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Disponible para menores de El Salvador programa de migración legal hacia Estados Unidos

El programa de refugiados/ Permisos para niños en Centroamérica está disponible para menores salvadoreños desde 2014, y 266 ya han viajado a Estados Unidos bajo condiciones migratorias regulares para reunirse con familiares. Los padres que vivan en EUA con permiso temporal pueden aplicar.
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Beneficio a salvadoreños.  La familia Pérez es una de varios núcleos familiares de origen salvadoreño que han podido reunirse en Estados Unidos bajo condiciones legales gracias a CAM. Guatemala, Honduras y El Salvador aplican para el proceso.

Beneficio a salvadoreños. La familia Pérez es una de varios núcleos familiares de origen salvadoreño que han podido reunirse en Estados Unidos bajo condiciones legales gracias a CAM. Guatemala, Honduras y El Salvador aplican para el proceso.

Disponible para menores de El Salvador programa de migración legal hacia Estados Unidos

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A Ana Pérez no le alcanzan las palabras para describir lo que sintió al ver a su niño convertido en un adolescente. Cuando emigró de El Salvador hacia Estados Unidos su hijo tenía dos años, pero ella estuvo dispuesta a perderse su infancia con tal de poder ofrecerle una mejor calidad de vida.

Luego de 16 años de no poder abrazarlo –y de intentos fallidos para cruzar la frontera sin documentos– ahora ella puede ir a su trabajo más tranquila, sabiendo que lo verá cuando regrese a su hogar en Carolina del Norte.

“No sé ni cómo decirlo, como sentimientos encontrados, no lo creía cuando lo vi. Me decían: ‘¡La pellizco!’, para que viera que no estaba soñando. Es una emoción grande”, relató Pérez a este periódico en una llamada telefónica.

Melvin Pérez (ahora de 17 años) llegó a Estados Unidos en marzo por medio del programa de Refugiados/Permisos para Niños Menores Centroamericanos (CAM, por sus siglas en inglés).

CAM fue lanzado a finales de 2014 debido a la ola de menores no acompañados que cruzaron la frontera. Hasta el 30 de mayo pasado, 7,607 salvadoreños habían aplicado para el programa, según cifras de la embajada de Estados Unidos en El Salvador solicitadas por LA PRENSA GRÁFICA.

De este total, 266 menores salvadoreños han viajado ya hacia Estados Unidos para reunirse con su familia.

Melvin es uno de ellos y su madre confesó que ya había intentado, sin éxito, mandarlo a Estados Unidos sin documentos. El joven fue detenido en México y repatriado a El Salvador. La compatriota decidió que el viaje era demasiado peligroso y que no volvería a arriesgar así a su hijo. Se resignó entonces a vivir lejos de él.

Ahora, gracias a CAM, pueden estar juntos todos los días y ya que es una medida legal no corre peligro de ser deportado, él puede estudiar sin miedo a la violencia que afecta al país.

“Le está costando adaptarse. Lo que a él le gusta es que aquí (en Estados Unidos) él tiene libertad, puede salir a ‘la yarda’ (patio), y puede salir a la calle sin necesidad de andar con temor”, contó Pérez.

Este programa “proporciona a ciertos menores elegibles que están en El Salvador, Guatemala y Honduras una alternativa segura, legal y ordenada a las travesías que ciertos menores enfrentan al querer llegar a los Estados Unidos”, según información puesta a disposición pública en la página web del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (USCIS por sus siglas en inglés).

Cómo aprovechar CAM

“La mayor parte de las solicitudes se han recibido en los últimos nueve meses”, según la consejera de Asuntos Públicos de la embajada estadounidense, Molly Sánchez Crowe.

Más de 5,500 solicitudes provenientes del Triángulo Norte han sido entregadas al Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos. De estas se han completado 1,500 entrevistas. “Prevemos que el número de entrevistas aumentará significativamente en los próximos seis meses”, agregó Crowe.

El requisito que abre las puertas para solicitar el CAM es que uno de los padres del menor resida en Estados Unidos bajo condiciones legales. Para que un menor pase el filtro debe tener menos de 21 años, ser soltero y de nacionalidad salvadoreña, hondureña o guatemalteca. Además debe poder comprobar a los oficiales de Migración que corre algún tipo de peligro en su lugar de origen.

Es de suma importancia que el joven se quede en su país durante todo el proceso. Los casos duran alrededor de un año. Está prohibido que las personas autorizadas para brindar asistencia legal cobren algún tipo de honorario.

Los padres que aplican deben contar con una residencia, un Estatus de Protección Temporal (TPS), o la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA).

“El programa de Refugio para Menores Centroamericanos todavía está activo. Ya pronto viene la renovación de TPS para los salvadoreños (en septiembre) y ya estamos listos para promocionar el programa a más compatriotas”, comentó en un correo electrónico Érika López, del Instituto Internacional de Los Ángeles (IILA), una de las alrededor de 300 organizaciones que están autorizadas por la Oficina de Población, Refugiados y Migración del Departamento de Estado (que maneja CAM) para acompañar los casos.

El proceso a seguir

El papeleo comienza cuando el progenitor presenta una petición al Programa de Admisiones de Refugiados de Estados Unidos. Luego de esto, un oficial de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) entrevista al joven en su país de origen. Si las autoridades deciden que el caso procede, el menor es entrevistado por un cónsul de Migración. En esta entrevista los jóvenes “tienen que tener cuidado de decir lo que dijeron en la primera cita para que no se vaya a decir que son mentiras”, recomendó Pérez basándose en la experiencia que vivió con la solicitud de su hijo.

“Lo primero que le preguntaron (a Melvin) fue que si estaba en peligro y que cuál era el peligro que sufría”, continuó.

En su entrevista con OIM y con el cónsul estadounidense, Melvin habló acerca del miedo que sentía al salir del colegio cuando tenía que pasar enfrente de “los muchachos” (pandilleros), que en ocasiones le pedían dinero.

Bajo CAM se pueden obtener dos tipos de estatus, uno como “refugiado”, y el segundo funciona como un “permiso”, que se renueva cada dos años y que funciona similar al TPS. Este último fue el que le concedieron a Melvin, ya que el oficial determinó que sí vivía en un ambiente violento pero no corría peligro directo.

El tiempo de espera para la familia Pérez fue de un año, lapso en el que llegaron a desesperarse y a pensar que no sería posible la reunificación. Ahora la madre opina que “les diría a quienes tienen una residencia o un permiso que lo intenten, que no es necesario recurrir a la migración ilegal”.

Ella recomienda a quienes puedan ampararse al programa que “cuando uno está en el proceso, que tengan paciencia porque no es fácil. Hay que hacer pruebas de ADN, hay que esperar las entrevistas; si no se logra como ‘refugiado’, hay que pagar el vuelo. Es mucho el proceso... pero sí, se logra mientras le digan a uno que han aceptado el caso”.

Melvin, por su parte, piensa terminar su bachillerato, estudiar inglés y luego ir a la universidad.
 

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