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Abrazados a la memoria

El Chapecoense no cumplió su sueño tras la tragedia del pasado lunes.
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El humilde Chapecoense brasileño se disponía a disfrutar de su primera final en un torneo internacional, un hito que sorprendió a todo un continente por el ascenso meteórico que experimentó el club a escala deportiva en los últimos años.

Con sede en la ciudad de Chapecó, en el estado de Santa Catarina, sur de Brasil, “El huracán del oeste”, como apodan al equipo, llegó a la máxima categoría del fútbol brasileño en 2014 y dos años después clasificaba a la final de la Copa Suramericana, que disputaría ante Atlético Nacional de Medellín.

En 2007 saboreó lo que era ganar un título como el campeonato del estado y un año antes se quedó con la Copa Santa Catarina, triunfos que certificaron su viabilidad como club tras los problemas económicos que estuvieron a punto de hacerlo desaparecer.

Después de malas administraciones los gestores del club decidieron cambiar el nombre oficial del equipo a Associao Chapecoense Kindermann/Mastervet, limpiar las deudas y renacer con un proyecto deportivo a largo plazo que dio sus frutos en muy poco tiempo.

Tal es la modestia de este equipo que la directiva del Chapecoense tuvo que buscar un estadio la semana pasada para jugar el encuentro de local de la final suramericana ya que su casa, el Arena Condá, no cumplía con las exigencias de Conmebol.

Y es que “el Chape” es un equipo joven, fue fundado el 10 de mayo de 1973 y la mayor parte de su historia la ha pasado disputando torneos estatales.

En su primer año en la primera división del fútbol brasileño, en 2012, se clasificó para jugar Copa Suramericana y llegó a los cuartos de final, donde fue eliminado por el River Plate argentino.

El Chapecoense no cesó en su empeño de querer hacer algo grande en un torneo internacional y repitió esta temporada, pero con un resultado a todas luces histórico al llegar a la final.

Los pupilos del entrenador Caio Júnior se caracterizaban por un carácter aguerrido, el mismo de su grada, y sus armas más fuertes eran la velocidad de Ananías en ataque, el acierto goleador de Bruno Rangel y la experiencia del volante Cléber Santana, de 35 años, conocido por su paso por el Atlético de Madrid. La defensa era otro de sus pilares al punto que solo recibió cuatro goles en los últimos siete partidos.

Es por eso que se ganó el apodo de “El huracán del oeste”, por el sentimiento de lucha de sus aficionados y también por su ubicación geográfica al estar en Chapecó, en la región oeste de Santa Catarina, una ciudad de unos 200,000 habitantes que hoy llora la desaparición de un equipo que tocó la gloria con sus manos.

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