“Sacar la bandera (de ESA) ha sido un momento culmen”

Una compatriota radicada en Estados Unidos viajó hasta el monte Everest para cumplir una meta y representar al país en lo más alto del mundo.
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“Sacar la bandera (de ESA) ha sido un momento culmen”

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Connie Sol es una mujer que no se quiebra ante las incomodidades, ya sean físicas o espirituales. Su cuerpo y su voluntad son fuertes. La han llevado a escalar montañas, a recorrer triatlones y a estar en uno de los lugares más cercanos al cielo que hay en este mundo. Cada uno de esos momentos de gloria personal los ha aprovechado para ondear la bandera de El Salvador, llena de orgullo y emoción. Un país en el que pasó 18 años, antes de irse a vivir a Florida, Estados Unidos. Pero el momento de sostener ese azul y blanco en algún escenario emblemático, luego de cumplir otra aventura en su lista, le sigue conmoviendo como a una niña.

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Lo que sintió al sacar la bandera luego de escalar hasta el Campo Base Sur del monte Everest es difícil describirlo en palabras. Así que toma una pronunciada pausa antes de decir: “(Fue un momento) de representar al país. Siempre, en los momentos en los que he podido sacar la bandera en eventos, siempre ha sido un momento culmen”.

Lograrlo le tomó seis meses con 17 días. Fueron seis meses solo de preparación para el reto final. Fortaleció su cuerpo y su voluntad buscando elevaciones para practicar. La escalada duró 17 días. Nunca, ni mientras practicaba, ni en cada uno de los pasos que dio al escalar, dudó de ella.

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El monte Everest es la elevación más alta de la Tierra y está en Asia. Es parte de la cordillera del Himalaya. “Llegar al campamento fue un objetivo porque es un lugar de historia en el montañismo. Uno tiene un concepto de lo que es, un lugar desolado, frío. Cuando me vino la oportunidad de hacer esta expedición, la tomé”, cuenta la mujer que a sus 57 años sigue buscando desafíos.

La expedición fue para recaudar fondos para una organización de Australia que junta fondos para pagar a cirujanos plásticos que ayudan a niños con deformidades causadas por quemaduras severas, relató la connacional a LA PRENSA GRÁFICA.

Connie es doctora en fisiología de ejercicios y biomecánicas del movimiento en el deporte. Ha trabajado con el Comité Nacional de Paralímpicos de Estados Unidos y representó a El Salvador en el triatlón del 97. “Siempre me ha gustado llevar la bandera, somos chiquitos pero bien representados”.

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Lleva años practicando el montañismo e incluso ha participado en carreras de hasta una semana, “sin dormir, en lugares remotos con un mapa”. “Siempre he tenido esa pasión, de escalar, aunque no el Everest porque la montaña en sí pide vidas”.

En los días que estuvo en el área murieron tres personas. “No es una broma, es un reto. Uno se la juega. Subirla nunca me llamó la atención, hay otras montañas”, prosigue con seguridad.

Con un grupo de 20 personas ascendía unos 2,000 o 3,000 pies al día. Caminando a paso uniforme por ocho horas. De su equipo, todos lograron llegar hasta el campamento.

La fuente de trabajo en esta zona fronteriza entre China y Nepal es el turismo.

Para el ascenso, se llevan unos 10 kilos en la bolsa personal. El resto lo lleva un “portador”. Él, o ella, lleva las bolsas encima y corre con ellas. Connie las describe como personas “fantásticas”.

Connie también ha trabajado en investigaciones para universidades. La Universidad de Miami, el Hospital de Veteranos, la Universidad de Alabama, la Universidad de Nueva Southeastern, la han buscado para colaborar en varios estudios que tienen que ver con fatiga crónica.

Estuvo en negocios por varios años y luego comenzó con el deporte. Ahora es a lo que se dedica, y sobra decir que le encanta.

“Siempre me gustó el deporte, pero no lo practicaba mucho porque el negocio es lo que le paga, el deporte no paga, pero uno tiene mucho más de espiritualidad”.

En esa cima dejó una bandera de oración que una amiga que perdió a su hijo le pidió amarrar porque “iba a ser el lugar donde él iba a estar más cerca del cielo”.

“Puse el nombre de ella, puse el nombre de un tío que se murió también, y lo amarré... y lo vi allí, esa bandera, en el lugar más cerca del cielo. Después abrimos la bandera de El Salvador y eso fue... lo máximo. Un momento para toda la vida”, recuerda.
 

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