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Exmilitar de EUA se solidariza con salvadoreños

Veterano del Ejército de Estados Unidos es hijo de un salvadoreño y ha llegado al país a donar artículos de necesidad a niños y adultos mayores que apadrinó en Santa Tecla.
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Sonrisas. Christopher Calderón, uno de los siete niños que el veterano apadrinó, felizmente estrenando los zapatos que le obsequió para usarlos en el colegio.

Sonrisas. Christopher Calderón, uno de los siete niños que el veterano apadrinó, felizmente estrenando los zapatos que le obsequió para usarlos en el colegio.

Zapatos nuevos.   Uno de los donativos de Melara consistió en la compra de un par de zapatos a la elección de cada uno de los siete niños que apadrinó.

Zapatos nuevos. Uno de los donativos de Melara consistió en la compra de un par de zapatos a la elección de cada uno de los siete niños que apadrinó.

Unión.   Melara le entrega un regalo a la coordinadora de FUSATE, Santa Tecla, Carmen Molina, como agradecimiento por permitirle ayudar a la fundación.

Unión. Melara le entrega un regalo a la coordinadora de FUSATE, Santa Tecla, Carmen Molina, como agradecimiento por permitirle ayudar a la fundación.

Agradecimiento.  Un adulto mayor que reside en FUSATE le entregó al veterano una carta de gratitud por su ayuda.

Agradecimiento. Un adulto mayor que reside en FUSATE le entregó al veterano una carta de gratitud por su ayuda.

Exmilitar de EUA se solidariza con salvadoreños

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Gerardo Melara, veterano del Ejército de Estados Unidos e hijo de un salvadoreño, sirvió en la guerra de Irak durante 18 meses. Esa experiencia le cambió la vida, al igual que la pobreza que evidenció en El Salvador en septiembre de 2016. Quedó tan impactado que prometió regresar pronto y aportar con al menos un “granito de arena”. Seis meses después y $1,500 recaudados volvió al país, apadrinó a siete niños y ha hecho generosas donaciones a la Fundación Salvadoreña de la Tercera Edad (FUSATE) en Santa Tecla.

El padre de Melara fue uno del medio millón de salvadoreños que emigraron durante los tiempos de guerra a buscar mejor vida en Norteamérica, de acuerdo con estadísticas del Centro de Investigación Pew. El veterano de 30 años nació y fue criado en San Francisco, California (Estados Unidos). Viajó a El Salvador por primera vez cuando cumplió tres años y quedó enamorado del país natal de su padre.

Su amor a El Salvador fue tan grande que les insistió a sus padres en cursar un año escolar en San Salvador. En 2002 estudió noveno grado en el Colegio Maquilishuat o “Maqui” como él lo recuerda. Melara asegura que su corta edad en ese tiempo le impidió fijarse en las calamidades que estaba viviendo el país.

Pasó 10 años en el Ejército de Estados Unidos. Cuando estuvo sirviendo en la guerra de Irak pensó en cómo la pobreza es una gran limitante para vivir una vida digna. Fue testigo de dolor y sufrimiento, pero sentía honor al servir a su país. A pesar de que El Salvador ya no está viviendo un período de guerra, Melara encontró un parecido con la situación salvadoreña y el Cercano Oriente.

Al ser dado de baja con honores, viajó a El Salvador con una mirada más madura a evidenciar la difícil situación de muchas personas y contribuir de alguna manera.

Samuel Peña, un amigo salvadoreño de Melara, le habló de FUSATE. “La próxima vez que regrese haré algo para ellos”, relató Peña que fueron las palabras del veterano cuando visitó la fundación por primera vez el año pasado. “Estos abuelitos me tocaron bastante el corazón porque ellos no tienen un sistema de seguro social. Tuvieron una vida dura y aquí no hay sistemas como en Estados Unidos que velan por la vida de los adultos mayores”, agregó Melara.

El exmilitar se contactó con Carmen Molina, coordinadora de FUSATE Santa Tecla, para organizar una visita al hogar de ancianos. Actualmente residen 93 ancianos en la fundación y sus edades oscilan entre los 60 y 94 años. Melara les alegró la semana. Donó una cocina, ya que la que tenían estaba en pésimas condiciones. Entregó a cada adulto mayor una canasta con champú, jabón, pasta de dientes, cepillo y varios accesorios de necesidad básica. “Trajo una piñata para compartir un momento de diversión”, relató Molina. “Genuinamente tiene un noble corazón”, agregó respecto de la visita de Melara el miércoles 8 de febrero.

Melara regresó el siguiente día a FUSATE a regalar calcetines a los ancianos. Se enteró que existía la posibilidad de fuertes vientos en la capital durante la semana y decidió comprar más de 100 pares. Alfredo Mira, uno de los adultos mayores, se acercó al veterano para darle las gracias. “Que Dios le bendiga. Dice la Biblia en Salmo 41: Bienaventurado el que piensa en el pobre. En el día malo lo librará Jehová”, expresó con gratitud Mira.

Obra de caridad

El veterano tenía programado viajar a El Salvador para convivir con personas de escasos recursos, pero tuvo una visión más grande. Está en el proceso de construir una fundación llamada Our El Salvador (Nuestro El Salvador). Esto lo inició dos semanas atrás, y para empezar con la colecta, recurrió a sus amigos, familiares y conocidos, aplicando la estrategia del boca a boca. Les comentó sobre la situación en el país, lo difícil que es. También creó una cuenta en la página web Gofundme.com; una plataforma diseñada para recolectar fondos en momentos de necesidad. Consiguió más de $1,500 para distribuirlos entre FUSATE y los siete niños que apadrinó.

“La verdadera razón (por la que ayudo a El Salvador) es que aunque nací y crecí en San Francisco, una gran parte de mi vida ha sido acá. Soy 100 % norteamericano, pero también 100 % salvadoreño. Lloro siempre en mi vuelo de regreso a Estados Unidos. Amo tanto a este país”, relató Melara.

Lorena Calderón, madre de Christopher, uno de los niños apadrinados por Melara, trabaja en un comedor en Santa Tecla, y así conoció al veterano. Se encariñó perdidamente con Christopher y decidió mejorar su calidad de vida de alguna manera. “Les trajo bolsones con cuadernos, lápices, colores y les fue a comprar un par de zapatos a cada uno de los siete niños que apadrinó, incluyendo mis hijos, Christopher y Nelson. Tiene un gran corazón. Cuesta encontrar personas así en este tiempo”, expresó Calderón.

Sus 10 años de servicio en el Ejército estadounidense fueron suficientes, asegura Melara. No quiso seguir más tiempo trabajando en un ambiente militar para poder ayudar en otros lugares de necesidad, tal y como lo hace en El Salvador.

Aparte de su trabajo de caridad, Melara estudia Finanzas en la Universidad de Sacramento y trabaja medio tiempo en un restaurante cercano a su centro de estudios. “Regresaré mínimo una vez al año para apoyar a FUSATE Santa Tecla y a los siete niños. Me enfocaré en ellos y a medida que mi fundación Our El Salvador vaya creciendo, quizás pueda contribuir en otros lugares. He sido bendecido de tener raíces salvadoreñas. Todos tenemos que cuidar de nuestro El Salvador. Ayudemos a nuestra comunidad”, expresó.

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