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Al borde del abismo

Barcelona ya no tiene margen de error si quiere ganar la Liga española.
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Ansiedad, inseguridad, pánico... Más allá de pizarras tácticas, la crisis del Barcelona tiene unos síntomas que exigen de su entrenador, Luis Enrique, una sesión de diván urgente con sus jugadores.

Son días extraños para un equipo acostumbrado a vivir en el halago durante el último año por su aproximación a la excelencia. Ahora, casi un año después de su espectacular triplete, el Barcelona puso en riesgo un título de Liga que parecía seguro y quedó fuera de la Champions.

El Camp Nou entró el domingo en estado de shock al presenciar la derrota de los azulgranas por 2-1 ante un Valencia que durante la presente temporada tuvo hasta cuatro entrenadores. El final del encuentro fue el propio de un equipo desconcertado: caras perdidas, incidentes con los rivales, una tensa rueda de prensa del técnico.

Los analistas y las estadísticas coinciden en asegurar que hubo mala fortuna, pues durante instantes el Barcelona recuperó parte del fútbol que se le presupone. Pero de nuevo, le faltó el brillo individual de sus estrellas.

Así lo vio Luis Enrique: “Hemos sabido jugar un gran partido y este es el camino. No podemos ganar de cualquier manera, sino a través del orden. No creo que haya ningún culé que no pueda sentirse orgulloso. Es el camino”.

Lo anímico

Puesto que Luis Enrique conoce el camino futbolístico, su trabajo principal ahora debería centrarse en recuperar el optimismo de un equipo que muestra mandíbula de cristal ante cada golpe. Así lo sugirió cuando declaró: “Hay que mantenerse más fuertes y no venirnos abajo ante el primer varapalo”.

El estado depresivo del Barcelona contrasta poderosamente con el de Atlético, igualado a puntos con los azulgranas, y Real Madrid, a uno. Llegan al tramo final llenos de euforia y en racha, aunque con la dificultad que supone culminar una remontada. Porque a falta de cinco partidos, el equipo azulgrana todavía es el líder y el único que depende de sí mismo, aunque no lo parezca.

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