Carlos Alfaro Rivas - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
Opinión

¿Qué tan limpio tenés tu corazón?

Advierte el papa Francisco: "Cualquier persona que tenga demasiado apego por las cosas materiales, a quien le gusta el dinero, los banquetes exuberantes, las mansiones suntuosas, los trajes refinados, los autos de lujo, que por favor no se meta en política" y agrega con un imán de sonrisa: "Ni en el seminario". Buena onda el Papa.

Qué lástima que el protagonista de este triste cuento, en política se metió. Antes del pisto, era campechano, simpático, bien salvadoreño. Al final de los noventa, cerca del Día de Reyes me invitaba a almorzar al Bodegón para terminar de afianzar el contrato anual de pauta de TACA en sus radios. "Qué tal te trata el año nuevo, Tony". "Por aquí, siempre empujando la carreta, Carlitos".

Todo cambió cuando Tony Saca dejó de empujar la carreta en sus radios, y se dedicó a empujar millones a sus cuentas, y a las de sus compinches. En vez de invitarme al Bodegón, para Navidad de 2004, mandó a casa una vajilla para 18 comensales, de esas que le encantaban a las abuelitas del siglo pasado. Eso no es nada, a un chero le deslizó, en la pista de baile la noche de su boda, un cheque de $20 mil.

Eso no es nada. De su casa clase media, a la vuelta de la mía, pasó a 35 propiedades, la joya de la corona, una mansión suntuosa, de mal gusto, y 8 millones, en la cúspide de la capital. De su 4 Runner algo troteadita, pasó a 45 naves de revista. De sus 7 radios, pasó a 35; todo esto, y más, cortesía del pueblo salvadoreño. "El que nunca ha tenido y llega a tener, loco se puede volver", recuerda la lorita Pepita.

El non grato Funesto, Lula y Cristina, otros políticos que también se volvieron locos culpa del nocivo apego a las cosas materiales. El cobarde funesto, jugando escondelero con la justicia; Lula en el bote, igual que Saca, por la misma mano peluda. Cristina, en la línea fina ente la bendita libertad y el infierno de la prisión; la última prueba, sus cuadernos de corrupción.

De plano que se volvieron locos, todos maquinando un podrido mecanismo, de cientos de personas. En la maraña Saca-Funes, miles de corazones sucios, según la embajadora gringa.

En el caso de Brasil y Argentina, la locura es extrema. El día de mi cumpleaños (15 de agosto), Lula, desde la cárcel, se inscribió como candidato para presidente en las elecciones de octubre próximo. De la misma forma, Cristina tiene toda la intención de regresar a la Casa Rosada el próximo año.

Cosas tan insólitas suceden en la tierra Cuscatleca, que no sería raro si Tony sigue los pasos de su modelo brasileño, y de la dama sucia argentina, y nos vuelve a prometer un "gobierno con sentido humano" en las elecciones de 2024, bajo una apestosa bandera antes naranja ahora celeste. "Señor líbranos del mal", reza la lorita.

El mal merece cadena perpetua, en Mariona, no en su casa; no más banquetes exuberantes, mansiones suntuosas, trajes refinados, autos de lujo... Si hubiese escuchado al Papa, nuestro expresidente usuluteco seguiría siendo campechano, simpático, bien salvadoreño; durmiendo tranquilo, con el corazón limpio, en su casa de clase media; empujando la carreta de sus radios.

Pero no; el pecador cayó en tentación, y todo indica que la falta de garras de nuestro sistema será la llave con que, mucho antes de lo merecido, Tony Saca abrirá la puerta de su celda para seguir disfrutando su millonario apego por las cosas materiales, cortesía del pueblo salvadoreño.

Pero el que peca, si no paga aquí, pagará en el más allá. Garras le sobran a la justicia divina, quien no se fija en nuestras casas, carros, empresas exitosas; en lo que comimos y bebimos, en el número de estrellas en las que dormimos; en los Ferrari que estrellamos.

Lo único en lo que el cielo se fija es en qué tan limpio tenemos nuestro corazón.

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