La Prensa Gráfica
Opinión

No se puede permitir que las inseguridades de todo tipo sigan impidiendo el sano avance de nuestro proceso

El clima de negocios es uno de los más afectados, y más específicamente también lo es la inversión productiva que es motor de prosperidad, respecto de la cual nos mantenemos penosamente a la zaga en el vecindario centroamericano.

El Salvador se viene convirtiendo desde hace mucho tiempo en una especie de foco de inseguridades, que generan incertidumbres y quebrantos de la más variada índole. Esto es tan común en nuestro día a día que ya la población en general, en sus distintos estratos y niveles, actúa como si no hubiera forma de salir del estado de cosas imperante. Esa sensación convertida en convicción es un factor de gran poder erosivo, que va distorsionando de manera creciente todas las iniciativas que se emprenden y todos los proyectos que se ponen en práctica. A partir de esta realidad, los salvadoreños tenemos que recuperar nuestra dinámica verdaderamente constructiva, emprendiendo las remodelaciones y los reordenamientos que sean necesarios para que podamos ir por el rumbo correcto.

Como subraya FUSADES en su reciente informe de coyuntura correspondiente al primer semestre del año en curso, la inseguridad continúa siendo un problema de altísima incidencia negativa en todo el quehacer nacional, y dicha inseguridad tiene sin duda variadas expresiones y efectos, todos los cuales son obstáculos y escollos en la vía del crecimiento y del progreso. El clima de negocios es uno de los más afectados, y más específicamente también lo es la inversión productiva que es motor de prosperidad, respecto de la cual nos mantenemos penosamente a la zaga en el vecindario centroamericano.

Otra forma de inseguridad, muy dañina por cierto, es la que resulta de la falta de consistencia en el desenvolvimiento institucional, que se refleja en la continuidad de fenómenos depredadores como la corrupción y el debilitamiento funcional del Estado de Derecho. El panorama, entonces, se va complicando en forma progresiva en tanto no se activen estrategias correctoras y reconstructoras que sean capaces de implantar una nueva forma de funcionamiento.

La inseguridad tiene como una de sus derivaciones más adversas el incremento de la incertidumbre, que también se halla presente como elemento deteriorante al máximo de todo el accionar nacional. La falta de certidumbre va enlazada con el aún insuficiente desempeño de la transparencia, que si bien va mejorando por el saludable impacto que resulta de la creciente vigilancia ciudadana al respecto, aún no alcanza los niveles suficientes para propiciar confianza.

Las tareas por hacer en todos estos campos, y en otros que les son complementarios o afines, representan un consolidado de compromisos que no sólo se han vuelto insoslayables sino que adquieren cada día más urgencia. Ganar seguridad es hoy imperativo de convivencia y responsabilidad de progreso. Sin que ello se dé no saldremos de ninguno de nuestros atolladeros.

Queremos reiterar el llamado a todas las fuerzas vivas de la nación para que se involucren de lleno y a fondo en todo este quehacer reparador, dejando a un lado diferencias y potenciando la colaboración eficiente. Es lo que la ciudadanía viene reclamando por todos los medios a su alcance, y al no recibir las debidas respuestas se atrinchera en una frustración que al final de cuentas viene a ser la más peligrosa consejera. Tengámoslo presente.

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