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Maestra salvadoreña recibe homenaje en California

María Dolores Rosales llegó en 1958 a San Francisco, California, donde comenzó trabajando por 25 dólares al mes. Autoridades locales le rindieron un homenaje.
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En el año 1958, con 20 años de edad, María Dolores Rosales descendió del avión que la había llevado a San Francisco, California, Estados Unidos. Aunque la incertidumbre de llegar a una tierra extraña era grande, más firme era su determinación de progresar en ese país.  


Pronto comenzó a trabajar por un salario de 25 dólares al mes, que en ese tiempo le alcanzaba para sus gastos esenciales y acudir por las noches a la escuela para aprender inglés.

Ahora, después de sesenta años de aquella llegada incierta y de muchas jornadas de trabajo para alcanzar metas y sueños, las autoridades del Estado de California y de la ciudad de Pacífica, donde logró establecerse, organizaron un homenaje para esta salvadoreña visionaria y emprendedora que durante cuarenta años ha contribuido a formar a miles de ciudadanos estadounidenses a través de la Escuela Montessori de Linda Mar, de la que ha sido fundadora y maestra.

El miembro de la Asamblea del Estado de California, Gene Mullin, dijo que el acto busca “reconocer a una persona visionaria de nuestra comunidad que se ha distinguido por prestar valiosos servicios a las familias de Pacífica por más de cuarenta años”.

El reconocimiento coincide con la celebración de los cuarenta años de la Escuela Montessori de Linda Mar, de la que Dolores Rosales es directora y su esposo, el también salvadoreño Rolando Paredes Rosales, es subdirector.

Izq. a derecha: John Keener, Alcalde de Ciudad Pacífica; Virginia Kroger, representante de la Asamblea de California; maestra homenajeada María Dolores Rosales, directora de la Escuela Montessori de Linda Mar, y Rolando Rosales Paredes, subdirector.

En su discurso, el alcalde de Pacífica, John Kenner, hizo un recuento de los logros obtenidos por María Dolores Rosales a lo largo de cuatro décadas de brindar formación inicial a los niños de la ciudad y de las ciudades vecinas.

“Quiero compartir la felicidad de este día con mi familia, mis compañeros maestros, mis estudiantes y padres de familia porque todos hacemos posible las buenas obras de la Escuela Montessori”, expresó Dolores Rosales.

Y agregó que: “Alcanzar los sueños es una tarea diaria, difícil, pero cuando uno tiene el deseo de servir siempre la encuentra gratificante. Y eso hemos hecho con mi esposo Rolando en estos 40 años de trabajo educativo”.

DE HUMILDE CUNA

María Dolores Rosales es la última de once hermanos, nueve varones y dos hembras. Nació en el cantón El Rosario, municipio de San Ignacio, departamento de Chalatenango, y su madre falleció cuando ella tenía apenas siete meses de edad. Su infancia transcurrió en el municipio de Nueva Concepción, Chalatenango, cuando este era un pueblo pequeño y remoto al que se llegaba a lomo de mula y atravesando el río Lempa en lancha.

En ese ambiente de campesinos y sembradíos cimentó sus anhelos de buscar el progreso en otras tierras. Cuando llegó a San Francisco, California, en 1958, fue acogida por la familia Acevedo Llerena.


Tres años después, en 1961, contrajo matrimonio con Rolando Paredes Rosales y comenzó una nueva etapa en su vida en la que pudo alcanzar sus sueños de progresar, servir y forjar una hermosa familia en la que procrearon tres hijos: Mark, Twins Scott y Kirk.

Durante cinco años trabajó como maestra de parvularia en la escuela Phoebe Hearths Preschool, donde obtuvo una valiosa experiencia en atención de infantes. En 1975 se trasladó a Westlake, en Daily City, donde matriculó a sus hijos  Kirk y Scott en la Escuela Montessori, en la que además trabajó como maestra. Allí fue donde descubrió el Método Montessori de Enseñanza y lo adoptó como su norma de formación para los niños y  niñas.


El 28 de octubre de 1977 fundó la Escuela Montessori de Linda Mar y desde entonces, junto a su esposo Rolando Rosales, han logrado que su centro de aprendizaje para la niñez haya mantenido un sólido prestigio.

Por todo esto, las autoridades californianas le entregaron tres reconocimientos: un diploma de la Asamblea de California por parte de Kevin Mullin, otro de la Ciudad de Pacífica por parte del alcalde John Keener y el del Distrito Escolar de Pacífica entregado por la superintendente, doctora Wendy Tukloff.


De esta manera, la maestra salvadoreña María Dolores Rosales  se convierte en otro testimonio de que la gran mayoría de migrantes soñadores que llegan en busca de progreso a Estados Unidos contribuyen con el desarrollo y crecimiento de esa gran nación.

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