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Madre aconseja no emigrar sin papeles: “no se imaginan el dolor tan grande de perder un hijo en el desierto”

El inclemente desierto de Arizona terminó con la vida de una salvadoreña que emigró de forma irregular. Su familia esperó más de cuatro meses para poder enterrarla. Su madre agradece enormemente a quienes le ayudaron con la repatriación.
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Fallecida. María Clementina Barrera era madre soltera de un menor de 14 años, quien se encuentra “destrozado”.

Fallecida. María Clementina Barrera era madre soltera de un menor de 14 años, quien se encuentra “destrozado”.

Madre aconseja no emigrar sin papeles: “no se imaginan el dolor tan grande de perder un hijo en el desierto”

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Consuelo Barrera aconseja, desde la experiencia, a otras madres de jóvenes que piensan emigrar de forma irregular. Les dice que no dejen que sus hijos se vayan así, “porque ese viaje es peligroso” y el dolor de perder un hijo en el desierto es “inimaginable”.

El 2 de noviembre Consuelo recibió una llamada de Migración de Estados Unidos, en la que le notificaban que los restos de su hija habían sido encontrados en el desierto de Arizona. Ella pensaba que su hija no le había vuelto a llamar porque había sido detenida en la frontera. Esa mentira fue la que el traficante de personas con quien viajaba su hija le había dicho.

El cadáver de María Clementina Barrera pasó más de cuatro meses en Houston, mientras su familia en El Salvador esperaba que cancillería y el respectivo consulado terminaran los trámites de repatriación. El viernes antepasado a Consuelo le devolvieron los restos dentro de una caja que llegó a recoger al Aeropuerto Internacional Monseñor Óscar Arnulfo Romero. “La caja no venía sellada, la abrieron, yo la pude ver, pude ver a mi hija”, detalla Consuelo, con ternura al decir “hija”.

Siete meses han pasado desde que María Clementina partió. El último domingo de febrero fue enterrada en Sensuntepeque, Cabañas, de donde era originaria. Una pequeña multitud acompañó el féretro hasta el cementerio, relató su madre a LA PRENSA GRÁFICA.

“Que no lo hagan, que no lo hagan, porque ese viaje es peligroso y que... no se imaginan el dolor tan grande de uno de madre cuando le dicen: ‘Su hijo murió en el desierto’. Gracias por nosotras las madres que nos devuelven a nuestros hijos, aunque sea muertos. Hay algunos que no saben dónde quedaron”, se consuela la mujer, que es vendedora informal.

“Aquí nacimos pobres, hay que seguir pobres. Nada más trabajar, aunque sea para la comida, en este país”, les dice a quienes piensan en emigrar así.

A pesar del dolor que ha pasado, Consuelo tomó fuerzas en una llamada telefónica con este periódico, para pedir que se les trasladen sus “agradecimientos” a todas las personas que ayudaron para que ahora su familia tenga dónde llevarle flores a María Clementina.

“(Quiero) comunicarles a toda la gente que colaboró para hacer posible que los restos de mi hija vinieran acá a El Salvador, para darles cristiana sepultura; a todos, a las instituciones, a cancillería, a Saúl Barrera (de la Alcaldía de Sensuntepeque), los que colaboraron para hacer que mi hija viniera... que gracias. Yo estoy muy agradecida”, dijo Consuelo.

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