Salvadoreño es símbolo de lucha de los inmigrantes

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Suplicio. La vida en los centros de detención de inmigrantes transcurre sin novedad, a la espera de que una corte decida si una persona es deportada o no.

Suplicio. La vida en los centros de detención de inmigrantes transcurre sin novedad, a la espera de que una corte decida si una persona es deportada o no.

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El primer hijo varón de Francisco Rodríguez Guardado nació pocos días después de que este fue detenido por agentes del servicio de inmigración con miras a su deportación a El Salvador, su tierra natal. Todavía no ha conocido a su hijo, pero le dicen que se parece a él.

 

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“Me dicen que tiene mis ojos”, comentó este centroamericano de 43 años con una mezcla de melancolía y orgullo durante una entrevista en un centro de detención del condado de Suffolk. Rodríguez, un empleado de limpieza del Instituto de Tecnología de Massachusetts, más conocido como MIT, por sus siglas en inglés, que ha pasado a ser un símbolo de la lucha contra la campaña de deportaciones del presidente Donald Trump, espera la definición de su caso en una cárcel de Boston.Sus partidarios dicen que su caso y otros similares confirman que la represión republicana hacia los inmigrantes sin permiso de residencia abarca no solo a los “bad hombres” (hombres malos) a los que aludió Trump durante su campaña presidencial, sino que también a personas sin antecedentes delictivos, que contribuyen a la sociedad.

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Las detenciones de inmigrantes sin papeles aumentaron un 37 %, de 55,000 durante los primeros seis meses del año pasado a 75,000 en el primer semestre del año en curso, según el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

 

Entre los casos emblemáticos figura el de Roberto Beristain, propietario de un restaurante en Granger, Indiana, que fue deportado a México en abril tras presentarse a una oficina del ICE, cumpliendo una vieja rutina. Fue separado de su familia y sus hijos, todos nacidos en Estados Unidos, después de vivir 20 años en el país.

 

En Oakland, California, Eusebio Sánchez y su esposa María fueron devueltos a México el mes pasado luego de que las autoridades de inmigración les negaron el permiso para permanecer en el país. Se llevaron con ellos a su hijo de 12 años, nacido en Estados Unidos, pero dejaron a tres hijas estadounidenses mayores.

 

Igual que en esos casos, Rodríguez no tiene antecedentes penales y era conocido en la comunidad, trabajaba como voluntario en una iglesia y en la escuela de sus dos hijas, e incluso tenía un pequeño negocio limpiando alfombras, de acuerdo con sus partidarios, entre los que figuran su sindicato, profesores de MIT y políticos prominentes, como los senadores de Massachusetts Elizabeth Warren y Ed Markey, ambos demócratas.

 

“No hay ninguna necesidad de que esté detenido”, afirmó Adriana Lafaille, abogada de la Unión de Libertades Civiles, que está colaborando con Rodríguez en su batalla judicial.

 

Pero Jessica Vaughan, directora del Centro de Estudios de la Inmigración, sostiene que no se debe permitir permanecer en el país a Rodríguez porque tuvo “múltiples oportunidades de resolver su situación migratoria a lo largo de los años”.

 

“Sé que esto es duro para su familia, pero esta situación es producto de las decisiones que tomó al venir a Estados Unidos ilegalmente”, manifestó Vaughan.

 

Rodríguez vino a Estados Unidos ilegalmente en 2006 y solicitó asilo político, el cual fue denegado en 2009. Dos años después fue rechazada una apelación. En junio, ICE no le quiso renovar un permiso temporal.

 

Fue detenido el 13 de julio porque sacó un pasaje de regreso a El Salvador para más adelante. El abogado de Rodríguez, Matthew Cameron, asegura que el ICE nunca dio un plazo para su partida.

 

Cameron quiere que la Junta de Apelaciones del servicio de inmigración reconsidere el pedido de asilo de Rodríguez y demandó al ICE en un tribunal federal, acusando a esa agencia de detener a su cliente ilegalmente. Pidió que lo libere, al menos hasta que se resuelva su pedido de asilo.

 

Rodríguez dice que no sabe cuánto tiempo más estará preso.

 

El salvadoreño afirma que su fe cristiana lo prepara pare aceptar lo que venga. Cree que El Salvador, donde era técnico en una firma de ingeniería y tenía un negocio de limpieza de automóviles en la capital, no está mejor hoy que cuando se fue.

 

 

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