José A. Retana
Opinión

Reflexiones para luego soldar todas las piezas

Nuestro diario vivir en la faceta que escudriñemos mostrará las dificultades para conseguir una convivencia verdaderamente armoniosa. Esta condición es normal; así, en cualquier tipo de agrupación que participemos, manifestamos nuestras inconformidades como prueba de las diferencias que por naturaleza existen entre cada uno de nosotros.

Las cualidades individuales nos dan la identidad; la forma de desarrollarlas el carácter; la razón, la facultad de comprender; y la imaginación la posibilidad de idear soluciones. Convencernos de nuestra desigualdad y aprovechar las diferencias es imperativo para lograr entendimientos...

Es difícil aceptar que existe la incapacidad de comprender y la falta de carácter para darnos cuenta de que no somos iguales. Probablemente nos falta educación y valores, pero no es razón para aceptar la intolerancia y el egoísmo como características que nos representan en el diario vivir.

Los salvadoreños necesitamos explotar las diferencias y encontrar en estas, la clave para no seguir haciendo lo mismo... La apatía de la población hacia la clase política debería provocar una profunda reflexión dispersando los mitos ideológicos que conducen a posiciones dogmáticas, permitiendo la evolución intelectual, liberando la creatividad ante cualquier idea de cambio que vulnere lo establecido.

El temor a la innovación produce reaccionarios que llevando la contraria a lo que va surgiendo se vuelven antidemocráticos, intolerantes y promotores de la separación. Los partidos políticos democráticos se debilitan si en sus entrañas se bloquea la posibilidad a disentir. Para los partidos liberales estas reflexiones deberían ser "pan comido", sin distraerse creando hombres fuertes antes de construir instituciones fuertes.

Negar nuestra naturaleza política es imposible, la demostramos con la más simple opinión. Si bien es una actividad fascinante, es una realidad que ha sido denigrada, utilizándola como trinchera de delincuentes y como canal de ascenso social seguro, razón por la cual las manifestaciones de rechazo o apatía son comprensibles y peligrosas, al permitir que las decisiones electorales las tomen unos pocos.

Alentar a la derecha para educarnos sobre la necesidad de unir todas nuestras fuerzas, aprovechando el carácter, la razón y la imaginación de todos, es aún posible.

La oportunidad es grande, pero es contradictorio que ARENA con todo su capital político haya logrado unir a los partidos de derecha y sus fuerzas organizacionales, sin antes sanear el recelo interno y buscar ese vínculo que lo convierta en una fuerza atractiva, capaz de construir en el interior una unidad cohesionada y monolítica, en donde la pluralidad de actores interaccionen sin tensión ni conflicto, con flexibilidad para aceptar la existencia de tendencias o fracciones, como unidades organizadas y coherentes con garantías de estabilidad.

Pareciera estamos ante un débil control de las dinámicas de desagregación fraccional, y el empeño en responsabilizar al otro, sin llegar a soluciones...

En política, el plano geométrico es infinito, especialmente a la derecha, en donde existe un punto de ubicación para todos, sin peligro a perder la orientación. Es claro que el espacio de la izquierda es limitado y saturado por su naturaleza dogmática; que las nuevas alternativas basadas en estrategias religiosas de idolatría mesiánica y profética no logran su ubicación dentro del plano geométrico; sin embargo, ambas son las fuerzas a vencer, objetivo sencillo si los liberales comprenden la necesidad de soldar todas sus piezas.

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