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Opinión

Se habla cada vez más de idoneidad, pero sin entrar en serio a lo que eso significa en los hechos concretos

Y es que la idoneidad más que una cuestión de currículum es un tema de demostración de habilidades confiables para conducirse en la realidad. Y entonces el punto de la capacidad de razonabilidad al enfrentar los hechos se vuelve vital.

El año 2018, que lleva ya recorrida más de la mitad de su trayecto, ha sido y continúa siendo un año electoral en varios sentidos. La dificultosa elección de los 5 Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, con sus 5 suplentes, para llenar las plazas que corresponden en la Corte y muy especial en la Sala de lo Constitucional de la misma, ha constituido una prueba en múltiples aspectos y sentidos, como nunca antes; en lo que corresponde a lo legislativo, la elección de diputados del 4 de marzo pasado dejó lecciones muy representativas del nuevo accionar político que se vive en el país; y desde hace varios meses la campaña presidencial que tendrá su desenlace el próximo 3 de febrero presenta diversas novedades en el día a día, sobre todo en lo que toca a las ansiedades partidarias y a las expectativas ciudadanas.

El tema de la idoneidad comprobable de los que lleguen a ocupar las posiciones respectivas en el aparato estatal se ha vuelto un punto de discusión, pero más en los ámbitos de la opinión ciudadana que en los terrenos institucionales donde se deben tomar las decisiones sobre personas en concreto; y en el plano de las organizaciones partidarias, lo que continúa prevaleciendo es el juego de los llamados contubernios, es decir, de los arreglos movidos por intereses encubiertos o por propósitos no confesables. Toda esta maraña, que se extiende por los distintos espacios institucionales que le son accesibles, hace que el aparato público en su conjunto esté cada vez más rodeado de desconfianza, como lo muestra la percepción ciudadana en todas las vías que tiene a su alcance.

Y es que la idoneidad más que una cuestión de currículum es un tema de demostración de habilidades confiables para conducirse en la realidad. Y entonces el punto de la capacidad de razonabilidad al enfrentar los hechos se vuelve vital. Tenemos, como ejemplo, lo que pasó con el desempeño de la Sala de lo Constitucional que estuvo en funciones desde 2009 hasta el 2018: el trabajo de dicha sala, y en particular de los 4 Magistrados que asumieron en 2009, se impulsó de manera espontánea porque dichos 4 Magistrados lograron crear una armonía que nadie planificó, sino que surgió de las convicciones convergentes. Eso es lo que habría que anticipar, en la medida de lo posible, no sólo en esa área sino en todos los campos de la gestión gubernamental: que lleguen personas con voluntad de independencia y con propósito de integración.

Ya no debería haber duda sobre el hecho de que la experiencia es, en todo caso, la mejor escuela del desempeño. Y los salvadoreños venimos acumulando una gran cantidad de experiencia a lo largo de esta fase democratizadora, que nos deja constantes lecciones de todo tipo. Reconocer y asimilar dichas lecciones es el mejor insumo del que podemos disponer para que el proceso del país continúe avanzando con el menor número de obstáculos que sea posible.

Hoy tenemos sobre la mesa todo un despliegue de retos y de oportunidades de naturaleza política, y por ende el momento resulta especialmente propicio para hacer valer la racionalidad y el buen sentido.

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