"Cada niño tiene una historia que contar", dice jueza a cargo de migrantes centroamericanos

La jueza Virna Wright ha relatado su experiencia al escuchar las historias de cientos de niños migrantes centroamericanos, luego de su travesía que enfrentan, solitarios, hacia los Estados Unidos.
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Algunos de los inmigrantes que la jueza Virna Wright ve cada día aún llevan pañales. Otros se entretienen con juguetes en su sala y hay hasta algunos que lloran a pleno pulmón.
 
Es que Wright es la jueza de la corte migratoria de Nueva York asignada a jornada completa a tratar los casos de miles de niños centroamericanos que cruzaron solos la frontera entre México y Estados Unidos el año pasado y que, en menor número, aún la cruzan.
 
De lunes a viernes Wright escucha los casos de hasta unos 60 niños al día, en un trabajo que describió como agotador pero a veces gratificante.
 
"No es fácil pero he desarrollado aguante y tomo descansos", dijo a una audiencia de abogados y estudiantes en la New York Law School el martes por la noche. "Intento hacer las mismas preguntas al último niño que veo, a las cuatro de la tarde, que al que primero que veo por la mañana".
 
Más de 60,000 menores no acompañados de Honduras, El Salvador y Guatemala fueron detenidos en la frontera desde fines de 2013 y a lo largo de 2014, según datos federales. Nueva York es el segundo estado que más niños ha recibido después de Texas, con casi 6,000 que viven con sus familiares o guardianes. Muchos huyeron de la violencia del narcotráfico y las pandillas que azotan a sus países de origen.
 
La oleada de menores pilló desprevenidas a las autoridades estadounidenses que impulsaron un plan para agilizar su paso por las cortes, abrumadas con una gran acumulación de casos. En Nueva York, los casos de niños se escuchan ahora cada día en la corte migratoria, en lugar de tan sólo unos días al mes, tal y como se hacía antes.
 
Wright ve en su tribunal desde bebés de meses a adolescentes menores de 18 años.
 
La magistrada explicó que recibe a los menores sin toga para que se sientan más cómodos y que les habla de forma coloquial, preguntándoles si acuden a la escuela. Algunos de ellos hasta le muestran orgullosos su tablilla de calificaciones.
 
"A veces les animo a que estudien más. Y si meses después han mejorado, pues es algo bueno de ver", explicó.
 
Las historias que escucha en su tribunal son emotivas y Wright responde "por supuesto" cuando le preguntan si alguna de ellas se le queda grabada en la cabeza cuando regresa a su casa.
 
"Hubo un caso de una chica de 15 años a la que le pregunté por qué no iba a la escuela y me dijo que porque tenía que trabajar para mantener a su hijo en Centroamérica", explicó.
 
Aun así, la magistrada dijo que a veces se ha visto obligada a emitir órdenes de deportación para menores que no se presentan en la corte después de varias oportunidades. A pesar del plan de aceleración de casos del gobierno, éstos avanzan lentamente en el tribunal, dijo Wright, debido sobre todo a menores que se presentan sin abogado y que entonces reciben otra oportunidad en la corte, formando una larga cadena de citas.
 
"Mi trabajo es impartir justicia pero intento que se protejan los intereses del niño durante el proceso", indicó la jueza, que animó a los abogados de la audiencia a defender a los menores.
 
"Tomen sus casos. No se arrepentirán", señaló. "Cada niño tiene una historia que contar".
 

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