Rubén I. Zamora, Exembajador en Estados Unidos y ONU
Opinión

Carta abierta al Sr. presidente de la República

Sr. Presidente Sánchez Cerén:

Con mucha tristeza y preocupación he leído sus declaraciones en La Habana sobre la situación que el pueblo hermano de Nicaragua está pasando y en las que expresa su apoyo a Daniel Ortega y su régimen.

Me he sentido muy defraudado, pues por décadas, antes y durante la guerra, la defensa de los derechos humanos fue una de nuestras tareas principales; cuando las fuerzas armadas y la policía los violaban sistemáticamente, supimos levantar nuestra voz y luchar por su respeto; en aquel momento a muchos de nuestros compañeros y amigos esto les costó cárcel, torturas e incluso la misma vida, pero siempre creímos que luchar por el respeto a la voluntad del pueblo y a su integridad valía la pena el sacrificio; escucharlo ahora defendiendo al régimen de Ortega que día a día y en forma creciente está pisoteando por lo que durante tantos años luchamos me entristece, sobre todo cuando lo escucho de su boca como presidente de la República. Sepa, señor presidente, que, al declarar su apoyo incondicional a Ortega, Ud. no está hablando por la mayoría del pueblo salvadoreño, sino para mantener intereses materiales y políticos mezquinos de un grupo que depende de que Ortega siga en el poder.

No puedo entender su posición cuando para todo el mundo está claro que Ortega y Murillo se aferran al poder frente a un pueblo que les está pidiendo se vayan; hablan de paz, pero es claro que sus acciones buscan no un acuerdo político, sino que los salve el cansancio de los ciudadanos y que se rindan para lograr la paz de los muertos. Ud., por su propia experiencia, sabe que el pueblo, cuando se rebela, es muy difícil calmarlo con palabras y mucho menos cuando, semana tras semana, el número de asesinados por la policía y las bandas paramilitares Orteguistas lo masacran: esta es la experiencia que Ud., junto con miles de salvadoreños, vivimos y que nos permitió unos Acuerdos de Paz dignos, tuvimos confianza y lo logramos; la esperanza en la paz de los cementerios lo único que logra es aumentar la responsabilidad criminal de los gobernantes.

Es muy difícil aceptar, Sr. presidente, que por un lado Ud. se declara en favor de Ortega y al mismo tiempo, su embajador ante la OEA se abstiene de votar a favor o en contra de una resolución censurando a Ortega,... ¿es falta de coordinación entre San Salvador y Washington?, ¿o fue simplemente evitar ser el tercer voto en contra de una resolución aprobada por 21 países aunque esto hubiera sido coherente con lo que Ud. dijo en La Habana?

Es muy difícil aceptar, Sr. presidente, que, en medio de esta crisis, no se dimensione su impacto a nuestra región, especialmente, cuando todos los gobiernos de la región votaron a favor de la condena y solo nosotros nos abstuvimos. La crisis en Nicaragua está afectando seriamente a todos los países hermanos y no es con apoyos internacionales a Ortega que se resolverá, al contrario, esos apoyos, lo único que consiguen es hacer a su gobierno cómplice de los abusos que Ortega e impedir que nuestro país pudiera jugar un papel positivo en la solución del conflicto. Lo que en Nicaragua se necesita es una salida política a una situación en la que el gobierno ha perdido el control de la mayor parte de su territorio y que solo puede parcialmente recobrarlo a base de sangre y fuego, y que, al no contar con sus fuerzas armadas, que se han retirado del conflicto argumentando que su deber es proteger a la población y no reprimirla, recurre al paramilitarismo, que es internacionalmente condenado por ilegal y bárbaro.

Finalmente, Sr. presidente, estamos frente a un proceso electoral interno, que la situación de su partido no es la más fácil, después de la derrota de hace unos meses y ante un elección que se avecina; si alguien debería levantar su voz es el candidato a la presidencia, pero está claro que después de las desafortunadas declaraciones, primero del secretario general del partido en el gobierno y ahora de sus declaraciones, lo único que le queda al candidato es o desautorizarlo o callar y estas son opciones no ganadoras para ningún candidato. Lo que muchos nos preguntamos es si la posición que Ud. y el secretario del partido han adoptado, se produce por adherirse a una solidaridad con quien fue su aliado en la lucha por la democracia, la cual me parece mal entendida, pues esta nunca puede ser excusa para encubrir crímenes como el que los Ortega Murillo están cometiendo contra su pueblo ni puede anteponerse a principios tan fundamentales como el respeto a los Derechos Humanos o si lo es por mantener arreglos previos con los Ortega.

Créame, Sr. presidente, he pensado mucho antes de escribir estas letras y párrafo tras párrafo me ha costado mucho lograrlo, por el respeto que le tengo y la consideración que Ud. siempre me ha otorgado; sin embargo, está la conciencia del deber de luchar, como lo hicimos por muchos años, por el respeto a la vida humana.

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