¡CON FURIA!

La selección de fútbol playa tuvo que sufrir en los penaltis para vencer a los canaleros y clasificar a los cuartos.
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Alegría. Darwin Ramírez festeja el gol olímpico que le marcó al equipo de Panamá. Los cuscatlecos dejaron todo en la arena para poder clasificar.

Alegría. Darwin Ramírez festeja el gol olímpico que le marcó al equipo de Panamá. Los cuscatlecos dejaron todo en la arena para poder clasificar.

Premio. La selección de fútbol playa celebra el gol de “Tin” y el triunfo sobre Panamá.

Premio. La selección de fútbol playa celebra el gol de “Tin” y el triunfo sobre Panamá.

Gol. Agustín Ruiz (fuera de foco) ha pateado un penalti para conseguir el segundo gol de El Salvador, ayer, ante Panamá.

Gol. Agustín Ruiz (fuera de foco) ha pateado un penalti para conseguir el segundo gol de El Salvador, ayer, ante Panamá.

¡CON FURIA!

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Decir que pocas veces una victoria fue tan sufrida está por convertirse en un cliché para la selección de fútbol playa. Cuando gana cómodo se disfruta el baile. Cuando gana apretado, vale la pena el sufrimiento. Masoquismo.

Una sesión más de esa terapia llamada fútbol playa fue la que los pupilos de Rudis Gallo echaron a andar ayer en la arena de Bahamas, en la segunda jornada del premundial, en la que se enfrentaron a rivales nuevos: no solo a la debutante (y rocosa) Panamá, sino también a jugar un encuentro bajo una lluvia torrencial, que no cesó en todo el encuentro y que obligó a exigir todavía más a la Azul playera por el triunfo.

El partido fue de esos que se guardan en videotecas. Panamá había avisado un día antes cuando derrotó a Costa Rica en penaltis y ayer ratificó que no fue una casualidad la victoria, cuando exprimió a los cuscatlecos hasta llevar el partido hasta la definición en los penaltis.

Exprimidos y sacudidos, la selección ganó porque puso sobre la arena el reflejo de la evolución de su juego. Cuatro goles, los cuatro conseguidos en jugadas a balón parado, mostraron a una selección que ya no desperdicia siempre las jugadas de táctica fija y que también ha encontrado más camino para llegar al gol en el arco contrario.

Además, el abanico de nombres es más variado. José Rubén Batres ha asumido galones en el combinado y lo dejó en evidencia con un nuevo doblete, el primero de los cuales llegó en el primer período (1-0) y uno más en el segundo (2-1), cuando reemplazó a Agustín Ruiz, quien debió salir momentáneamente por un golpe en un tobillo.

La rebeldía y la jerarquía

Pero Panamá la puso todo lo difícil que pudo. Jugando tácticamente, en bloque, sin dejar espacios, obligó a la Azul playera a mover el esférico y a buscar ruta aérea para generar peligro, y tuvo en su guardameta un cerrojo que le garantizó no ser vapuleado por las oportunidad que fabricó El Salvador.

Además, los canaleros tienen artillero. El pívot Alfonso Maquensi fue una pesadilla para la Playera, con un triplete que igualó las acciones en dos ocasiones y fue decisivo para que el partido no se resolviera en el tiempo regular ni en el período extra.

Incluso los canaleros pudieron haber conseguido la que habría sido una remontada histórica, pero el horizontal le negó en dos oportunidades el tanto que les hubiera dado la ventaja.

Mención aparte para el cuarto tanto cuscatleco. Gol olímpico de Darwin Ramírez. Sin mediatismos ni foco, el playero que alguna vez fue noticia porque querían desalojarlo de su casa, ayer se sirvió con cuchara grande en la fiesta.

Con el 4-4 inamovible, en los penaltis falló Panamá y anotó Batres. Anotó Panamá y el meta canalero tapó el tiro de Darwin, que pudo pasar de héroe a villano. Mas bien ese drama lo vivió Maquensi, cuyo triplete en el partido se hizo añicos cuando Hérbert Ramos le tapó el penalti. Servido para que “Tin” definiera, Agustin resolvió y la victoria (y el punto) cayó en la bolsa cuscatleca. ¡Uf!

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