La mejor referencia para comer

Elegir los alimentos adecuados es tan crucial como controlar las cantidades. La palma de la mano es una ayuda ideal para medir las porciones correctas, de acuerdo con un especialista.
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El especialista en endocrinología, nutrición y medicina deportiva Antonio Escribano recopila en el libro “Aprende a comer y a controlar tu peso” las pautas para lograr el equilibrio entre los ingresos y los gastos en el organismo que el cuerpo conforma siguiendo una estrategia que pasa por una alimentación donde las buenas inversiones abunden y destaquen en bienestar del cuerpo.

El especialista ha desarrollado una carrera que auna nutrición y deporte y es miembro de la Comisión de Nutrición y Hábitos Saludables del Comité Olímpico Español y ha coordinado el área de nutrición en más de 20 equipos de fútbol en España y Europa.

Una alimentación sana tiene tres aspectos fundamentales: lo que se come, en qué cantidad y cómo se come, es decir, los hábitos. Si se añade una cuarta extremidad en referencia a la actividad física, se “tendrán las cuatro patas básicas de la alimentación”.

Escribano propone una sencilla regla llamada “referencia visual” que sumada al sentido común permite tener una idea de las cantidades de comida que se consumen sin obsesionarse. Con este método no hay que pesar cada alimento de manera minuciosa sino tener las palmas de las manos como referencia.

El tamaño de la palma de la mano, dedos incluidos, es la referencia a tener en cuenta para carnes y pescados, según el especialista.

Los platos de cuchara como los guisos de carne o pescado deben estar alineados en la palma de la mano, así como las legumbres, pastas y papas sin exceder la extensión de la palma, ni tampoco de forma vertical.

Saber escoger entre la desbordante oferta de alimentos disponibles no es tarea fácil, apuntó Escribano, quien advirtió que hoy en día esto, que debería ser una ventaja, se ha convertido en un gran inconveniente.

Todos los sentidos tienen una misión defensiva y otra placentera en el ser humano. Con la comida pasa igual pero ningún sentido tiene una trascendencia, comer mucho es un esfuerzo digestivo que tiene sus consecuencias porque el organismo lo pasa mal, por ello “hay que dosificar lo que supone un placer para el gusto”, concluyó Escribano.

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