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DE BLANCO PASÓ A GRIS

Alianza perdió en casa ante Limeño y se quedó sin entrenador.
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Días tristes en la capital. Inversión estrafalaria, nombres rimbombantes e ilusión por las nubes. Todo estrellado ahora tras un mes de competencia: panorama complicado en Concachampions y cuatro derrotas en seis salidas a la cancha en el torneo local. Alianza sufre. Y su banquillo también.

Ayer, que era un día para dar respuestas, a los albos se les acumularon las preguntas. Comenzando por la de quién será su nuevo entrenador, tras la renuncia (anunciada) del argentino Daniel Fernández (ver nota en página 4).

Pero antes, para que se llegara a ese colofón final, los 90 minutos de drama: los albos generaron llegadas, tuvieron control de balón, pero también una definición errática. No goles, no party.

El resultado fue quizá hasta previsible. No por falta de favoritismo sino por la presión que crecía con el paso de los minutos. Pitó el central el final y la rechifla del público fue el preámbulo de la ruptura en el banquillo.

Pero en esa vigilia, el olvidado pero beneficiado fue el Limeño, que entró sin miedo al partido, no especularon a defenderse y tuvieron la primera aproximación apenas al minuto de juego.

Rommel Mejía desbordó por la derecha y trató de enviar el centro; la pelota chocó en la mano de Fabricio Silva, pero el árbitro Joel Aguilar Chicas consideró que estaba pegada al cuerpo, por lo que pitó solo el tiro de esquina.

Así, los santarroseños se mantuvieron los primeros 10 minutos en campo albo, las combinaciones entre Jesús Toscanini y Jefferson Viveros parecían interesantes, pero no concretaban.

Todo el panorama cambió, con una serie de llegadas que estuvieron cerca de significar el primero del albo.

Excequiel Vásquez alegró a la afición blanca al conectar un cabezazo sobre el segundo poste que fue a dar en la red, pero por la parte externa. La ilusión óptica engañó a la mayoría en el estadio, que creían cantar el tanto.

Pocos minutos después, Óscar Guerrero tocó puerta: recibió solo un pase sobre el manchón penalti, trató de acomodársela a la zurda, pero al sentir la presión no le quedó más que probar de derecha, enviándola perdida.

De esta manera, el Alianza fue empujando al Limeño hacia su propio campo, para aprovechar el momento justo y definir. Juan Carlos Portillo tuvo otra clara ocasión, al escaparse sin marcar, rompiendo el fuera de lugar, pero prefirió dejársela a Vásquez que venía cerrando, pero el pase fue muy adelantado y lo que subió fue la cuenta de oportunidad falladas en el local.

Si te vi, no me acuerdo

El Alianza salió con la misma intensidad en el complemento. Así, ganó un tiro libre a la orilla del área, bien cobrado por Rodrigo Rivera, a ras de piso, rechazado por el portero, pero con Óscar Cerén enviándola por encima después.

Caminó el reloj y pasó la historia repetida y sin fin. Limeño aprovechó su único chance del segundo tiempo, en una descolgada de Mario Machado, con un centro que anticipó bien Jesús Toscanini, exarieta albo, adelantándose a la salida de Élmer Iglesias. 0-1.

Fue y desató la locura. En los minutos finales, como no salió con orden, Alianza lo buscó a la desesperada. Tampoco así y el final del juego fue el reprise de cada torneo albo: sus aficionados abucheando al equipo, apostados en el camerino. Terremoto, otra vez.

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