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300,000 inmigrantes con décadas en EE.UU. esperan ansiosos una decisión sobre el TPS

¿Quienes son los tepesianos? En los próximos tres meses, el gobierno de Trump podría dar fin al estatus que ha protegido a salvadoreños, hondureños, nicaragüenses y haitianos. Estas son algunas de las personas que podrían verse afectadas.

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Caravana pro TPS visita oficina de congresista Ed Royce en Brea (Foto: Cortesía Unite HERE)

Caravana pro TPS visita oficina de congresista Ed Royce en Brea (Foto: Cortesía Unite HERE)

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Primero vino la cancelación de DACA, un programa que protege a más de 800,000 jóvenes “dreamers” cuya historia es popular y conocida alrededor del país.

Y luego está el TPS.

La realidad que muchos activistas conceden es esta: si Donald Trump no se tentó el corazón para terminar con DACA, ¿qué hará con cerca de 300,000 adultos salvadoreños, hondureños, nicaragüenses y haitianos que la mayoría de los estadounidenses no conoce?

En los próximos dos meses, llega la hora de la decisión para estas comunidades, que viven con estatus migratorio temporal desde hace años.

El TPS es un programa temporal  que protege de la deportación y da permisos de trabajo a personas de países designados. Generalmente, se trata de lugares que han sufrido un desastres natural o una guerra o conflicto civil.

El siguiente cuadro muestra qué países tienen TPS y cuantas personas de cada país están protegidas por el programa.

El programa se dio por primera vez en 1990, y actualmente, ocho países tienen un TPS activo, pero luego que el gobierno de Donald Trump canceló DACA para los jóvenes Dreamers, y anunciara una extensión de sólo 6 meses para Haití en mayo, el temor es que hagan lo mismo con el resto.

El 6 de Noviembre llega la fecha límite para decisión que afectará a 59,550 hondureños y nicaragüenses, el 23 de noviembre para 50,000 haitianos y el 8 de enero para casi 200,000 salvadoreños.

¿Quiénes son los “tepesianos”?

Cerca de uno de cada cuatro de los 206,000 beneficiarios de TPS de estos tres países llegó a este país cuando tenía menos de 16 años y más de la mitad de los salvadoreños y hondureños llevan más de 20 años en este país.

Al menos la mitad de los salvadoreños, haitianos y hondureños con Estatus Temporal de Protección (TPS) que viven en los Estados Unidos son dueños de vivienda y casi 100,000 hipotecas quedarían en el aire si el gobierno de Donald Trump decide no renovarles su situación legal.

Su participación en el mercado laboral es más elevada que la del estadounidense promedio y también que la del extranjero promedio. Entre el 81 al 88% están trabajando y están inmersos en varias de las industrias más importantes del país, agregó el reporte publicado este jueves. Unos 27,000 son dueños de negocios y creadores de empleos.

Se calcula que al menos 50,000 trabaja en la construcción, 32,000 en la industria de alimentos, 16,000 en jardinería, 10,000 en cuidado infantil y  9,000 en tiendas de alimentos.

Los salvadoreños, hondureños y haitianos también se han convertido en los padres de 273,200 hijos nacidos en los Estados Unidos.

Los estados del país con poblaciones más grandes de TPS son California: 55,000, Texas, 45,000, Florida, 45,000, Nueva York, 26,000, Virginia, 24,000 y Maryland, 23,000.

En este cuadro, con cifras e información de USCIS, se ven los programas vigentes de TPS, cuando se dieron, cuando expiran y las razones del mismo.

Iris, de Honduras, 25 años en USA

Iris Acosta ha pasado las mil y una experiencias desde que llegó a Estados Unidos en 1992 proveniente de Tegucigalpa, Honduras.

En uno de sus primeros trabajos como niñera y doméstica de una familia en Los Ángeles, los jefes la mandaron a dormir al garaje con una colchoneta luego que los niños le contagiaron varicela.

“Ahí me pusieron, con el carro, a pasar la fiebre”, recuerda Iris. “Me pagaban 95 dólares a la semana para trabajar de lunes a sábado, desde las 6 de la mañana hasta que terminara de acostar a los niños”.

En esos años estaba indocumentada, pero en 1999 se acogió al Estatus Temporal de Protección o TPS que ofreció el gobierno estadounidense a los hondureños y nicaragüenses  a raíz de los destrozos causados por el Huracán Mitch, el más dañino en tocar el hemisferio occidental desde 1780.

Tras el huracán, siete mil personas murieron y doce mil quedaron heridas, se perdieron 35,000 viviendas y virtualmente todos los sectores económicos del país se paralizaron.

Después del TPS, Iris ha tenido dos trabajos de largo tiempo, uno en el Hospital de Niños y otro en el hotel W en Westwood, donde aún permanece como recamarera. “No me gusta cambiar mucho de trabajo”, dice. “Sobre todo teniendo un buen seguro médico, que me ayudó cuando tuve cáncer hace unos años”.

Sus dos hijos se quedaron en El Salvador y allí los sacó adelante. Una es estilista y el otro estudia para sicólogo. Ahora mismo estaba en trámites para comprar una casa de dos habitaciones cuando el agente inmobiliario descubrió que estaba con TPS.

“Me dijo que esperáramos hasta enero, que es cuando se vence el permiso”, dijo. “Ahorita eso me mató la ilusión, porque no sabemos si nos van a renovar”.

A los 51 años y habiendo vivido en este país desde los 27, Iris no ve un futuro en Honduras, especialmente tomando en cuenta que ese país está registrado como el más violento del hemisferio occidental.

“Sólo fui a Honduras una vez, en el 2008 cuando a mi mamá le dio un infarto”, dijo Iris.  “Jamás le he pedido nada al gobierno , he pagado mis impuestos, pero en allá no hay futuro para mí”.

El gobierno de Trump debe tomar una decisión en noviembre sobre si extiende este beneficio a Hondureños y Nicaragüenses.

Iris Acosta, Hondureña con TPS (Foto proporcionada)

Yesenia, de El Salvador, 17 años en USA

Yesenia Reyes tenía 22 años cuando se vino indocumentada a Estados Unidos, dejando a sus dos niñas pequeñas y con el encargo de enviar dos muñecas que bailaran y cantaran.   Fue duro irse, pero la alternativa era seguir sufriendo violencia doméstica y acoso sexual constante.

Al llegar, la agarró inmigración, y ella se sintió protegida. “Para mí, estar encerrada aquí era mejor que estar allá”, recuerda.

Al salir del centro de detención, buscó trabajo para sobrevivir.  Aquí tampoco estuvo muy lejos el acoso sexual. “Busqué trabajo en una tintorería, pero como no tenía papeles, el dueño me dijo después de algún tiempo que para mantener el trabajo tenía que darme con él”, dijo.

En 2001, Yesenia calificó para TPS.  Era el segundo Estatus Temporal de Protección otorgado a ese país y fue designado por George W. Bush en 2001, luego de tres terremotos que desplazaron a 1.3 millones de personas y causaron más de 1,000 muertes.

Hay más de 212,000 salvadoreños con TPS, el grupo más grande beneficiado con este tipo de programa.

El TPS ayudó a Yesenia a estabilizarse económicamente.

“Me salí de allí y encontré trabajo en un hotel, donde estuve casi diez años”, dice Yesenia. “De hecho, gran parte del tiempo he tenido dos trabajos, y tengo cuatro hijos ciudadanos con mi actual compañero”.

Tres niñas y un varón nacidos aquí con 15, 14, 9 y 4 años, más las dos niñas mayores, que se las trajo en cuanto pudo. “El Salvador  es muy bonito pero hay mucho pandillerismo y no hay protecciones laborales”, dijo Yesenia, que recuerda una experiencia trabajando en una pupusería.

“Cuando pregunté a qué hora comían los empleados me dijeron que no había hora, que sólo comíamos sobras de los platos”, recuerda.

Perder el TPS y tener que regresar con sus pequeños sería “mandarnos al matadero”.

Yesenia, salvadoreña con TPS (Foto proporcionada)

Myrtha, de Haití, 7 años en USA

La fortuna quiso que Myrtha saliera de Haití hacia Estados Unidos un día antes de un devastador terremoto que azotó a la isla el 12 de enero de 2010, matando a decenas de miles y dejando sin hogar a 1.5 millones de personas. La joven tenía 23 años y se acogió a TPS cuando el gobierno estadounidense ofreció el beneficio pocos días después.

Unos 58,000 haitianos siguen protegidos por el programa, pero el gobierno estadounidense les dio 6 meses el pasado mayo para prepararse a volver a su país.

Se espera una decisión final en noviembre.

Apenas llegar a este país, Myrtha dio a luz a su hija, que ahora está en tercer grado.  Con lo que gana en su trabajo, ayuda a mantener a sus padres en Haití.

“En Haití no se ha reconstruido nada desde el terremoto y mis padres no tienen casa. Aquí mi hija estudia, yo manejo, todo está bien”, cuenta. “Trabajo en un hotel con sindicato y tengo estabilidad, pero en Haití no la hay, allá hay que pagar por todo, hasta por la escuela”.

Cuando piensa en regresar a Haití, Myrtha siente dolor “en mi cuerpo y en mi espíritu”.

“No tengo planes, sólo luchar porque nos permitan quedarnos. Espero que el señor Trump tenga corazón con nosotros, porque trabajamos duro”, apuntó la mujer.

Myrtha Abraham, haitiana con TPS (Foto proporcionada)

María Ponce, El Salvador, 27 años en USA

La historia de María es como la de muchos otros salvadoreños. Vino aquí en 1990 escapando de la guerra civil, logró el TPS tras el terremoto porque tuvo miedo de pedir el primero que dieron a sus compatriotas durante la guerra. Trabajó y trabajó, tuvo tres hijos nacidos en Estados Unidos y un hijo que dejó en El Salvador.

Maria Ponce, salvadoreña y beneficiaria de TPS, con su familia (Foto proporcionada)

Vive en Boyle Heights, es promotora de salud y antes de eso, trabajó 10 años en una tienda.

Pero la historia que congela el alma es el asesinato de su mamá a manos de las maras (pandillas) en el barrio de San Salvador donde la familia vivió largo tiempo.

Fue hace apenas cinco años y aún le cuesta contarlo.

“Con lo poco que le enviábamos mi hermana y yo, mi mamá tenía una pequeña fondita donde servía comida”, cuenta. “La mara le pedía cuota, como le piden a todo mundo. Un día la esperaron que saliera con mi hermano, casi llegando a casa la asaltaron, le quitaron el dinerito y le dispararon a los dos”.

Un tiro le entró en la nuca a su mamá. El otro quedó en el pulmón de su hermano, quien aún sufre secuelas. “Murió el 8 de marzo de 2012, el mismo día internacional de la mujer”, dice con voz quebrada.

La violencia en El Salvador lo dice todo. “Mis tres hijos nacidos aquí están en la universidad, ellos están forjando el futuro. Quiero estar aquí para seguir viviendo”.

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