La cultura alimentaria mundial cada día da nuevos giros; en la actualidad, personas de diversas regiones del planeta están optando por un cambio hacia la llamada “alimentación orgánica”, catalogada como una de las más saludables, especialmente en lo que a frutas y verduras respecta, debido a que durante su proceso de producción ni los suelos, ni sus cosechas fueron expuestos a contaminantes, como pesticidas y otros químicos.
Elena Palomar, una cooperante española que hasta hace poco residió en el país y que hoy vive en Inglaterra, comenta que en ese país “la mayoría de las personas está consumiendo alimentos orgánicos”.
De hecho, diversos estudios han demostrado que el consumidor medio europeo presta cada vez más atención a la garantía ecológica de los productos alimenticios que adquiere, que ya no se trata tanto de una “moda verde”, sino de una preocupación por la salud, ya que no son solo los ciudadanos comunes, sino también las estrellas de la televisión y el celuloide que abiertamente han declarado consumir este tipo de alimentos.
Hasta la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), en uno de sus informes cinco años atrás, lanzó la invitación a fomentar el mercado de los alimentos orgánicos, porque ofrece un potencial significativo para que los países aumenten los ingresos procedentes de la exportación y para que diversifiquen su base agrícola.
Sobre la producción
El ingeniero agrónomo y especialista en agronegocios Miguel Orlando Rivera Bonilla, que labora en la Unidad de Programas Integrales del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), explica que la agricultura orgánica, para combatir las plagas y las enfermedades de los cultivos, utiliza repelentes de productos preparados a base de plantas.
“El abono también proviene de la misma naturaleza, de la descomposición de las hojas, las plantas y el excremento de animales (ganado, conejo, gallinas). No hay ningún producto sintético”, añade.
Rivera detalla que estos elementos se unen y se establece una descomposición natural llamada fermentación, en la cual los elementos dañinos (patógenos) mueren “y quedan solamente los benéficos, con lo que se logra un equilibrio que enriquece al suelo”, explica el profesional.
¿Más beneficiosos?
Muchos profesionales coinciden en afirmar que los nutrientes de un alimento orgánico, comparado con uno de agricultura convencional, no son ni más, ni menos.
La nutricionista clínica María del Carmen Sosa explica que, para el caso, en los vegetales, no hay mayor diferencia de contenido nutricional, “no es así en el caso de los animales, en el que sí puede haber diferencia en el contenido de grasa porque en la producción convencional se les dan hormonas o se les deja poco espacio para movilizarse, por lo que acumulan más grasa, situación que favorece luego el colesterol en los humanos”, ilustra Sosa.
Un estudio elaborado por la Universidad Rutgers, publicado en el Boletín de la Asociación Vida Sana, año 2002, ilustra como ejemplo que un tomate biológico supera con gran ventaja los niveles de calcio, magnesio, potasio, sodio, manganeso, hierro y cobre de un tomate de un cultivo convencional.
“Además de proveerle al consumidor un producto sano y limpio de tóxicos (aunque relativamente con un precio un poco más elevado que un producto de la agricultura convencional), se producirán beneficios en el organismo, ya que se ha determinado científicamente que hay enfermedades causadas por la contaminación con agroquímicos: alergias, asmas, cierto tipo de hepatitis y problemas neurológicos”, asevera Rivera Bonilla.
Los riesgos de los pesticidas
El ingeniero químico Álvaro Iglesias, instructor de la Universidad Centroamericana (UCA), sostiene que los pesticidas aplicados a los cultivos, a largo plazo, pueden ser un factor determinante para el aparecimiento de diversas enfermedades en la población.
“A pesar de que las concentraciones de pesticidas puedan ser bajas, a largo plazo la acumulación puede llegar a tener su incidencia, sobre todo, en casos de cáncer de colon”, indica.
Esta afirmación es respaldada por el médico nutriólogo Manuel Novoa, del Hospital de Oncología del ISSS: “Estamos de acuerdo con que algunos pesticidas pueden causar cáncer, y se habla también mucho sobre las hormonas, que, aunque no está comprobado, es causa de obesidad infantil y desarrollo precoz infantil en las niñas en el país”.
En un estudio elaborado en 1985 en los Estados Unidos, en 3 mil personas, los investigadores encontraron niveles detectables de uno o más pesticidas en 99% de las muestras de sangre tomadas a cada uno de los sujetos del estudio y la concentración de estos químicos fue 300% mayor en el tejido graso (lo anterior, según Complimentary Medicine, vol. 2, n.º 1, 1986; pág. 5).
“El uso de fertilizantes no es tan malo, siempre y cuando sean los adecuados y las dosis adecuadas. Sin embargo, muchos pesticidas contienen DDT, una sustancia altamente cancerígena que perjudica o altera los alimentos”, destaca Iglesias.
Controles y garantías
Garantizarle a los consumidores un producto con la viñeta “orgánico” le lleva, en un principio, mucho tiempo a los productores, debido a que existen certificadoras internacionales que desarrollan estudios y análisis de suelos y de los productos para verificar sí efectivamente se ha cumplido con las normativas y técnicas aprobadas a escala mundial. Es decir, que no cualquiera puede ofrecer un producto que se autodetermine “orgánico” simplemente porque crea que su suelo está descontaminado.
En el país, según datos del MAG, lo que más se produce es café orgánico, que se cultiva en alrededor de 4 mil manzanas de tierra (y cuyo producción total tiene como mercados especialmente a países de Europa) gracias a algunas cooperativas y productores individuales.
Varias de las empresas dedicadas en el país a la producción de alimentos orgánicos se encuentran en la etapa de “transición”: las certificadoras les dan un plazo que oscila entre los tres y los cinco años, tiempo en el que un suelo podría llegar a descontaminarse y ser declarado suelo orgánico. Las certificadoras de orgánicos (algunas de ellas, estadounidenses y alemanas) son auditadas y vigiladas por el MAG.
Cambio de mentalidad
En El Salvador, algunos sectores de la población están haciendo cambios hacia la alimentación orgánica, esto según la nutricionista María del Carmen Sosa. “Podríamos decir que son los grupos con mayor nivel educativo o los más informados de los riegos de los alimentos expuestos a pesticidas.”
“La orgánica es la alimentación del futuro, si se hacen esfuerzos mundiales y se impulsa que se sustituyan los productos nocivos de la salud. Así se podría dar más seguridad alimentaria”, apunta.
“La agricultura orgánica rompe paradigmas. Aunque el producto orgánico es un poco más caro que el convencional, los beneficios son que la gente ya no se enfermará tanto”, concluye Rivera.