Cultura Historias sin Cuento

ESTACIONES DE PASO HACIA LA AURORA PRÓXIMA

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David Escobar Galindo

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EN LA CASITA DEL GUARDIÁN

Era la época del año en la que menudeaban las tormentas torrenciales, y por ello la vulnerabilidad de las viviendas, el ahogo de los caminos vecinales y el desborde de las tuberías que conducían el agua llovida en las colonias de clase media hacia abajo ponían en extremo peligro a los habitantes respectivos. Y a eso había que agregar las dificultades del transporte público, que afortunadamente ellos no utilizaban, porque eran jóvenes motorizados que hoy disponían de sus propios vehículos.

Siendo así las cosas, era de rigor preguntarse: ¿Y qué andaban haciendo ellos por ahí, si además se trataba de una zona por donde circulaban con frecuencia miembros de maras? Él y ella iban esa tarde en el carrito de él, y no porque fuera más seguro, sino porque a ella la angustiaba andar sola por ahí, sobre todo al ser mujer que llamaba la atención al instante.

--Estamos por llegar. ¿Traés lo que te dije?

--Aquí está, mirá. Olvidadiza no soy; estoy segura de que conte bien los billetes.

Llegaron y se detuvieron ante la puerta. Era la caseta de vigilancia. El guardián ya estaba ahí. Él le dio los billetes envueltos en una hoja de papel. Y se fueron sin más.

¿Qué era aquello? Shhhh, vamos a decirlo, pero ¡chitón boca, como siempre! Era el pase para que aquella pareja de muchachitos "inocentes" pudiera hacer sus fechorías contra la gente del lugar sin ser molestados por la autoridad...

TAN SÓLO LAS HORMIGAS RECONOCEN EL RUMBO

Quería ser político en acción, y más hoy cuando los jóvenes estaban ganando terreno en ese campo. Una noche, en la mesa, se lo dijo a sus padres, y ellos lo miraron con desconcierto y con sorpresa a la vez:

--¿Pero qué es eso, muchacho? La política es para gente que no tiene oficio ni beneficio, y tú estás estudiando una carrera tecnológica, que te llevará muy lejos. ¿Alguien te metió esa idea descabellada?

Silencio. En verdad no sabía el origen de aquella inquietud. Y mientras lo pensaba se detuvo a observar un hilo de hormigas que ascendía por el muro inmediato.

--¡Pues sí, esas hormigas que van para arriba me lo indicaron!

--¡Vaya! Y para colmo, poeta…

--Es que ellas siempre saben lo que hacen: vienen de un agujero en la tierra y van hacia las alturas sin perder el rumbo. ¿Cómo le podemos llamar a eso? Pues lo que es: sabiduría natural. Es lo que yo quiero poner en acción dentro de mí y fuera de mí… ¿Por qué les cuesta tanto entenderlo?

Ellos se quedaron observándolo, mientras él se acercaba al hilo de hormigas que se desplazaba hacia arriba por la pétrea superficie del muro.

--¿Entendieron la lógica de este proceso? Y si no la entendieron quiere decir que las hormigas están de veras muy por encima de todos nosotros, enseñándonos cómo hay que transitar las veredas del tiempo…

NO LO OLVIDEN: ES TIEMPO DE RETOÑOS

Todo indicaba que la época de las pruebas extremas había arribado caudalosamente a las vidas de aquel grupo familiar, sin hacer distingos. Cada uno de ellos –jóvenes o mayores, incluyendo algunos ancianos y unos cuantos niños— tenía ante sí alguna prueba de gran calado. Y aquí vamos a enfocarnos en la suerte de los menores, entre los que estaba Juanito, el pizpireto, que hasta hacía muy poco parecía un insecto incansable y que ahora vivía recluido en su desconocida identidad.

El año escolar se hallaba a punto de concluir, y eso coincidía, como todos los años, con el avance entusiasta del verano. Juanito, que antes era correteador por excelencia, tendía hoy a observarlo desde una ventana invisible. En ésas estaba cuando se le acercó Sirena, una de sus primas, exactamente de su edad:

--Juany, ¿de dónde te ha salido ese nuevo gusto por estar callado?

--No sé. Si por mí fuera, bien me iría a la playa, a revolcarme en la arena…

--¿Y por qué no lo hacés? Tus papás estoy segura de que te llevarían con todo gusto.

--Y por eso no les digo nada, porque yo quiero estar solo, sintiendo que crezco.

--¡Ah, pues entonces vamos nosotros dos, sin decirle nada a nadie!

--Es que somos todavía unos niños, y ellos van a asustarse si nos vamos solos…

--Juanito, pero estamos creciendo, y tenemos que empezar a ser libres. El mar nos espera. El mar de la vida. ¡Qué gana de jugar con la espuma! ¡Vámonos ya!

ESA CARTA QUE VINO A QUEDARSE

Maricruz aguardaba con creciente inquietud e impaciencia algún mensaje de Ramiro, que se había ido unas semanas antes rumbo al Norte, sin papeles ni referencias, en el afán de hallar mejores oportunidades de trabajo, que le permitieran lograr que el futuro de él y de su familia tuviera otros colores.

Pero los días pasaban y nada, como si se lo hubieran tragado los múltiples peligros del tránsito, no sólo en la frontera entre México y Estados Unidos, sino a lo largo de la travesía cada vez más insegura, o si la Migra lo hubiera envuelto en sus implacables redes. Y como ella no tenía dónde o a quién preguntarle, aquí y allá, lo único que le quedaba era quedarse con la barbilla apoyada en las manos sudorosas.

Aún no tenían hijos, y las familias, tanto la de él como la de ella, no parecían ponerle atención a aquel silencio. Sólo Maricruz se hallaba en ascuas, como si todo aquello fuera el augurio de una pérdida mayor.

Así las cosas, se sintió íntimamente necesitada de ir a buscar algún alivio esclarecedor, y lo que se le ocurrió fue ir a consultar con aquella joven que leía las cartas. Fue una tarde lluviosa, y en el cuartito donde atendía estaba cayendo una gotera.

--Él no va a volver. No sigas esperando. Tal vez recibas una carta. No la leas.

Y justo al día siguiente la recibió. Lo hizo con un extraño efluvio de esperanza, y no tuvo el valor de abrirla. Ahí la dejó, sobre la mesa. Muchos días después el desconocido apareció con la carta en la mano:

--¿Qué hacías con mi testamento? Lo vas a usar mañana mismo.

CUANDO EL SUEÑO SE VIVE YA NO EXISTE

Lo que más les gustó desde el principio de su relación ahora formal era sentarse todas las tardes en la pequeña terraza de su primera vivienda propia. Se trataba de un pequeñísimo espacio en uno de los pisos más elevados del edificio, que era uno de los que hoy se estilan, sobre todo entre los jóvenes.

En uno de esos momentos, él le preguntó a ella:

--¿Qué te parecen los cambios extravangantes de la luz vistos desde aquí?

--Pues no les veo nada de nuevo. Son los mismos de siempre.

Él se quedó pensativo porque no esperaba esa respuesta viniendo de ella, que era creativa por excelencia. Y entonces le preguntó:

--¿Ya los habías visto desde esta altura?

--Bueno, desde una altura mayor, que es la de la imaginación. ¿Te extraña?

--Pues no sé, tendría que probarlo en los hechos…

--¿Cómo?

--Yendo hasta las profundidades del fenómeno.

--¿Y eso qué significa?

--¿Lo intentamos? –indagó él, incorporándose y llegando hasta la baranda.

Ella lo acompañó y ambos subieron con un solo impulso hasta el borde metálico. Saltaron desde ahí y se perdieron de inmediato. En ese justo instante llegó la noche de repente.

EL PRIMER MISTERIO POR DESCIFRAR

--Acabo de llegar a este vecindario, y alguien que conocí al nomás entrar me indicó que viniera a visitarlo. Me dijo que usted era el mejor conocedor de los misterios de esta zona… Por eso estoy aquí.

--¿Misterios? ¿Y eso qué quiere decir? Yo simplemente soy un reparador de muebles arruinados… Eso es lo único que sé hacer. Pero si quiere preguntarme algo, hágalo, y veré si puedo responderle.

--Bueno pues yo en verdad no tengo nada que me inquiete o que me incomode en este breve tiempo que llevo aquí. Simplemente es una curiosidad general, al menos por ahora. Pero en todo caso, le agradezco su atención. ¿Dónde vive usted, perdone?

--Ahí donde está aquella puertecita de color azul, enfrente de ese árbol que está despojado de hojas, quizás porque estamos en época veraniega.

--¿Se refiere a esa puerta y a ese árbol que están a la izquierda sobre esta misma calle?

--Sí, justamente a esos. Tengo muchos años de vivir ahí.

--¿Y vive solo?

--Sí, completamente solo. ¿Le extraña?

El que indagaba se quedó en silencio, pensando para sus adentros: "¿Cómo es esto si quien vive ahí desde siempre soy yo?" Y ese pensamiento, convertido en una ráfaga de hojas secas, los envolvió a ambos de repente. Ahí estaba, pues, el primer misterio por descifrar.

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