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Así fue el adiós de Abreu

“El Loco” se despidió del fútbol salvadoreño con la corona del Apertura 2016.
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El paso del uruguayo Sebastián Abreu por el fútbol salvadoreño bien pudiera utilizarse para un guión de película. Desde su llegada, la más mediática en la historia de nuestro país, hasta el final, el pasado domingo, con la copa en la maleta y el mote de héroe al frente.

En el juego ante Alianza puso sello de calidad a un torneo en el que pasó de la incertidumbre de los que desconfiaron de la valía de su fichaje, al elogio por su profesionalismo y hacer diferencias en las instancias precisas. No se hinchó a marcar goles en la fase regular. Ahí, lo dijo, jugó “regular”. Luego, cuando se jugó la copa, se sacó seis goles y se llevó el trofeo a su casa.

El domingo, antes de los actos protocolarios se le vio sereno, tomaba agua y contrario a lo acostumbrado, no habló mucho con sus compañeros. A pesar de su amplia experiencia del charrúa, saltó a la cancha y se mostró inquieto durante los himnos, acaso la melancolía de su último juego en El Salvador.

Llamó a su equipo para tomarse la foto, que fue de todo el plantel, no solo los titulares. Los fotógrafos accedieron, y luego le pidieron una solo con el once. Abreu simplemente los mandó al carajo con un sarcástico “gracias”.

Durante el partido volvió a ser “el Loco” de siempre, dando indicaciones a sus compañeros, reclamando toda jugada, tuviera o no la razón, ordenando en cada llegada por donde dirigir el balón, cual entrenador, y corrigiendo cuando algo no salía como se esperaba.

Cuando cayó el primer gol del Santa Tecla, sobre el descuento del primer tiempo, fue a tomar el balón a las redes, pero al celebrar con sus compañeros en la esquina y recibir la lluvia de objetos de tribuna se alejó y lo arrojó al público.

La remontada de los albos no le cambió el semblante. Respiró hondo y se encomendó al último esfuerzo. Era hora de sus goles. El primero lo gritó como si fuera un gol en Mundial, se fue a la esquina y se lo dedicó a la pequeña afición tecleña que se había hecho presente. Luego su pose con brazos cruzados, retante, fue la postal para enmarcar la gran tarde que estaba por hacer.

Le anularon luego otro tanto y pasó indignado los siguientes minutos. Pero Abreu es figura mundial: si le anularon un gol, pues viene y anota otro. De cabeza. Al minuto 89. Y que vale el título. Locura. Como locos fueron los últimos seis meses, resumidos todos en 90 minutos para hacer al Tecla campeón.

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