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Afición respondió en el Cuscatlán

La afición dejó a un lado el resentimiento y se volcó para apoyar a la azul y blanco, pero no bastó.
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Afición respondió en el Cuscatlán

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No era la selección que jugó la eliminatoria rumbo a Sudáfrica 2010 ni tampoco la que estuvo para Brasil 2014. En el ambiente ni siquiera se percibía un ambiente de fe ciega en la selección, pero aun así la afición llegó en un buen número para, al menos, dejar el estadio Cuscatlán a poco menos de un 80 por ciento de su capacidad.
 
En realidad la gente llegó al estadio porque si. Porque es como ese amor no correspondido en el que seguís creyendo con los ojos cerrados a pesar de no tener posibilidades.
 
El anhelo de un milagro quedó confirmado con la llegada del bus que conducía a la selección azteca. Los gritos de "7-0, 7-0, 7-0" comenzaron a llenar de optimismo el ambiente. A esto le siguió insulto tras insulto que se reprodujo al momento del calentamiento y se incremento cuando sonó el himno azteca.
 
El ruido fue tan grande que las notas del himno rival ni siquiera se oyeron. Y fue entonces cuando el público se volcó, recordando que se trataba de un partido que podía marcar la historia del fútbol salvadoreño.
 
Y sobre la primera parte, Alexander Larín consiguió lo que parecía imposible al anotar el tanto a lo "Panenka" y lograr la explosión del estadio Cuscatlán como en sus mejores noches.
 
La gente comenzó a creer en que lo imposible podía convertirse en realidad, pero el partido apenas arrancaba y la historia sería demasiado larga para los congregados en la cita futbolística.
 
En el complemento llegó el gol del empate y apenas unos minutos después el segundo. En 60 minutos de juego la ilusión se apagó. El sueño murió y el fútbol fue justo para una selección superior años luz a la nuestra. Otra vez será.

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