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Presupuesto y Siria amenazan reforma migración

Un día, la reforma migratoria integral y su futuro en el Congreso de EUA aparecen claros; al otro, se les ve difuminados por el resto de batallas políticas de Obama.
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Ley.  El Senado de California aprobó el jueves pasado una ley que otorgaría licencias a dos millones de indocumentados, otro de los temas pendientes a escala federal.

Ley. El Senado de California aprobó el jueves pasado una ley que otorgaría licencias a dos millones de indocumentados, otro de los temas pendientes a escala federal.

A favor.  Mujeres fueron arrestadas el 12 de septiembre en una jornada a favor de la reforma migratoria en Washington, D. C.

A favor. Mujeres fueron arrestadas el 12 de septiembre en una jornada a favor de la reforma migratoria en Washington, D. C.

Presión.  Activistas a favor de la reforma migratoria participan en una protesta cerca del Capitolio, en Washington, D. C.

Presión. Activistas a favor de la reforma migratoria participan en una protesta cerca del Capitolio, en Washington, D. C.

Presupuesto y Siria amenazan reforma migración

Presupuesto y Siria amenazan reforma migración

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El otoño de 2013 encontrará a Barack Obama en el prefacio de una batalla frontal con los republicanos en el Capitolio por afianzar las reformas migratoria y de seguridad médica, el Obamacare, los dos cuerpos de ley que el presidente de Estados Unidos quiere convertir en los legados de sus períodos en la Casa Blanca.

El futuro de la discusión sobre la reforma migratoria, que quedó en suspenso cuando la cámara baja se fue al receso veraniego en agosto, es, por hoy, incierto.

No solo es que la bancada republicana siga dividida en torno del tema, entre aquellos en el liderazgo partidario proclives a encontrar una fórmula para aprobar una ley que no aleje al influyente voto latino y quienes entre los más conservadores afines al Tea Party no quieren saber nada de legalizar indocumentados; es, también, la energía política que absorben la coyuntura de la crisis en Siria y la petición que Obama hizo al Congreso de aprobar una intervención armada “limitada” contra el régimen de Bashar al Asad, acusado por Washington de utilizar armas químicas contra sus propios ciudadanos el 21 de agosto cerca de la ciudad de Damasco.

Hace solo una semana, cuando Obama formalizó su petición al Congreso de que apruebe la intervención en Siria, cundió la alarma en la prensa, entre analistas y el “lobby” latino de que la reforma migratoria podría morir incluso antes de entrar a la batalla política final, que supone el paso por la cámara baja de la ley aprobada en el Senado en julio pasado, que contempla un camino a la legalización de 11 millones de indocumentados y la ampliación de medidas de seguridad en la frontera con México.

Con el paso de los días y conforme la posibilidad de una salida diplomática en Siria se asienta en Washington, la ansiedad ha disminuido y el tema migratorio ha vuelto a ocupar espacios públicos, al menos en la calle: el pasado jueves 12, un grupo de organizaciones civiles protagonizó una jornada de desobediencia civil frente al Capitolio, en la que varias mujeres indocumentadas fueron arrestadas en forma simbólica, y para principios de octubre varios grupos de “lobby” latino han convocado marchas multitudinarias en Washington, Chicago, Los Ángeles y otras ciudades.

Doris Meissner, miembro de la directiva del Migration Policy Institute y exasesora de la administración de Bill Clinton en temas migratorios, cree que aún es pronto para saber el efecto final que el tema sirio tendrá en el resto de la agenda política en Washington.

“Puede afectar en términos de tiempo en el calendario del Congreso, que ya antes de Siria era muy limitado, porque estaba lleno de un número de temas que implican mucha presión, como el presupuesto. Siria es un nuevo factor que requiere tiempo y atención del que antes no sabíamos”, dice Meissner. Pero añade la especialista un matiz: “El tema es muy fluido. Vemos que tras la posibilidad de una salida diplomática el voto en el Congreso ha sido pospuesto, y las cosas pueden cambiar”.

“Siria podría estancar el trabajo del Congreso”, titulaba el Washington Post el 8 de septiembre en primera plana.

En el artículo del Post hay referencias reveladoras en torno del debate migratorio. Por un lado, el alivio de algunos republicanos de que un tema tan complicado para el partido quede, por ahora, en segundo plano: el representante Jason Chaffetz, de Utah, se muestra aliviado ante los reporteros porque Siria ha desviado la atención de sus votantes hacia “algo que no sea la oposición a la ley migratoria”. También, dice la nota, una firma consultora de Wall Street advirtió a sus clientes, justo después de la explosión de la crisis Siria en Washington, que las posibilidades de que la reforma pase antes de la próxima primavera (abril-mayo de 2014) cayeron de 60 % al 30 %.

Peter Hakim, presidente emérito del Diálogo Interamericano, coincide en que Siria “puede afectarlo todo”. “Primero, (Siria) está consumiendo el tiempo y la atención de todos en Washington. El tema migratorio ha sido dejado de lado e incluso puede retrasarse hasta el próximo año, un año electoral (legislativas), lo que hará más difícil generar votos republicanos y algunos demócratas en distritos cambiantes (que no son marcadamente demócratas o republicanos).”

Obama contra cámara baja

Frente a sí, Obama tiene un congreso hostil, sobre todo en la cámara baja, dominada por una fracción republicana fraccionada en sí misma y empeñada en obstaculizar en cualquier tema que pueda implicar una ventaja política para el presidente, ya sea migración, la deuda interna, el Obamacare o una posible intervención armada en Siria.

El comentarista George Packer describe así la hostilidad republicana en The New Yorker: “Hay un grupo que habla de la crisis en Siria como si fuera una extensión de la crisis de la deuda interna: como otra oportunidad de frustrar a un presidente al que desprecian”.

Hakim y Meissner coinciden en que en esta batalla política el tema sirio puede tener un efecto más sutil, pero también determinante para la capacidad de maniobra que Obama tenga a la hora de asegurar su legado, también en el tema migratorio.

“La autoridad de Obama y su habilidad para liderar está en juego. Si el asunto sirio termina mal para el presidente, su autoridad se verá comprometida y su habilidad para persuadir a otros disminuirá. Se verá seriamente afectado en casa y fuera. Y sí, si el asunto sirio termina bien, entonces estará en una mejor posición para empujar la reforma migratoria y otros asuntos”, opina Hakim.

Meissner, por su parte, añade otro matiz: “Si la solución diplomática (en Siria) funciona, Obama fortalecerá su posición de liderazgo, pero eso no se traslada automáticamente a la discusión migratoria: mientras una intervención militar es un asunto exclusivamente presidencial, el tema migratorio es prerrogativa exclusiva del Congreso. Eso dicho, si Obama sale bien del tema Siria –y creo que ya está haciéndolo: ya Siria aceptó que tiene armas químicas y la solución no armada parece viable–, su estatura como líder fortalecido tendría, en general, efectos en el Congreso”.

No es solo Siria. Está también el presupuesto: la cámara baja también ha pospuesto un voto sobre el financiamiento del Gobierno y con ello la discusión sobre Obamacare, el programa al que algunos republicanos han propuesto desfinanciar para aumentar la caja chica de Washington, que según cálculos en la ciudad, se quedará sin efectivo a principios de octubre.

Los demócratas de Obama siguen, por ahora, fijos donde estaban antes del fin del verano: sin ceder en la fórmula de legalización y seguridad fronteriza de la reforma migratoria, sin ninguna intención de desfinanciar Obamacare y tratando de pasar la lluvia siria con los menos rasguños posibles.

Con todos los cálculos políticos en juego, lo único que parece cierto, por ahora, es que la mejor forma de matar la reforma es, como advierte Hakim, acercarla lo más posible al tóxico período preelectoral legislativo. En la calle, los indocumentados y el “lobby” pro reforma planean seguir recordando a unos y a otros su principal línea narrativa hasta ahora: será muy difícil volver a ganar el ticket a la Casa Blanca sin el voto latino.

*El autor es investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos de la American University en Washington, D. C.

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