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“Tenía miedo y sigo teniendo miedo”: el testimonio de enfermera salvadoreña contagiada de covid-19 en Estados Unidos

Su vida dio un giro y temía que en algún momento iba a suceder, solo era cuestión de tiempo para enfrentarse al covid-19. Esta es la historia de una enfermera salvadoreña que lucha al frente de la batalla en Estados Unidos a pesar de los riesgos por la enfermedad.

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Tenía miedo. Debido a su profesión Sandra Blanco, una mujer de 54 años, tenía conocimiento de cómo iniciaba la enfermedad, por lo que al presentar los primeros síntomas sabía que el virus había llegado a su cuerpo, incluso antes de realizarse el test, algo que no fue fácil asimilar.

“Al principio me desbordé, se me hizo un nudo en la garganta. Vine del trabajo y ya traía dolor de cuerpo como si una aplanadora me estaba quebrando los huesos, tenía fiebre y lo primero que hice fue quitarme toda la ropa, meterla en una bolsa plástica y pase rápido al baño y empecé a llorar, empecé a hablar con Dios y a pedirle de que de que me sacara de esto porque no me quería complicar”, contaba Blanco mientras su tono de voz delataba que las lagrimas rodaban por sus mejillas.

Ese fue el inicio de la lucha contra el virus. Durante tres semanas se aisló en su habitación sin tener ningún tipo de contacto con su esposo e hijo, quienes se enteraron del padecimiento de Sandra hasta que los síntomas fueron más severos, pues no deseaba que preocuparlos.

“Me cansaba con sólo darme vueltas en la cama, tenía una tos incesante y seca, fiebre altísima, diarrea, sentía que se me quebraban todos los huesos y una dificultad para respirar que usted siente que en cualquier momento se va a morir”, explicó la enfermera mientras su voz poco a poco se cortaba.

Según la OMS, los síntomas más frecuentes del covid-19 son la fiebre, la tos seca y el cansancio. Sin embargo, existen otros que son menos habituales como la congestión nasal, el dolor de cabeza, conjuntivitis y otros.

Esas tres semanas cambiaron totalmente la vida de Sandra, pues de tener una familia con la que compartía momentos felices al ver una película, comer juntos y convivir con ellos pasó a aislarse en cuatro paredes y si salía de su cuarto siempre usaba mascarilla incluso para cocinar o ir al baño.

 
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Por fortuna, sus conocimientos profesionales la llevaron a consumir los medicamentos que necesitaba para tratar los síntomas y que poco a poco disminuyeran o desaparecieran, es posible que Sandra forme parte del 80% de población que se recuperan de la enfermedad sin necesidad de tratamiento hospitalario, de acuerdo a información de la OMS.

“La vida no es lo mismo con esta enfermedad. Yo creo que va a ser bien difícil que la vida llegue a su normalidad porque yo ahorita no sé si estoy positiva o si el virus ya se fue, pero tengo miedo de contagiar a mi familia”, aseguró.

El caso del mini hospital

Sandra Blanco es una enfermera salvadoreña radicada en Estados Unidos desde hace 12 años, tiempo en el que ha trabajado en el asilo de ancianos Alaris Health at Boulevard East, en Nueva Jersey, en donde su vida dio un giro radical al contagiarse de covid-19, virus al que estuvo expuesta mientras cuidaba de sus pacientes.

En el “mini hospital” –como ella llama a su lugar de trabajo- hay aproximadamente 200 personas entre pacientes y trabajadores, por lo que al notar síntomas del covid- 19 en los algunos ancianos a su cargo sabía que existía una gran probabilidad de estar contagiada.

“Los pacientes del mini hospital en el que trabajo si presentaron síntomas, por eso se les tomó el test, pero no se incluyó a todo el personal médico porque aquí al principio se manejó que si usted tenía síntomas si se lo hacían”, explicó Blanco.

Lamentablemente, antes de que aparecieran los primeros pacientes con síntomas en el asilo no se guardaban las medidas de seguridad para evitar el contagio, lo cual causó que el virus llegara a muchas personas en el lugar.

“Hay un tiempo de ventana que son de 2 a 14 días, en los cuales el paciente pudo estar infectado y nosotros alrededor cuidándolo sin ninguna protección. Se corrió ese riesgo y para cuando este paciente comenzó a presentar síntomas le tomaron la prueba de covid- 19, más las dos semanas que se tardan en mandar el hisopado nasal para saber si es positivo o negativo, todo ese tiempo estuvimos expuestos al virus”, dijo la enfermera.

De acuerdo con información publicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), “muchas personas con covid‑19 presentan solo síntomas leves. Esto es particularmente cierto en las primeras etapas de la enfermedad. Es posible contagiarse de alguien que solamente tenga una tos leve y no se sienta enfermo”.

Sin embargo, hasta que el test de uno de los pacientes dio positivo fue que se a tomaron medidas para evitar más contagios. Comenzaron a usar mascarillas, lentes, gabachones y a implementar todas las medidas de seguridad. Además del aislamiento de los pacientes que eran positivos y a los que podrían dar positivo al virus.

De regreso al asilo por amor a sus pacientes

La sintomatología fue cediendo y pudo salir de la enfermedad para incorporarse nuevamente a su trabajo para cuidar de aquellas personas que había dejado, pero que aún la necesitaban: sus pacientes.

Pese al deterioro en su salud, pero con los ánimos de apoyar a todos los que están en frente de la batalla contra el virus, dejó el aislamiento -una vez que estaba segura de haberse librado del virus- y se puso su uniforme para salir nuevamente a la calle protegida, sin hablar ni tener contacto con nadie, hasta que llegó al asilo, en donde está al cuidado de los pacientes que se han contagiado con el virus, pero esta vez con todas las medidas de seguridad.

Su estado físico aún no es el que era antes de tener el virus, de ser una persona ágil en su ambiente laboral paso a no poder caminar rápido, a sentirse más fatigada y cansada, por lo que se ve obligada a quitarse la mascarilla para poder respirar.

Las secuelas que dejó el covid-19 en la vida de Sandra, una mujer de 54 años, no solamente fueron físicas, sino psicológicas, ya que padeció de “ansiedad y yo nunca he tenido eso, el encierro me ha causado eso, y depresión porque por seguridad no puedo tener contacto con las personas que están a mi alrededor”, exceptuando a sus compañeros de trabajo, quienes contrajeron al igual que ella el virus.

“Tenía miedo y sigo teniendo miedo, pero hay una gran cosa que hace que ese miedo se vaya y es el amor a mis pacientes. Al ver la necesidad que ellos tienen de nosotros, de ver esa sonrisa cuando nos ven llegar en la mañana y saber que todo va a estar bien, es el mayor regalo de todos”, afirmó Sandra.

Según las cifras oficiales, en Estados Unidos hay más de 1.5 millones de casos confirmados de coronavirus, 351 mil se han recuperado y se han registrado más de 91 mil muertes. En Nueva Jersey hay más de 149 mil casos y 10,436 muertes, según las cifras hasta el cierre de esta nota.

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