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Comenzó la fiesta olímpica

Con los símbolos más importantes de la historia británica de por medio, los Olímpicos de Londres 2012 fueron inaugurados ayer.
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<p>Gran Bretaña inauguró los Juegos Olímpicos con una entrada real como jamás ha habido. Londres recibió al mundo del deporte celebrando lo viejo y lo nuevo en una ceremonia dramática e imaginativa.</p><p>Fue toda una fiesta tan profundamente británica como internacional, un vibrante homenaje a paisajes, historia, cultura y, sobre todo, al deporte. Un apasionante viaje sensorial de casi cuatro horas. </p><p>“Declaro inaugurados los Juegos de Londres en celebración de la XXX Olimpiada de la era moderna”, dijo la reina Isabel II 18 minutos después de la medianoche, instantes antes de que se revelara el secreto mejor guardado: siete jóvenes deportistas encendieron el pebetero en el Estadio Olímpico, donde latirán los juegos hasta el 12 de agosto por la noche. </p><p>Afloró casi todo aquello en que se piensa a la hora de escarbar la cultura y las costumbres británicas: la campiña, la revolución industrial, el rock. Además, la reina Isabel, James Bond y una lista interminable de emblemas, momentos y personajes very british: el Big Ben, el Támesis, Winston Churchill, la BBC, el Mini Cooper, el actor Kenneth Branagh y la escritora J.K. Rowling leyendo el párrafo inicial de “Peter Pan”. También los acordes de temas de The Rolling Stones, The Who, Queen, Sex Pistols, The Clash, Frankie Goes to Hollywood, The Jam, New Order o una nueva versión de una escena clave de la película “Carros de fuego” que incluyó a míster Bean, el actor Rowan Atkinson. </p><p>La única ciudad tres veces sede de unos Juegos Olímpicos desde que la era moderna comenzó en Atenas 1896 se dio un homenaje y un baño de autoestima sin límites. Para finalizar, el cinco veces oro olímpico Steve Redgrave recibió el fuego olímpico de manos de David Beckham –quien llegó en lancha–, una serie de jóvenes tomó el relevo y, mediante un sofisticado y delicado sistema, el fuego comenzó a arder en el centro mismo del estadio. La ceremonia se cerró con pieles erizadas, porque Paul McCartney, el hombre que junto a The Beatles redefinió la música, cantó junto a 80,000 espectadores y quizás medio planeta el “na, na, na, na, na, na, na, na”, esos cuatro minutos finales de una “Hey Jude” que hace décadas atraviesa los corazones de generaciones y generaciones.</p>

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