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La visión de los Acuerdos de Paz más allá del cese y desmontaje del conflicto tiene una valoración positiva desde la perspectiva histórica, a pesar de que no se ha alcanzado realmente la esperada transformación del Estado salvadoreño por el desperdicio de oportunidades históricas en los pasados cinco lustros; es obvio que se debe forjar una nueva institucionalidad, las abundantes involuciones a la vista así lo demandan.
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 Las expectativas del momento eran halagadoras cuando la esperanza estuvo ardiente de optimismo para avanzar hacia cambios más profundos, pero los anhelos se han ido desmoronando al observar que ni siquiera se ha logrado la reunificación de la sociedad salvadoreña, a cambio tenemos una población fraccionada porque hay causas de fondo por ahí, todavía. La paz se hace no se pregona. Sin embargo, es un proyecto que nos concierne a todos y debemos contribuir sin esperar que todo emane del Gobierno, aunque la semántica del término paz no se acomode a las circunstancias actuales. Y es que los aspavientos negativos abundan porque las nuevas generaciones desconocen el proceso de un antes; logros los hay, pero no deben cegar a nadie, el país debe continuar sin tregua con los retos irresueltos que hoy son demandas de los tiempos vigentes y no se debe callar lo que no está bien. Hubo omisiones de origen cruciales en el documento, como el tema del modelo económico, se creó un foro que más temprano que tarde dejó de funcionar. Por otra parte, es bien cierto que la alternancia democrática en el poder es efecto de aquel pliego, pero nos mantiene aprisionados una clase política con un déficit de entendimiento que sobrepone intereses ideológicos a los de país y eso es un óbice aún para la paz y la democracia. En el fondo continuamos como sociedad confinados entre dos fuerzas poco amigables como antes de la rúbrica, solo que la libertad de expresión, ganancia del mismo documento, permite el libre juego de ideas que nunca existió, eso es bueno aunque dificulte lograr acuerdos, pero en resumen hay que ver logros y desafíos con emociones calibradas. No se debe negar que las élites político-económicas no han sabido aprovechar el legado de aquel memorial que permitió la creación de nuevas instituciones y que tienen una deuda con las transformaciones económicas acorde a los tiempos, justicia para las víctimas del conflicto, impunidad de las masacres y, por supuesto, la reunificación de la sociedad salvadoreña.







Tema obligado
Como tema obligado es el comentar en esta fecha sobre los Acuerdos de Paz en nuestro país. La periodista Valeria Guzmán muestra entrevistas con personajes que fueron parte del proceso y ahora son testigos que dan fe de lo que en su momento se vivió para lograr detener el conflicto armado; en el que algunos que estaban en el estamento militar obtuvieron ganancias y otros hasta después de los Acuerdos de Paz es que han logrado acumular capital. “En río revuelto, ganancia de pescadores”, pero quien sufre y paga todo es el pueblo, al que utilizan para dividirlo y lograr conflictos. En un principio los Acuerdos de Paz  fueron aceptados por ambos bandos para poner fin a una guerra fratricida impulsada y financiada por otros países y que era necesario detener por el número de muertos civiles y militares. En ese entonces era un paradigma que se mostraba al mundo para la solución de un conflicto por la vía del diálogo y las negociaciones, debido a que hubo décadas de dictaduras, represión, fraudes electorales, usurpación de tierras a los campesinos y pueblos indígenas, la pobreza, restricción de acceso a los servicios básicos y la desigual distribución de la riqueza. Sin embargo, en el papel todo lo plasmado se ve bonito, mientras la realidad es otra, ya que existen logros que están pendientes de cumplirse como la transformación económica, aunque para algunos sí la hay. Más que todo los que ocupan cargos públicos en el actual gobierno. De continuar así, no basta con lo firmado, ya que las armas solo cambiaron de bando y hoy sufrimos una violencia imparable, a menos que se presenten propuestas para el buen entendimiento. Como muestra están las distintas violencias que estamos viviendo y debemos anticiparnos para superar el narcotráfico y corrupción enquistados en el aparato estatal que nos afecta a todos. Concluyo que es importante exigir el cumplimiento total de los Acuerdos de Paz, y con eso contribuimos para alejar incertidumbres y generar esa cultura de paz que hemos perdido.






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