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El sueño de una maestra inmigrante

La profesora salvadoreña Ana Cornejo llegó a Estados Unidos sin saber inglés. La barrera del idioma le impedía continuar enseñando.
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Superación.  La profesora Ana Cornejo tomó clases intensivas de inglés en Estados Unidos hasta que consiguió su objetivo de ejercer su profesión en ese país.

Superación. La profesora Ana Cornejo tomó clases intensivas de inglés en Estados Unidos hasta que consiguió su objetivo de ejercer su profesión en ese país.

El sueño de una maestra inmigrante

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Ana Beatriz Cornejo, docente de profesión, emigró de El Salvador hace 17 años escapando de la delincuencia y comenzó su vida en Estados Unidos. “Salí con la desilusión de dejar a mi país y lo que más amaba en mi vida era enseñar”, relató Cornejo. Al instalarse en Houston, Texas, no pudo postular para maestra de parvularia por un problema: la barrera del idioma. “No hablaba inglés y supe desde ese momento que sería difícil”, añadió.

Nació en San Vicente y estudió la carrera de Docente en Educación Parvularia en la Facultad Multidisciplinaria Paracentral de la Universidad de El Salvador. Antes de emigrar a EUA, trabajó cinco años como maestra en el programa del Ministerio de Educación con Participación de la Comunidad (EDUCO). Impartía sus clases en el cantón San Lázaro, San Vicente. “Nunca tuve el valor de solicitar una plaza de Gobierno porque en aquel tiempo se le daba prioridad a los que pertenecían a algún partido político”, aseguró la profesora.

Recién instalada en EUA, Cornejo no tenía carro ni dominio del inglés. “Como dicen, los salvadoreños nos la rebuscamos”, comentó. Fue entonces cuando colocó un rótulo en la lavandería del complejo de apartamentos donde vivía. “Se cuidan niños de todas edades. Soy honrada y tengo experiencia cuidando niños. Mayor información en el apartamento 2121”, decía el cartel. “Poco a poco llegaron personas a conocer mi apartamento y comencé a trabajar. Por el servicio cobraba $10 por cada niño y $12 si era recién nacido. De alguna forma tenía que ayudar a mi esposo con los gastos de la casa”, relató.

A pesar de que encontró una manera de sostenerse, todavía no era bilingüe. “Mi deseo era superarme en grande y trataba de aprovechar todo lo que tenía con tal de salir adelante”. La profesora miraba caricaturas en inglés y en cualquier lugar donde ofrecían clases gratuitas se inscribía. Semanas después, dejó a su hijo de cuatro años frente a la puerta del salón del colegio. “No sé por cuánto tiempo me quedé parada visualizando mi nombre en esa puerta. Lo deseé con todo mi corazón. Me gustaría que esa puerta leyera Ms. Cornejo”.

La escuela donde estudiaba el hijo de Cornejo, Escuela Collins Elementary, convocó a padres de familia a ser voluntarios. Laminar papeles, hacer copias y cortar letras. A cambio recibirían un curso básico de inglés. Sin dudar la salvadoreña se inscribió. Estuvo ayudando y aprendiendo durante nueve meses hasta que decidió tomar un curso de inglés intensivo en otro colegio comunitario.

Más adelante, regresó a Collins Elementary y solicitó una plaza de asistente de profesor. Fue seleccionada. Sus compañeros de trabajo la ayudaron a validar su título de la Universidad Paracentral. Sin embargo, no era suficiente, tenía que seguir estudiando para cumplir uno de los requerimientos del estado: certificarse como maestra en EUA. Aprobó los exámenes requeridos por el estado de Texas y se certificó como maestra bilingüe. El colegio se enteró de la validación y le ofrecieron un ascenso a maestra de estudiantes de primer grado.

“Todavía recuerdo la emoción que sentí. Mi propio salón, por fin mi propio salón”, relató. Tras un inicio no muy grato en EUA, la profesora no se dio por vencida.

Actualmente ha ganado tres veces consecutivas el premio a la maestra del año, otorgado por la Asociación de Educadores Bilingües de Houston (HAABE, siglas en inglés).

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