Salvadoreño destaca con honores en ciencia y servicio comunitario en Canadá

Diego Fernando Mendoza, un salvadoreño de 29 años, fue acreedor el martes de la semana pasada, de dos de los más honorables premios de un programa de Tecnología Química y Ciencias Biológicas, durante la ceremonia de graduación del Red River College, Canadá.
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Tras partir hacia Canadá con su familia en 1993, luego de los años de guerra civil en el país, el salvadoreño Diego Fernando Mendoza, ahora con 29 años de edad, no ha dejado de cosechar éxitos y poner en alto el nombre de El Salvador.
 
Este prolífico salvadoreño se graduó con honores la semana pasada del programa School of Health Sciences and Community Services (Tecnología Química y Ciencias Biológicas), del Red River College, ubicado en Winnipeg, capital de la provincia de Manitoba, Canadá.
 
Por sus calificaciones, su actitud y por su servicio a la comunidad y al país, Diego fue premiado con el más alto reconocimiento de la escuela: la medalla del Lieutenant Governor de Manitoba, quien es el representante de la Reina Elizabeth II -reina de Canadá- en la provincia.
 
Un máximo de cuatro medallas del Lieutenant Governor de Manitoba son entregadas cada año a estudiantes que han sobresalido por sus logros académicos y por su participación en actividades comunitarias.
 
Además, recibió la medalla de oro en Tecnología Química y Ciencias Biológicas, por obtener el mejor promedio de todo el programa.
 
Su amor por las ciencias surgió cuando Diego era apenas un niño y observaba a su abuelo, su padre, un tío y una tía trabajar con químicos y equipos científicos en el interior de un laboratorio. Entonces se interesó por la carrera. “Mi familia es de científicos, y es importante para mí seguir esa tradición, pues ahora entre todos los primos, solo yo y uno de mis hermanos seguimos en el campo; los demás están en negocios”, dijo a LA PRENSA GRÁFICA.
 
Con trabajo duro y voluntad ha superado cada obstáculo que se le ha presentado a lo largo de su vida. Desde los 12 años de edad trabajó con diversos programas municipales limpiando aceras y parques; luego trabajó como cocinero y en control de calidad con una empresa de alimentos. Esto le permitió tener acceso a clubes y eventos extracurriculares -como los deportes-, a los que no todos los emigrantes tienen acceso por la falta de recursos económicos.
 
En el 2003, se graduó en Bachillerato Internacional y en el 2008 se tituló en Ciencias con especialidad en Microbiología, en la Universidad de Manitoba. Posteriormente, ingresó al programa de Tecnología Química y Ciencias Biológicas en Red River College, con el cuál consiguió su actual empleo como técnico de laboratorio, en el Departamento de Agua y Residuos en la ciudad de Winnipeg.
 
Ahí se encarga de vigilar las industrias locales para garantizar los procesos de tratamiento de residuos adecuados para la protección del medio ambiente.
 
Como retribución a la nación canadiense, se enlistó en la Fuerza Naval de Canadá, hace 11 años. Con el sueldo obtenido, y gracias a un programa educativo, pudo perseguir su título científico. Hasta el momento, Diego permanece sirviendo parcialmente. También ha participado en varios entrenamientos militares en comunicación naval.
 
Asegura que su mayor orgullo son todas aquellas personas que han influido positivamente en su vida, y que su familia es la razón de todos sus éxitos, pues desde siempre lo han motivado a alcanzar sus metas. “Siempre me enseñaron a trabajar duro, honestamente y respetar a todos. Sus lecciones son la razón de todos mis éxitos”, expresó.
 
Sus padres son su mayor inspiración, autores de la realización de un gran sueño, pues tuvieron que dejar todo en El Salvador para ofrecerles una mejor oportunidad a sus hijos. “Nos dieron a mí y a mis hermanos todo lo que necesitábamos para lograr nuestras metas. Ese gran sacrificio que hicieron de empezar todo de nuevo en Canadá con un gran amor por la vida, será siempre mi inspiración”. Su éxito es la recompensa de sus progenitores.

Dice sentirse orgulloso de ser salvadoreño, porque “la gente de El Salvador es muy honesta y trabajadora” y esas cualidades, que también lo definen a él, las aprovechó para superarse en Canadá, país que él mismo describe como una región moderna, líder en el mundo por sus iniciativas, especialmente en el ámbito que a derechos humanos se refiere.
 
En los últimos cinco años, Diego ha servido como presidente de una iniciativa de apoyo y tutoría para los marineros locales, encaminada a recaudar fondos para organizaciones benéficas como la Junta de alegría de Navidad, Fondo de Quemas de los Bomberos, Asociación Cáncer de Próstata, y otras organizaciones por las que vela la Nave Canadiense de su Majestad Chippawa.
 
Entre sus más recientes premios, además de los ya mencionados, figura una medalla del Jubileo Diamante de la Reina Elizabeth II, que le fue otorgada en 2012 por su considerable contribución militar y por sus esfuerzos académicos y comunitarios. En el 2013 se convirtió en acreedor del Premio Wilfred Dychuk, que es entregado a aquel estudiante cuya habilidad en el laboratorio químico sobresale entre la de todos los demás.
 
Este joven, que en su tiempo libre se dedica a dos pasatiempos que se han convertido en sus favoritos: el fútbol y la fotografía; ha hecho de sus deseos de seguir estudiando parte de sus ideales primordiales, pues considera que “uno nunca debe mantenerse en el mismo nivel”.

“Siempre hay que mejorar, personal y profesionalmente, y contribuir a la comunidad con iniciativas que beneficien a otros ciudadanos.  Cada ser humano tiene una gran capacidad de evocar cambios para mejorar la humanidad”, aseveró.
 
 

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