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Pandilleros la violaron y torturaron por ser lesbiana, sobrevivió y logró asilo en EUA

Antes de obtener asilo político en Estados Unidos, ella también sufrió varios meses en una cárcel a manos de las autoridades migratorias de ese país.
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Pandilleros la violaron y torturaron por ser lesbiana, sobrevivió y logró asilo en EUA

Pandilleros la violaron y torturaron por ser lesbiana, sobrevivió y logró asilo en EUA

Foto con fines ilustrativos/LPG, archivo.

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En 1988, hace 29 años, las pandillas aún no estaban tan arraigadas en El Salvador pero su violencia ya se hacía sentir. Ese año, mientras esperaba el bus, una mujer fue raptada por dos miembros de estas estructuras, quienes la violaron solamente por el hecho de tener una orientación sexual diferente. Ella es lesbiana.

No les bastó e intentaron matarla, la rociaron con ácido, le intentaron cortar los dedos con una tenaza y la acuchillaron repetidas veces. Ella no falleció, pero quedó llena de cicatrices que la acompañan hasta estos días.

Producto de la violación, ella tuvo un hijo que crió hasta los cinco años, cuando ante las constantes amenazas y por temor a su vida y a la de su familia decidió emigrar hacia Estados Unidos y lo dejó al cuidado de su hermana y el esposo de esta, quien le dio el segundo apellido.

La historia de Rosalina Menjívar ha sido recogida por el periódico La Opinión, a quien Menjívar le relató parte de lo que ha sido su vida y cómo finalmente ahora goza de un asilo político en Estados Unidos, no sin antes haber atravesado momentos sumamente difíciles en ese país, a manos de las autoridades de migración, debido a que no tenía permisos legales para residir ahí.

Debido a lo sufrido en El Salvador, a su llegada a Estados Unidos, Menjívar incurrió en el uso de las drogas y un día fue detenida bajo sus efectos cuando manejaba un vehículo. En marzo del año pasado fue arrestada por no acudir a una cita en la corte y fue llevada con el Servicio de Migración y Aduanas (ICE) que la recluyeron en el Centro de Detención de ICE en Adelanto durante 14 meses,.

Sobre el tiempo en que estuvo encarcelada, Menjívar contó a La Opinión que “es una vida muy dura, complicada; la comida es pésima” y solo los miércoles y jueves comían pollo, por lo que esperaban esos días “con ansias”.

Mientras estuvo en prisión se entretenía cantando o escribiendo canciones y poemas, también pensamientos. Una vez estuvo en el “hoyo”, una celda de castigo, a raíz de una pelea con otras internas. Cuenta que la sacaban a bañarse con las manos atadas, no tenía con quien hablar y estuvo ahí por cinco días.

Un día intentó suicidarse. Fue llevada de emergencia a un hospital para ser atendida y posteriormente la trasladaron a otro especializado en salud mental.

Menjívar buscó la ayuda de la abogada Ericka Román, quien visitaba con regularidad el centro de atención migratorio y retoma casos sin cobrar por sus servicios.

“Todo ha sido gratis. Fue como si Dios me mandara un ángel. Yo fui un poquito rebelde y terca, pero con esta abogada que me puso en mi camino, me concedió un milagro. Estoy muy agradecida por la oportunidad”, dijo Menjívar a La Opinión.

“Yo escojo con cuidado los casos que atiendo de manera gratuita porque solo tengo dos manos para ayudar, pero su historia no la podía hacer a un lado”, dice Román, según las palabras citadas por el periódico.

La abogada inició el trámite para solicitar asilo político. Aunque no tenían reportes policiales sobre lo acontecido, bastó con el testimonio de Menjívar y su familia, así como las cicatrices de su cuerpo.

El asilo le fue concedido y en mayo pasado la sobrina de Menjívar fue quien le llevó la noticia de que, al fin, quedaba libre.

Esta salvadoreña asegura que con este beneficio está lista para comenzar a trabajar y buscar a su hijo, quien ahora es un adulto y nadie sabe su paradero. José Menjívar Membreño escapó a México después de que pandilleros intentaran matarlo por negarse a unirse a la estructura delincuencial; desde entonces, no han vuelto a saber de él.

Mientras tanto, Menjívar ha manifestado que cuando pueda viajar, El Salvador es el último lugar que querría visitar.

Ella no es la única persona de la comunidad LGTBI que ha sufrido en El Salvador. Los relatos de personas de esta comunidad sobre los abusos, violencia y acoso a los que son sometidos por parte de las pandillas e, incluso, cuerpos de Seguridad Pública, son parte de las demandas que este sector ha expuesto en repetidas ocasiones.

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