“Muy dentro hay esperanza” para DACA

Enlace copiado
“Muy dentro hay esperanza” para DACA

“Muy dentro hay esperanza” para DACA

Enlace copiado

Adonias Melara es un “soñador” originario de Ahuachapán (El Salvador) que ha estado por casi una década al frente de la lucha por conseguir una vía de legalización para los jóvenes inmigrantes que, como él, llegaron a Estados Unidos de la mano de sus padres y siendo unos niños.

Melara tenía 13 años cuando emigró de forma irregular desde El Salvador hacia el norte. Iba huyendo de las pandillas, junto a su mamá. Trabajó lavando trastes, limpiando casas, oficinas, “de todo”. Por ser de la comunidad LGBT, dice que de regresar como deportado a El Salvador se enfrenta a la muerte, porque en los vecindarios donde creció dominan pandilleros que ya han matado a algunos de sus amigos. No asimiló que vivía “sin papeles” hasta que se graduó del “high school” (bachillerato). Quería una beca, anhelaba seguir estudiando, pero no calificaba por su estatus migratorio.Fue en ese momento que se comenzó a involucrar con activistas de inmigración. En 2009 conoció a la organización de inmigrantes jóvenes más importante de Estados Unidos: United We Dream (Unidos Soñamos, en inglés).

Ahora, “Ado”, como le llaman sus amigos, vive en Arizona. Él vivió la emoción sin precedentes de cuando el “Acta del Sueño” (Dream Act) estuvo a “pasitos” de convertirse en una ley que protegería a los miles de jóvenes inmigrantes que en ese momento vivían aún en las sombras. El acta “no pasó” por cinco votos en el Senado, recuerda el compatriota.

“Eso creó ese movimiento de ‘dreamers’ en todo el país. En el momento el presidente era (Barack) Obama y empezaron las redadas, deportaciones, gente con títulos universitarios”, repasa Melara.

El movimiento de los “soñadores” se alzó para presionar al expresidente Obama. El 15 de junio de 2012, en la tarde, Obama firmó la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, en inglés). Una orden ejecutiva que sacó de las sombras a jóvenes como Ado.

Desde la primera fecha de inscripción, estos permisos se han acumulado hasta llegar a ser alrededor de 800,000 “soñadores” de más de 20 países. Hoy en día, hay unos 30,000 salvadoreños con la oportunidad de estudiar y trabajar de forma legal en Estados Unidos gracias a DACA.

Melara ha usado ese beneficio para ayudar a su familia en Estados Unidos y en El Salvador.

Pero DACA se convirtió de nuevo en fantasía el 5 de septiembre pasado, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la canceló. Desde esa fecha, no se dan nuevos permisos y quienes ya tienen sus documentos tenían hasta el 5 de octubre pasado para renovarlos. Lo que significa que no habrá DACA más allá de 2019.

Melara será uno de los últimos “soñadores”, porque su más reciente renovación vence en ese año. Si el Congreso no ha encontrado una salida legal antes del 5 de marzo de 2018, se enfrentan a “la posibilidad real de la deportación”, en palabras de la congresista demócrata Michelle Lujan Grisham.

A Melara le afecta “la incertidumbre de no saber qué va a pasar ahora”, porque su “mamá no tiene papeles, mi familia no tiene papeles”. Le preocupa perder su trabajo y si la información que le confió al Gobierno de Estados Unidos para inscribirse a DACA será compartida por la administración Trump con Inmigración para deportarlo.

A pesar de eso, dice que “muy dentro hay una esperanza”, porque “el movimiento inmigrante de jóvenes sigue luchando y sobreponiéndose”.

Lee también

Comentarios

Newsletter