DE PURA SANGRE

Águila y Dragón, el derbi oriental, dirimirán hoy su rivalidad y su historia con un título en juego.
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En el fútbol, las historias de los hijos que intentan emular o superar a sus padres son casi inexistentes. Una carga pesada, una sombra alargada y un esfuerzo que la mayoría de las veces no queda en nada. Pero en El Salvador existe una excepción. Y es la de los rivales de la final del torneo Clausura 2016.

En la historia del balompié local no existiría Águila si antes no hubiera existido el Dragón. El primer grande de oriente era el referente de fútbol en San Miguel a principios de los cincuenta hasta que a alguien se le ocurrió hacer otro equipo, llevarse a los mejores jugadores de ese Dragón y crecer convencido de que la sombra escupefuego no tenía que interrumpir el camino de Águila a la grandeza.

Más de medio siglo ha pasado desde entonces y en él los escupefuego nunca han tenido la oportunidad de devolver la bofetada y quitarle, por una vez, al Águila algo de lo que ellos le quitaron entonces. No solo le sacó los mejores jugadores, sino que, aunque no existen los “hubiera”, le sacó también el futuro que, sí, “hubiera” sido de los verdolaga.

Por ahí pasó y se fue Juan Francisco “Cariota” Barraza, Juan “Maquinita” Merlos, Mario “Macora” Castillo, Ismael “Cisco” Díaz, entre algunos, junto a varias generaciones de jugadores que se hicieron grandes cuando jugaron de negronaranja por mucho que sus primeros pasos hayan sido verdiblancos. A cada título emplumado, un palo mitológico, tres veces descendido, tres veces ascendido, pero nunca tan cerca como en estos dos últimos años de la posibilidad de volver a ganar una corona. Esas de las que los negronaranja ya tienen 15.

El hoy

Y hoy, lo nunca visto: Águila y Dragón en pugna, a 90 minutos, para decidir al campeón del fútbol salvadoreño. Una final no esperada pero escrita en piedra luego de que emplumados y mitológicos despacharon en semifinales al Alianza y Santa Tecla, campeón defensor y favorito de muchos, respectivamente, con argumentos más allá de la ventaja deportiva o la suerte.

El equipo mitológico nunca fue favorito en el torneo y no lo fue tampoco en sus series de cuartos de final o de semis. No lo ayudaba su sexto lugar entre los ocho clasificados ni sus ocho derrotas en 22 partidos de fase regular.

Ahora, en la final, Sevilla debe responder y encontrar la manera de batir a un Águila al que en la fase regular no le pudo hacer un gol y al que hoy tiene hambre de volver a ser campeón nacional para poner fin a dos años de montaña rusa emocional y cortar los cuatro años que tiene sin levantar un título.

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