguez, Rebecca voló cargada de brío y potencial más que con debilidades. Al menos eso es lo que manifestó el equipo de expertos que estuvo de cerca y su propio padre, Víctor Manuel Iraheta: “Va con más fortalezas. Ella es muy positiva, alegre, entusiasta, lleva todo lo básico, y sobre todo la fe en Dios”.
Uno de sus mejores amigos, René Marenco, secunda la opinión del padre de Rebecca: “Es alegre y siempre con ganas de pasarla bien”.
José Domínguez, su diseñador oficial; Mónica de Samayoa, asesora de etiqueta e imagen; María Eugenia Urrutia, maquillista, y José Escobar, fotógrafo, son los que estuvieron con ella desde un principio, luego se agregó Tony Melara, coreógrafo, parte del equipo de DJ Couture. Todos pronostican buenos resultados.
Proceso
Lo que más la convierte en una mujer llena de fortalezas es su empeño en aprender y de desempeñar un buen papel.
Una de las que más cerca estuvo de ella es Mónica de Samayoa, orientándola desde cómo sonreír, el andar, expresión verbal y corporal, ya que Rebecca no usaba tacón alto, ni tampoco se desplazaba en la pasarela como una “miss”. No en vano, algunas personas han llegado a verla como el “clon” de Samayoa.
José Escobar, el fotógrafo que le ayudó a coquetear ante las cámaras de forma natural dice que sus primeras fotos eran expresiones un poco forzadas, con poses estandarizadas, poco naturales.
El fotógrafo explicó que hace un mes mejoró bastante, lucía suelta y el pánico escénico se esfumó.
“Una de las cosas que más le costó mostrar fue su naturalidad en su sonrisa. Al principio, tenía la manía de levantar la ceja y hacer movimientos con la boca”, dijo.
Ahora ya fluye naturalmente, lo que sin duda atraerá atención.