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Muestran miedo a la deportación desde la mirada de los niños

Una artista que llegó como inmigrante a Estados Unidos retrata la realidad de las familias indocumentadas. El temor y la curiosidad de una niña son protagonistas en “Rosita se asusta”.

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Efe/LA PRENSA  Realidad.  Las familias  de estatus mixto –con personas con documentos o sin ellos– sufren por el miedo a la separación.

Efe/LA PRENSA Realidad. Las familias de estatus mixto –con personas con documentos o sin ellos– sufren por el miedo a la separación.

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La ilustradora y maestra estadounidense de origen mexicano Victoria Álvarez recurre en su cómic “Rosita se asusta” a los ojos de una niña de 12 años para mostrar a los más pequeños los temores y traumas que sufren los indocumentados que temen ser deportados.

“Las historias de los indocumentados y deportados están todos los días en las noticias, con un vocabulario que solamente entienden los adultos”, explica a Efe Vicko, como la llaman amigos y seguidores.

Los niños “interpretan a su manera lo que ven”, por lo que la autora quiere enseñarles a través de un cómic interactivo a interpretar la realidad “a través de los ojos de Rosita”, una niña que un día ve cómo detienen a un vecino para ser deportado.

Este hecho “realmente raro” pone a pensar a la pequeña, que comienza a temer por el futuro de su hogar, donde su madre, soltera, es su único sostén. Rosita relata en las viñetas que vio llegar a unos desconocidos a donde vive. “Parecían policías, pero no estoy segura”, dice, para en otro recuadro explicar que se oyeron gritos y abrió la “puerta para escuchar mejor”, pero entonces su madre la cerró inmediatamente para alejarla del peligro.

“El señor Vidal es mi vecino del piso de abajo, miro por mi ventana y veo que la gente extraña se lo lleva”, dice la niña al relatar, sin saberlo, una detención realizada por supuestos agentes de Inmigración.

En la ficción, la madre de Rosita no la dejó salir a la calle durante dos semanas por temor, lo que hace que la niña pregunte al lector: “Y a ti, qué te da miedo”.

Vicko dice que “hay muchas Rositas” en Chicago (Illinois), donde vive, o en la ciudad texana de Dallas, donde nació. Niñas que fueron sus compañeras en la escuela y que ahora ve jugando en el vecindario de Humboldt Park.

“Muchas veces no nos damos cuenta de que les pasamos el miedo a los niños, al decirles que no le cuenten a nadie que no tienen papeles, que tengan cuidado con los policías o los que vengan a golpear la puerta”, agrega.

La autora afirma que su intención original fue escribir un libro sobre el miedo en general, como continuación de su primer cómic, “ScholaR Gets Angry”, pero finalmente decidió enfocarse en el temor a la deportación como una herramienta educativa.

Este libro, pensado para niños de entre nueve y 12 años, está “diseñado como un instrumento pedagógico para el aprendizaje social y emocional culturalmente relevante de todos los niños, pero especialmente los niños indocumentados o que tienen familiares indocumentados”, señala la editorial.

“Mi meta es alentar a los adultos para que ayuden a crear espacios donde los niños puedan hablar sobre sus temores”, dice la autora, cuyos padres llegaron como indocumentados en la década de 1980, pero ya regularizaron su estatus migratorio.

Al mismo tiempo que crea un cómic sobre una niña indocumentada, Vicko confía en que su historia pueda cambiar la cultura y así llegar a convivir en un mundo infantil habitado generalmente por superhéroes “güeros (rubios)”, aunque su protagonista es “bien diferente”.

Vicko ha colaborado con grupos proinmigrantes de Chicago como Comunidades Organizadas contra las Deportaciones para incorporar en sus trabajos materiales que promueven los derechos de los inmigrantes, para que estén preparados para las redadas y posibles interrogatorios de agentes migratorios.

“Rosita se asusta” incluye además un apartado de actividades y un glosario con términos relacionados con inmigración y consejos prácticos sobre cómo actuar en el supuesto caso de una redada, además de una explicación de la diferencia entre policías y agentes de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE).

Aunque sus padres ya tienen papeles, Vicko explica que tiene primos de su edad que no han podido regularizar su estatus migratorio, por lo que el miedo a las deportaciones y la separación es algo “latente” en su familia, como en la de los millones de indocumentados que viven en el país.

Piden renovación para TPS

Un grupo de activistas se concentró ayer en el exterior de la alcaldía de Los Ángeles, California, para pedir al concejo municipal que apruebe una resolución que aboga por la renovación del Estatus de Protección Temporal (TPS) y la concesión de la residencia permanente a sus beneficiarios.

En la manifestación, los activistas y sindicalistas contaron con el apoyo del concejal Gil Cedillo, quien ayer presentó ante el Comité de Reglas del concejo de esta ciudad una resolución a favor de los beneficiarios del TPS, que se calcula se ha otorgado a unas 430,000 personas en Estados Unidos.

“El fútbol político que Donald Trump juega con miles de inmigrantes debe de parar ya”, dijo Gil Cedillo, durante la concentración en el patio exterior de la alcaldía.

“Debemos dejar bien claro, de parte de la ciudad y el estado (de California), que debemos de tener una reforma migratoria integral”, señaló el concejal, quien en su resolución señala que muchas de las 430,000 personas, originarias de 10 países, que son beneficiarias de TPS pertenecen al “tejido cultural y económico” de la ciudad de Los Ángeles.

El concejo municipal debe apoyar “cualquier acción legislativa o acción administrativa (presidencial) que extienda el programa de TPS con el fin de evitar más sufrimiento a los beneficiarios”, dice el texto de la resolución, que será llevada a votación en un estimado de dos semanas.

En Estados Unidos residen miles de inmigrantes con TPS, entre ellos 2,550 de Nicaragua y 57,000 de Honduras, a quienes el mandatario Bill Clinton les aprobó el amparo tras el paso del huracán Mitch en 1998.

Se contabilizan también unos 190,000 salvadoreños beneficiados con el TPS, tras los dos terremotos que entre enero y febrero de 2001 causaron estragos en el país centroamericanos, y cuya vigencia se extiende hasta el 9 de marzo de 2018.

El TPS se ha concedido históricamente a los extranjeros que no pueden volver con seguridad a su país natal.

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