Familia salvadoreña crea un gimnasio accesible para la comunidad sin papeles

Está en medio de un área desértica de espacios para hacer ejercicio y donde predominan los latinos.

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El gimnasio es una iniciativa en familia. (Fotos: La Opinión/EUA)

El gimnasio es una iniciativa en familia. (Fotos: La Opinión/EUA)

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Cuando a Ana Daisy Cerón su esposó le compartió la idea de abrir un gimnasio en el área cercana a Pico-Union para servir a la comunidad latina sin papeles, no dudó en decirle que “sí”, aún cuando tenía ciertos temores.

“Mi esposo – Carlos Ortega – conoce de negocios e inversión. Le respondí, ‘yo te ayudo’ pero me daba miedo la idea de tratar con la gente; y se me hacía difícil combinar mi trabajo de la casa con el gimnasio”, dice Cerón.

Pero venció sus preocupaciones y hace cuatro años abrieron el gimnasio Fitness and Beyond. “Tenemos tres hijos, y a los dos menores que todavía viven con nosotros les tuvimos que pedir que vinieran a colaborar y a trabajar”, recuerda.

Los Cerón iniciaron con unas pocas máquinas para hacer ejercicio, y con los años se han ido ampliando.

“Primero, el enfoque de mi esposo era abrir un gimnasio pequeño, no como el de las grandes corporaciones; y segundo, aquí donde estamos es un barrio mayormente latino, y la mayoría de la comunidad no tiene papeles. En un gimnasio grande les piden identificación y tarjeta de crédito, cosas que nosotros no  les exigimos”, explica.

Dice que ellos solo solicitan un comprobante de domicilio. “La gente paga en efectivo, y si quieren únicamente por día, no tienen que pagar membresía”, sostiene.

Además, “cada vez que quieren usar el gimnasio les cobramos tres dólares; las clases cuestan tres dólares. Y si quieren usar el gimnasio y tomar una clase de zumba u otra, son cinco dólares en total. Al mes son 30 dólares”, comenta.

“Si quieren venir un mes está bien; y si el otro ya no, no hay problema”, dice.

Buena respuesta

La gente ha respondido bastante bien. “Les gusta saber que no tienen un compromiso, y que no les van a sacar su dinero del banco cada mes como pago de una membresía”, expone Cerón.

Stephanie Cano, la hija de en medio de los Cerón, graduada de justicia criminal y certificada como entrenadora de zumba, dice que le encanta ayudar al negocio familiar. “Viene bastante gente y tenemos clientes fieles que han venido desde que abrimos”, cuenta.

Aunque el gimnasio fue creado para servir a la comunidad latina, sus clientes son de todas las razas. “Vienen coreanos, japoneses, de la India, afroamericanos, y latinos de diversos países de América Latina”, comenta.

Y para hacerlos sentir bienvenidos, decidieron decorar las paredes con banderas de diferentes países.

Los beneficios

Los Ortega-Cerón han sido los principales beneficiarios del gimnasio.

Cano dice que ella tenía mucho sobrepeso. “Usaba talla 14 y cuando empecé con la zumba bajé a talla cinco. Pesaba 160 libras y ahorita estoy entre 125 y 130 libras”, observa.

La madre dice que hacer ejercicio le ayuda  mucho a la comunidad latina a desestresarse. Un alto porcentaje de los latinos que vienen al gimnasio le confían que acuden para quitarse el estrés. “Uno, a veces, sirve como terapista porque se desahogan aquí de sus problemas. La mayoría de latinos que vienen trabajan en restaurantes y casas, y tienen una presión tremenda en sus trabajos”, observa

Cuenta que muchos latinos le dicen que van al gimnasio por una cuestión de salud. “He visto el progreso de muchos de ellos con la pérdida de peso. Muchos padecen de problemas de obesidad, diabetes, colesterol y alta presión”, menciona.

Familia de inmigrantes

La abuela Silvia Silva de 77 años también le entró al negocio, y se convirtió en la cajera del gimnasio. Pero se da tiempo para tomar clases de zumba. “Me gusta agarrar los billetes aunque no sean para mi”, dice riendo esta abuelita.

“A mi madre no le gusta faltar al gimnasio. Cuando la operaron, a las dos semanas ya estaba aquí”, completa su hija.

Los Ortega- Cerón son inmigrantes salvadoreños, salvo los dos hijos menores que nacieron en Los Ángeles.

Mientras que la madre y encargada del gimnasio se vino de El Salvador huyendo de la guerra civil de su país; la abuela escapó del esposo y padre de sus hijos.

Heriberto Ortega, el hijo menor, dice que hace de todo en el gimnasio: limpia, ayuda a la gente y entrena. Pero lo mejor que le ha dejado es la pérdida de peso.le cambió la vida porque mejoró su salud al perder tanto peso.

“Yo creo que todos hemos perdido peso en la familia, incluyendo a la abuela Silvia que pesaba 130 libras y ahora 112”, menciona la madre.

“Dentro de un mes, vamos a incluir clases para niños, ballet y jazz”, dice contenta. Sin pensarlo mucho anota que abrir este pequeño gimnasio en medio de una área de Los Ángeles donde se concentran los latinos y otras minorías, ha significado para su familia alcanzar el sueño americano.

“Me da gusto cuando la gente me dice que se siente mejor, que ya no le duelen las rodillas, que ha perdido peso”, cuenta. “Yo pesaba 260 libras. Ahora peso 185 libras. Lo hice entrenando y con dieta”, recalca el estudiante universitario de psicología.

Y no duda en decir que el gimnasio le cambió la vida porque mejoró su salud al perder tanto peso.

“Yo creo que todos hemos perdido peso en la familia, incluyendo a la abuela Silvia que pesaba 130 libras y ahora 112”, menciona la madre.

“Dentro de un mes, vamos a incluir clases para niños, ballet y jazz”, dice contenta. Sin pensarlo mucho anota que abrir este pequeño gimnasio en medio de una área de Los Ángeles donde se concentran los latinos y otras minorías, ha significado para su familia alcanzar el sueño americano.

“Me da gusto cuando la gente me dice que se siente mejor, que ya no le duelen las rodillas, que ha perdido peso”, cuenta.

Como en familia

Martha Arias vive a cinco cuadras del negocio. No ha dejado ir al gimnasio de los Ortega-Cerón desde que lo abrieron hace cuatro años. “Me gusta hacer zumba, cardio, usar las máquinas. Y me sirve mucho porque soy diabética y tengo que hacer ejercicio forzosamente. Y debo confesar que me han bajado los niveles de azúcar, colesterol y ya no tomo pastillas para la alta presión”.

Más aún le agrada que los dueños del gimnasio sean latinos. “Me siento como en familia cada vez que vengo casi todos los días”, sostiene.

Ana Mena, maestra de zumba y cardiodance, dice que la mayoría de sus alumnas son latinas. “Todas bailamos, nos divertimos. El baile hace que te alegres, te emociones y no sientas que estás haciendo ejercicio. La obesidad es mucha en nuestra comunidad. Y uno se siente muy bien de ver que las clases ayudan a nuestra gente a bajar sus niveles de azúcar y colesterol. Yo les recomiendo que al menos hagan entre 15 y 20 minutos diarios de ejercicio. Es bueno para la salud, y el estrés se les va a ir”, asegura.

El gimnasio de los Cerón, Health & Beyond se encuentra en el:3018 W Pico Blvd, Los Angeles, CA 90006

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