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Salvadoreña refugiada en California, preocupada por su hijo que viaja en la caravana centroamericana

Todo lo que desea es reunirse con el menor para forjarse juntos una nueva vida sin miedo y con oportunidades. 

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Verónica Aguilar, espera ansiosa que su hijo de 15 años que viene en la Caravana Centroamericana, llegue con bien a la frontera sur. (Foto suministrada)

Verónica Aguilar, espera ansiosa que su hijo de 15 años que viene en la Caravana Centroamericana, llegue con bien a la frontera sur. (Foto suministrada)

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Ansiosa y estresada, Verónica Aguilar, no se despega de las noticias sobre la caravana centroamericana que viaja a través de México con la meta de llegar a la frontera sur para pedir asilo político en Estados Unidos.

“Mi hijo de 15 años viene en esa caravana. Se les unió en Tapachula, Chiapas”, revela Verónica, quien emigró al país, el año pasado también en busca de asilo.

“Estoy muy preocupada, pero Dios va a cuidar y bendecir esta caravana de inmigrantes que ha salido huyendo por el problema de la violencia”, dice.

Verónica habla con su hijo todos los días. “Me cuenta que no pensó que iba a ser tan duro el viaje. Anda un poco mal de la garganta. Aunque está tranquilo, uno como madre no quiere ver el sufrimiento de sus hijos”, menciona.

Su madre de 54 años, decidió unirse a la caravana para acompañar al nieto hasta que se entregue a las autoridades de migración en Tijuana. “Ella es mi súper héroe. Ampollada y todo, va acompañando a mi niño en el camino. No se han querido subir al tren, solo caminan y avanzan en los pocos raites que les dan”, observa con tristeza.

Durante el trayecto por el sur de México, su hijo y su madre han vivido y comido de lo que la gente les da en el camino.

“Ha disminuido el número de migrantes, pero es demasiada gente la que viene en la caravana. Primero Dios, esperamos que lleguen con bien a Tijuana”, dice.

Por salvar la vida

Verónica salió el 7 de octubre de 2017 de El Salvador. El 12 de noviembre de ese mismo año, se entregó a las autoridades de migración en la frontera sur y solicitó asilo.

“Me tuvieron detenida hasta el 15 de junio pasado en el Centro de Detención Musick del condado de Orange. Me dejaron salir libre con un grillete electrónico en el tobillo”.

Dice que la gente no sale de sus países por gusto. “Honduras y El Salvador están considerados entre los países más violentos del mundo. Uno se cansa de vivir mal. Nuestros gobiernos no tienen capacidad para hacer nada. Uno vive con miedo de que un día le vayan a poner una pistola en la cabeza, y por no saber si vamos a tener un plato de comida”, señala.

Verónica salió de El Salvador con solo 100 dólares en la mano.

¿Vale la pena dejar el país de origen para venir a Estados Unidos; y al llegar, ser separados de los hijos y puestos en detención por meses, además de un largo y arriesgado viaje por México con muchas privaciones y peligros?

“Cuando uno viene huyendo para salvar su vida, sí vale la pena. Uno quiere forjarse una nueva vida”, dice sin pensarlo.

Desafortunadamente, se lamenta, las oportunidades para un asilo son muy pocas. “Las autoridades de migración no creen en la violencia de nuestros países. No creen que parte de lo que estamos viviendo son las consecuencias del apoyo que el gobierno de Estados Unidos ha dado a los gobiernos de nuestros países. Ellos apoyaron al ejército durante la Guerra Civil  de El Salvador y el golpe de Honduras”, externa.

Encuentra un hogar

Verónica fue acogida por una familia anglosajona en la ciudad de Pinole, en el norte de California que han sido sus patrocinadores. “Ellos me cuidan, me han dado un techo. Me siento bendecida. Salgo a la calle sin miedo”.

Dice que decidieron que su hijo se uniera a la caravana por el miedo a que le pasara algo. “Él casi no salía de la casa, solo iba a la escuela. A veces, me quería acompañar al centro. Yo le decía, ni se te ocurra. Los pandilleros le han arrebatado a los padres a muchos adolescentes“, dice.

Su mayor deseo es que el viaje de la caravana de centroamericanos por México transcurra en paz, y que al entrar a Estados Unidos para pedir asilo, las autoridades de migración no detengan por mucho tiempo a su hijo.

Sin embargo, admite que tiene miedo que civiles armados vayan a la frontera y ataquen a la caravana.

“Es muy triste que el presidente Trump, viniendo de una familia de inmigrantes, apoye a la gente armada. No entiendo por qué tantas injusticias. Venimos aquí huyendo de la violencia y la falta de empleos. No somos personas malas, y puedo asegurar que la mayoría, como mi hijo, somos gente humilde que solo buscamos una oportunidad de vida“, exclama.

Regresan lo que han recibido

Kent y Ann Moriarty decidieron darle un techo a Verónica desde julio que fue liberada del Centro de Detención Musick.

Teníamos el espacio y decidimos abrir nuestro hogar, es una pequeña forma de ayudar“, dice Ann Moriarty.

“Es importante ayudar a los refugiados y a las personas que son nuevas en nuestro país en especial en estos momentos que bajo la administración Trump hay mucho miedo y odio hacia los inmigrantes  y los refugiados”, comenta Anna.

Platica que ella y su esposo han tenido la oportunidad de viajar y pasar mucho tiempo en México, Guatemala, Honduras, El Salvador y Suramérica. “La gente siempre ha sido muy hospitalaria con nosotros. Sentimos que nosotros debíamos hacer lo mismo por ellos cuando vienen a nuestro país”, dice.

La experiencia de acoger a Verónica en su casa en los últimos meses, ha sido muy satisfactoria. “Estamos muy sorprendidos de su fortaleza. A pesar del dolor y sufrimiento que ha pasado, escribe cartas a los inmigrantes detenidos y los ayuda a buscar conexiones. Es admirable”, sostiene.

Se calcula que 4,000 inmigrantes forman parte de la caravana centroamericana, pero detrás de ella vienen pequeñas caravanas.

El gobierno del presidente Trump ha enviado a la frontera sur, miles de tropa para asistir en las operaciones de seguridad. Ha declarado que los militares pueden abrir fuego, si alguien les avienta piedras.

“Ellos quieren tirar piedras a nuestros militares. Nuestros militares van a responder como lo hicieron los militares de México. Yo digo que consideren un rifle”,  dijo.

Artículo retomado del periódico La Opinión 

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