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“Me dijeron que volviera cuando no pudiera respirar”: salvadoreños cuentan cómo viven la pandemia en EUA

Son miles los salvadoreños que han migrado a otros países, por diversidad de motivos, desde hace décadas atrás, y el vivir en un país extranjero es un reto que para muchos se vuelve más difícil cuando se trata de enfrentar un fenómeno a escala mundial: la pandemia del covid-19. Tres salvadoreños cuentan sus historias en este artículo.

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“Me dijeron que volviera cuando no pudiera respirar”: salvadoreños cuentan cómo viven la pandemia en EUA

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Se cree que un tercio de los salvadoreños vive fuera del país y que más del 90% de ellos están en Estados Unidos, país en el que se registran 1.5 millones de personas contagiadas con el virus y más de 94 mil muertes, según datos oficiales. La Prensa Gráfica se contactó con familias salvadoreñas radicadas en dicho país para hablar sobre cómo viven el aislamiento social en ese país que no es el que les vio nacer, esta es la historia de tres personas que cuentan en primera persona cómo ha sido su vida desde que inició la crisis.

Me dijeron que volviera cuando no pudiera respirar

Tenía síntomas del virus, diarrea, pérdida de apetito, no distinguía los sabores en mi boca, dolor de cabeza y cuerpo, fiebre durante 10 días, y por último no podía respirar. Sí, creo que tuve coronavirus, pero nunca sabré si fue o no ese virus el que me atacó

Me sentía mal de salud, por eso me dirigí a Colorado Plains Medical Center, el hospital general en Fort Morgan, en la cuidad de Denver, Colorado, en donde el personal del establecimiento de salud me chequeó los pulmones, la presión y me recetaron medicamento para tratar la fiebre. Fueron dos pastillas las que me costaron $1,200.

 
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Sin embargo, eso no fue lo que me sorprendió. La respuesta que recibí al solicitar que me realizaran el test para conocer si era o no portador del virus fue algo impactante, ya que me dijeron que no tenían cómo hacerla y que volviera cuando no pudiera respirar.

Ese momento fue frustrante, tenía miedo. Conozco personas que, al igual que a mí, las mandaron a casa y en el camino murieron, por fortuna yo mejoré después de 14 días en cuarentena.

Parece ser que en el hospital si una persona va con síntomas de coronavirus no lo quieren atender. Después, estuve llamando y sólo nos dan asistencia por teléfono y nos piden por favor no ir al hospital, pero era mi única alternativa ya que la clínica del lugar en el que trabajo está cerrada.

Por el rubro en el que me desempeño no temo a perder mi estabilidad laboral, pero siempre que voy a salir de casa me invade la preocupación de volver a tener aquellos síntomas, y no por mí, sino por mi madre que vive conmigo.

Ahora todo ha cambiado, incluso la relación con mis compañeros de trabajo. Recuerdo que antes que todo comenzara el almuerzo era un momento para compartir, comíamos juntos en la cafetería, platicábamos y había más cercanía, pero hoy todos nos vemos con desconfianza porque hay quienes no guardan las medidas de protección para evitar contagios.

Ahora todo ha cambiado, incluso la relación con mis compañeros de trabajo. Recuerdo que antes que todo comenzara el almuerzo era un momento para compartir, comíamos juntos en la cafetería, platicábamos y había más cercanía, pero hoy todos nos vemos con desconfianza porque hay quienes no guardan las medidas de protección para evitar contagios.

Pese a ello, trato de ser optimista y de distraerme viendo la televisión o haciendo ejercicio, pero para un hombre de 46 años que ha vivido casi la mitad de su vida fuera de su país esto puede ser un momento de melancolía y reflexión por no estar junto a todos mis seres queridos.

Juan Carlos Bonilla (nombre ficticio), 20 años viviendo en Estados Unidos.

 

Parece una película de ciencia ficción

San Francisco es una ciudad con mucha gente y hoy parece una ciudad fantasma, me parece increíble. Antes, un viernes a partir de las 5 de la tarde la mayoría de restaurantes y discotecas estaban llenos de alegría a pesar de que solamente tenían abierto el bar, pero las personas siempre estaban alrededor de estos establecimientos.

Hoy he pasado un viernes a las 7 de la noche y eso es indescriptible, en cierta medida eso es un poco deprimente porque de tener una ciudad llena de gente pasamos en un abrir y cerrar de ojos a esta soledad.

Para sobrellevar todo esto, he aceptado trabajos a medio tiempo que me ayudan a salir para no estar todo el tiempo en casa y también gano dinero. Actualmente cuento con tres empleos, dos de entregas a domicilio y uno con Google.

Cuando implementaron las medidas para evitar los contagios de coronavirus, para mí fue bastante preocupante porque justamente el primer día que yo iba iniciar a trabajar en las bodegas de Google suspendieron el día laboral debido a la pandemia, lo único en lo que pensaba era que prácticamente estaba desempleado, pero no fue así. Por fortuna, Google es una empresa responsable que siempre me ha seguido pagando, pese a que por la naturaleza de mi cargo no puedo trabajar desde casa.

Actualmente vivo en Palo Alto, California, pero gracias a las entregas que debo realizar puedo moverme a otras zonas. Uno de mis empleos temporales lo conseguí gracias a un amigo que trabajaba en un dispensario de cannabis, una venta de marihuana, y como en California es legal, las personas sólo entran al sitio web de la compañía y solicita los paquetes que necesita, en tres días los reciben en sus casas.

Es gratificante el llegar a una casa y que sientas valorado tu trabajo, muchos clientes me dan las gracias y dicen: “yo no puedo salir pero gracias a usted puedo tener mi comida, mi paquete de cannabis”.

 
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El hecho de ayudar a los demás, que muchos de ellos son personas mayores y no salen por temor, me motiva y me sirve para no caer en la depresión de ver toda aquella soledad que llegó repentinamente.

Ahora, todos estamos cuidándonos. Las restricciones en California no son tan estrictas como en El Salvador, pero todos ponen de su parte. Aquí podemos salir a correr, y si nos encontramos con alguien en la misma acera, uno se mueve para guardar la distancia, en otro contexto eso se interpretaría como una actitud discriminatoria, pero cuando la gente ve que uno se aleja de ellos le hacen una señal de saludo como agradecimiento por cuidar de tu salud y de la de ellos.

En mi caso, he sido un poco afortunado porque la pandemia me ha pegado más que todo en niveles de trámite, pero hay personas que tienen una situación bien difícil comparada con la mía que no es algo alarmante.

Miguel David Palacios, siete años de vivir fuera de El Salvador.

Las mayores dificultades que he enfrentado con la pandemia

Una de las mayores dificultades que he enfrentado con la crisis generada por el coronavirus ha sido el que mi padre se haya contagiado con el virus, él vive en Nueva York y el hecho de estar lejos y de no poder estar ahí hizo que la noticia fuera más devastadora.

Uno no espera tener esa conversación con alguien tan cercano e importante, cuando me dijo “mira hija, si me pongo muy mal no vas a saber de mí hasta que salga, ya sea recuperado o como un cuerpo”, ese momento fue bien impactante, bien fuerte.

Eso sumado al estar lejos de mi familia y el no tener ese contacto cercano con las personas que uno quiere es de las cosas más difíciles para mí en esta época.

Todo esto ha sido un desafío, porque tanto mi esposo como yo nunca habíamos vivido algo como esto, y no es fácil vivir una situación así en un país que no es el nuestro y en donde a pesar de que es un país en donde hay poder se ha visto bastante debilitado.

En California, que es donde vivo, acaban de extender la cuarenta hasta el 30 de mayo, sin embargo, hay algunos condados en donde paulatinamente comenzarán a retomar ciertas actividades antes de esa fecha que no eran consideradas esenciales como labores de construcción, jardinería, agricultura, los campos de golf reabrirán cuando no sean actividades recreativas de contacto y que se respeten las medidas de protección.

Desde el 16 de marzo estoy trabajando desde casa sin ninguna dificultad, pero considero que se necesitan tener ciertas estrategias para que esto no pueda desestabilizar la armonía familiar y la salud mental.

A raíz de todo esto, hemos tenido que cambiar toda nuestra rutina, el estilo de vida, nos hemos enfrentado a bastantes desafíos, no solamente en el cuidado de la salud, sino la administración de los recursos, el tiempo, las prioridades han cambiado y todas las prácticas que teníamos externas ya no las tenemos.

Pero no todo ha sido malo, he notado cambios en la perspectiva de vida de muchos, en mi caso, la mayoría de mis compañeros son jóvenes y de repente los escucho hablando de un plan de de vida, de tener un plan “b” o un plan “c” porque uno ya no sabe a qué se va a enfrentar más adelante, y es algo que no era común en ellos.

Tatiana Rodríguez de Cornejo, un año con siete meses de vivir fuera de El Salvador.

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