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“Sentir esa emoción, porque no es lo mismo que te lo cuenten a vivirlo tú”

Una salvadoreña ahorró de su salario mínimo por tres años para viajar a Europa, a la Jornada Mundial de la Juventud. Estuvo frente al papa unas horas pero el mensaje que le transmitió será de por vida. No se arrepiente de no haber hecho caso a los que le decían que mejor comprara un carro.
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Cuando el papa Francisco anunció hace tres años desde Copacabana, Brasil, que la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de 2016 se celebraría en Polonia, Europa, Sara Leticia Sánchez decidió que ella tenía que estar allí. Comenzó a construir un plan de ahorro alrededor de esa decisión.

Su familia y amigos lo veían como algo muy lejano y ajeno a su realidad. Algunos le decían que “un carro le sería más útil”.

La incredulidad y el sacrificio acabaron cuando, hace una semana, ella alcanzó la meta que se había trazado cuando tenía 24 años. Le costó lograrlo ya que –a pesar de ser una profesional en química y farmacia– gana un salario mínimo, que supo administrar minuciosamente durante todo ese tiempo.

Su parroquia, ubicada en el municipio de Apopa (donde vive junto a su madre, otra mujer que aprovecha las oportunidades de la vida y que se encargó sola de criarla), también le dio apoyo.

Ella relata que su única motivación han sido sus ganas de “ver al papa y escuchar sus palabras y el mensaje que él tiene para la juventud; sentir esa emoción, porque no es lo mismo que te lo cuenten a vivirlo tú”, contó en una llamada telefónica desde Europa.

Ella fue parte de un grupo de 75 salvadoreños que asistieron al cierre de la jornada el domingo 31 de julio, en un ceremonia en campo abierto a las afueras de Cracovia.  

“Aquí estamos ”, contó Sara horas antes de la vigilia en la que el papa Francisco le entregaría su palabra y un mensaje muy personal, aseguró la joven.

“El Señor espera que, entre tantos contactos y chats de cada día, el primer puesto lo ocupe el hilo de oro de la oración”, exhortó el pontífice a los más de 6 millones de jóvenes que cerraron a su lado su visita al país europeo, en la 31.ª edición de la JMJ.
 
Entre esos millones de fieles y peregrinos estuvo Sara, “coreando y danzando entre chilenos, estadounidenses, salvadoreños”, y otros latinos que también hicieron increíbles sacrificios para asistir.  

“Claro que sí, claro que sí, de eso no tengo duda”, responde con seguridad esta salvadoreña al preguntársele si esta experiencia cambiará el sentido de su vida. “Y de una forma positiva”, agrega enseguida.

“Desde la parte terrenal me quedo con lo que he viajado. Desde la parte religiosa es que esto te ayuda a darle sentido a tu vida, a marcarte metas reales, metas que van en lo espiritual”, reflexiona con ilusión.

El momento en el que Sara pudo estar frente al papa duró unas horas, pero el sentimiento que le transmitió, asegura, la acompañará toda su vida. No se arrepiente de no haber hecho caso a los que le decían que mejor comprara un carro.

“Anuncio con alegría que la próxima Jornada Mundial de la Juventud (...) será en 2019 en Panamá”, dijo el papa argentino el domingo, algo que muchos americanos –que tendrán que ahorrar menos– habían estado esperando.

Tags:

  • jornada mundial de la juventud
  • el salvador
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