Inmigración en el corazón de visita papal a Ciudad Juárez, México

Una salvadoreña que busca llegar a EUA cuenta su drama desde la zona fronteriza donde Francisco oficiará una misa el 17 de febrero.
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A la joven salvadoreña la robaron y luego tuvo que esconderse de un grupo de secuestradores que trabajaba a órdenes de un cartel del narcotráfico durante su odisea de cuatro meses para llegar a esta ciudad industrial y polvorienta ubicada en el valle del río Bravo, en la frontera con Texas.

Esperaba estar del otro lado mucho antes de que el papa Francisco llegara de visita a la frontera el próximo mes y dé una muy simbólica y esperada homilía que tocará la situación de los inmigrantes que viven en Estados Unidos.

Cientos de miles de peregrinos irán a la frontera a escucharlo hablar, y es probable que la clase política de Estados Unidos lo escuche también.

La inmigración es un tema que toca el corazón de Francisco, y aunque los analistas dudan de que el pontífice vaya a hacer un pronunciamiento político o se inmiscuya en la política estadounidense, se espera que su mensaje sea escuchado a ambos lados de la frontera por millones de personas.

Hablando en un refugio para migrantes mientras arreglaba para que un coyote la ayudase a cruzar la frontera hacia Estados Unidos, esta mujer de 25 años, que solo se identificó por su apellido, Miranda, dijo que había recibido amenazas de muerte en su país, que padece una ola de homicidios y que probablemente ha hecho de El Salvador el país más peligroso del mundo en 2015.

Miranda dice que ni siquiera sabía que el papa iba a venir a esta ciudad y que lo que diga Donald Trump u otros candidatos republicanos no la van a disuadir de su deseo de buscar una vida mejor.

“Eso no quita las ganas. Porque usted sabe que la migración jamás va a parar”, dijo la mujer. “Jamás”.

La violencia es rampante también en las vecinas Guatemala y Honduras, que había sido la capital mundial de los asesinatos en los últimos años. Pandillas de los tres países matan casi con total impunidad, extorsionan a grandes grupos de la población y reclutan a los jóvenes de manera tan agresiva que algunos dejan de asistir a la escuela.

Las estadísticas indican que los centroamericanos insisten en meterse en ese túnel pese a que México reforzó la vigilancia de su frontera sur.

Entre quienes están de afán y prefirieron no esperar está un hombre de 20 años que habló por teléfono desde San Salvador mientras se preparaba para partir de nuevo hacia el norte, pocos meses después de haber sido deportado de Estados Unidos.

Dijo que, durante su viaje al norte a mediados del año pasado, el cartel del Golfo lo secuestró y lo retuvo durante cinco semanas en Reynosa, hasta que su familia logró reunir dinero para su rescate. La Patrulla Fronteriza lo detuvo posteriormente y lo mandó de vuelta a su país. Hijo de un policía, el hombre volvió a recibir amenazas de pandilleros.

“Diciéndome (que) si no andaba con ellos que algo iba a pasar a mí o a mi papá”, dijo.

En Ciudad Juárez, el papa Francisco planea oficiar la misa a campo abierto en la frontera y luego caminar hasta el río Bravo y saludar a la gente del lado estadounidense, en una poderosa muestra de solidaridad.

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