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VERDADES QUE RESPIRAN A LA INTEMPERIE

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Historias sin Cuento

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LOS DÍAS SE JUNTAN Y HACEN GUARDIA

Allá, a lo lejos, se oía un juego de campanas. Era como si el aire de estuviera celebrando a sí mismo. Y en el jardín de aquella casa que se hallaba en el límite de la urbanización reciente, todas las personas reunidas estaban en silencio y expectantes. Una de ellas alzó de pronto un objeto indefinido sobre su cabeza, y un torrente de lucecitas aleteantes se esparció sobre todos, como en una ceremonia ancestral.

--Ahora hagamos la oración por nuestra supervivencia. Nunca olviden que somos náufragos de nuestra suerte original…

Uno de los presentes levantó la mano, como si pidiera la palabra, y dijo lo suyo sin esperar permiso.

--¿Y dónde estamos, pues: en el Paraíso o en el Infierno?

El que había hablado al principio inclinó la cabeza y balbuceó:

--Estamos donde cada quien imagine. El destino es personal, y eso es lo que tenemos que reconocer para poder seguir adelante. Aquí no es cuestión de salvación o de condena: es cuestión de hacer valer ese destino que nos toca. La salvación o la condena están dentro de cada uno de nosotros. Y el tiempo es nuestro único guía…

Y entonces la multitud que se hallaba alrededor respiró a profundidad antes de disolverse.

CUANDO LA ESPUMA GIME

--¿Y usted cómo se llama?

--Acantilado.

--¿Cómo dijo?

--Acantilado, señor.

--Nunca había oído ese nombre.

--Pues ya lo oyó. Y mi apellido es Tropical. Me llamo, pues, Acantilado Tropical. ¿Original, verdad?

Unos minutos después, el trámite había concluido, y el joven salió de la oficina de migración con todos sus papeles en regla. Tenía previsto el viaje de regreso a su país para unos días después; y como ya había dejado el trabajo podía dedicarse a turistear por ahí, para despedirse del ambiente norteño. Y en efecto see fue a la playa a despedirse del mar.

Aquella tarde, mientras caminaba descalzo sobre la arena, sintió de pronto como si alguien llorara a su lado. Él, con su sensibilidad casi familiar, entendió el mensaje: era aquella espuma helada y tiritante que estaba enviándole un saludo familiar a la espuma distante y entusiasta a la que él llegaría muy pronto…

REFUGIO PARA ILUSIONADOS

Se casaron tan jóvenes que a esas alturas no tenían cómo mantenerse por su cuenta, y tuvieron que acudir al apoyo directo y completo de sus padres. Afortunadamente los padres de ambos estuvieron anuentes a ayudarles en todo, y así pudieron montar su apartamentito en las faldas del volcán y contar con lo necesario para los gastos básicos, entre los que se incluían desde luego los de la formación universitaria que estaban apenas iniciando. Nada fijo para las diversiones, y aunque ellos eran más bien serios y hogareños, eso empezó a afectarles.

--Qué grato sería irnos alguna vez de farra…

--O al menos a alguna cafetería con ilusión de bar…

Aquel sábado, que era día de cielo abierto y de brisa fresca, estaban silenciosos y tristes. Y en eso recibieron la llamada:

--¿Quieren venir a departir conmigo? Ahora mismo les doy la dirección.

Cuando llegaron al sitio indicado tuvieron la sensación de que se hallaban en un lugar casi extraterrestre.

--¡Bienvenidos, contertulios!

Y ahí empezó la fiesta, que era un encuentro de fantasmas.

FAMILIA DEL JARDÍN

Cada cierto tiempo, y con periodicidad marcada por las crecientes veleidades del aire, ellos dos iban a su vivero favorito en busca de plantas para su área enjardinada que se hallaba ubicada en la parte delantera del terreno de la vivienda. Era una especie de rito asumido por ambos en razón de un sentimiento espontáneamente coincidente.

Fuera época lluviosa o época seca, el impulso tenía los mismos alientos interiores, y eso se les manifestó desde el instante en que tuvieron casa propia al nomás casarse.

Ese día era sábado, y había tiempo suficiente para buscar lo más deseado. Se fueron, pues, a ese vivero que preferían, y para su desilusionante sorpresa lo hallaron cerrado. El guardián les explicó que estaban por clausurar el lugar, pero que había otro muy cerca, y les indicó la ruta.

Al llegar la sorpresa volvió a repetirse, pero en otro sentido: se trataba de un terreno casi abandonado, en el que las plantas parecían huérfanas. Entonces se sintieron conmovidos, y en vez de preguntar por plantas preguntaron si el lugar estaba en venta. Cuando les dijeron que sí casi saltaron de alegría. ¡Aquel sería su nuevo jardín, hermano del que estaba en su casa! Familia completa.

EL PRESENTE CASI SIEMPRE ESTÁ AUSENTE

---¿Podría repetirme su nombre, por favor?

--Napoleón Bonaparte.

--¿Eso es una broma?

--¿Pero cómo se atreve a decirme eso? Me llamo asi por derecho de nacimiento, y le pido que reconozca ese derecho porque si no lo denuncio.

--Excúseme: ¿Puedo tener alguna prueba de que usted es quien dice ser?

El aludido sacó de su mochila un sobre que mostraba ser muy antiguo y se lo extendió al oficial que se hallaba frente a él. Éste lo abrió y se quedó en silencio. Aquello era una partida de nacimiento a todas luces legítima.

--¿Y sus padres quiénes eran?

--Un par de campesinos originarios de la zona norte del país.

--¿Eran alfabetizados?

--No eran: son. Viven, y están más lozanos que usted y que yo. ¿Pero a qué viene todo esto?

El oficial lo miró a los ojos:

--Es que mire, el ingreso a la eternidad exige certezas plenas. Y si usted dice llamarse Napoleón Bonaparte tenemos que estar seguros de su identidad… ¿Comprende?

CAMINO SIN RETORNO

Fue dado a las actitudes aventuradas desde las primeras etapas conscientes de su vida, y así en la niñez lo caracterizaron como muy inquieto, en la adolescencia como creativo sin límites, y ya en la adultez, en cuya primera etapa se encontraba, como buscador incansable de respuestas. Era un mapa existencial por comprobar.

Y sin que nadie le siguiera la pista, así fue. El niño no se estaba quieto ni un momento, ni siquiera en el sueño. Tendido en su cama, aleteaba como si quisiera alzar vuelo. El adolescente andaba en búsqueda constante, desde lo cotidiano hasta lo trascendental, incluyendo sus primeros enamoramientos. Y el joven adulto lo empezó a integrar todo, como si fuera un tejido jugoso. Y es que así era su naturaleza…

--¿Estás a gusto con tu forma de ser? –le preguntó la experta en formas anímicas.

--La verdad es que no sé. Me cuesta mirarme a mí mismo. Por eso vine a que usted me descifre…

--Perdón: yo no puedo descifrar a nadie. Sólo oriento.

--Ah, pues entonces hasta aquí llegamos. Aunque me gustaría invitarla a una copa…

Ella se quedó en silencio. Estaba claro que quien iba a ser descifrada era ella. Y ese sería el comienzo de una nueva aventura. ¡A transitar, pues!

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