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Migración, la política exterior de Obama

“La banda de los ocho” senadores, cuatro republicanos y cuatro demócratas que llevan la negociación legislativa, está a punto de cerrar una propuesta de ley que supondrá la reforma migratoria más amplia en Estados Unidos desde que Ronald Reagan amnistió a 3 millones de indocumentados en 1986.
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Compromiso.  Obama se ha involucrado de lleno en el debate sobre la reforma migratoria, compromiso de campaña que le dio réditos con los latinos.

Compromiso. Obama se ha involucrado de lleno en el debate sobre la reforma migratoria, compromiso de campaña que le dio réditos con los latinos.

Migración, la política exterior de Obama

Migración, la política exterior de Obama

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En corto, la ley contempla un intrincado y, se prevé, lento camino para la legalización de 11 millones de indocumentados, medidas más severas de control fronterizo y profundas reformas a los permisos temporales para trabajadores extranjeros, las cuales privilegiarán la fuerza laboral con capacidades técnicas avanzadas.

La importancia que el voto latino tuvo en la presidencial de 2012 y seguro tendrá en la de 2016, pero también lo tóxico de las discusiones sobre el déficit fiscal o el control de armas, los otros temas de debate nacional que ocupan a la clase política de Estados Unidos, empujaron con fuerza las posibilidades políticas de la reforma. Pero como en 2007, cuando un esfuerzo similar se frustró, las batallas entre los grandes clientes de los partidos políticos, los sindicatos y el sector privado en este caso, estuvieron a punto de trabar las pláticas: en el punto sobre las visas temporales para trabajos de baja calificación, los privados querían 400,000 cupos para extranjeros y los sindicatos ni siquiera 100,000.

Al final, al decir de fuentes cercanas a las negociaciones, por la decidida presión de republicanos y demócratas –por lo que se juegan en términos electorales–, patronal y sindicatos llegaron a un acuerdo según el cual el número de visas se determinará “de acuerdo con las necesidades del mercado” a partir de un piso inicial de 20,000 a 75,000 visas. Con ese tema solventado, todo indica que la reforma va.

Para Barack Obama firmar la ley, en agosto se supone si el comité judicial del Senado recibe la propuesta de los ocho a mediados de abril, significará cerrar el primer año de su segundo mandato con una victoria política a la que no dudará en reclamar como su legado –mucho menos polémica esta y electoralmente mucho más rentable que la reforma de salud de su primer período.

La reforma migratoria, además, dará al presidente un argumento que, a falta de una conversación contundente –siquiera relevante– de política exterior con América Latina, podrá mostrar como su principal carta de presentación cuando en mayo visite a sus homólogos mexicano y centroamericanos: ahí donde la guerra contra las drogas solo ha traído quebraderos de cabeza a Washington –fiasco en la Cumbre de Cartagena en 2012, programas antidrogas opacados por los muertos en México y Honduras–, ahí donde las pláticas sobre comercio existen hoy sobre todo entre suramericanos y entre Suramérica y poderes emergentes, ahí la reforma migratoria dará a Obama un respiro respetable, al menos con México y el triángulo norte de Centroamérica, aliados tradicionales.

El Salvador debe estar preparado ahora para leer la letra pequeña. La buena noticia es que, con el camino a la legalización de indocumentados abierto, casi todos los compatriotas que estén en suelo estadounidense cuando Obama firme la ley podrán quedarse y, eventualmente, trabajar sin miedo a la deportación. Las malas noticias son: que el camino puede ser muy largo y que mientras la legalización se concreta las grietas para la deportación seguirán abiertas; que el programa de visas familiares –el camino más transitado por los salvadoreños desde los noventa para obtener la residencia– será reducido; que en sectores como la construcción, nicho histórico de nuestra fuerza laboral, el número de visas puede ser tan bajo como 15,000 al año; que no está claro cuál será el camino para los tepesianos.

Lo dicho: la reforma migratoria será de aquí a 2016 la principal conversación de política exterior entre Estados Unidos y Centroamérica. El Salvador debe entenderlo así cuando piense de qué y cómo hablará con Washington en representación de los compatriotas que viven aquí.

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  • banda de los 8
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