Lo más visto

Más de Deportes

DRAGÓN, EL ETERNO

El BATALLADOR DRAGÓN LE GANÓ EL DUELO TÁCTICO AL ÁGUILA Y LO DERROTÓ POR 0-1 EN LA FINAL DEL CLAUSURA.
Enlace copiado
DRAGÓN, EL ETERNO

DRAGÓN, EL ETERNO

DRAGÓN, EL ETERNO

DRAGÓN, EL ETERNO

Enlace copiado
Bastó con uno. Con un gol, de un plumazo, Dragón borró 63 años de espera y reescribió su nombre en el libro de campeones del fútbol salvadoreño. Ahí donde alguna vez estuvo y donde muchos solo recordaban gestas en blanco y negro, ayer los escupefuego recuperaron la gloria que tuvieron y se coronaron campeones del fútbol salvadoreño.

Sí, aunque nadie lo crea. El Dragón, el equipo del que siempre se hablaba para contar descensos o porque peleaba ascensos o para referirse como el equipo que Águila desarmó para volverse grande, ese Dragón dio la que bien podría ser la bofetada más grande de la última década en el balompié nacional. Y más dulce aún: lo hizo poniendo de rodillas a su hijo, el que acostumbra quitarle los jugadores y que durante años se quedó también con las coronas. Águila, víctima. Águila, subcampeón.

Demasiado favoritismo hubo del lado negronaranja. Se sintió más cerca que nunca de la corona 16, pero lo cegó la soberbia de pensar que un Dragón que no es taquillero y que tenía más de medio siglo sin coronas no era rival en una final. No pensó que las victorias mitológicas ante Juventud Independiente (tercero) y Santa Tecla (segundo) fueran aviso suficiente y lo pagó cuando Cristian Portillo cogió un rebote, vio correr a Jackson de Oliveira y Wilma Torres encontró hueco en la espalda de la zaga.

Iban 37 minutos de un partido cerrado, en el que Águila tenía la pelota pero le costaba encontrar canales para transitar y que confirmó lo ya sabido: Dragón jugaría al contragolpe. La pelota es del rival, el golpe en la mandíbula lo pone el que sabe esperar.

En esa más de media hora de juego, Águila merodeó el arco de Meme González, pero no encontró camino a la red. Lizama sirvió a Ramos y el puertorriqueño tiró fuera y el mismo Ramos se la bajó a Santos Ortiz, que la puso suave a las manos de Meme. Tenía la fórmula, pero se les acabó cuando llegó el gol.

Un pésimo tiro libre fue el inicio de todo. Con casi todo el equipo en el área esperando el centro, Villalobos lo puso flojo al primer palo, donde rechazó Dragón y Portillo emprendió carrera. Adelante, Jackson ya había metido quinta y Wilma corrió a la espalda de su marcador esperando a ver si era la buena.

Y lo fue: Portillo la puso larga y Jackson haló las marcas de los dos centrales. Ahí quedó descubierto el carril donde paso Torres y donde no llegó Ortiz. Benji achicó, se venció y Wilma solo debió cambiar la dirección del esférico para batir al meta negronaranja. Gol. Mazazo. Y de los que duelen.

El tanto desencajó a los negronaranja. Lo único que no les podía pasar fue lo que les pasó. Tener que remar contracorriente un partido que no habían planificado, ni siquiera soñado, así.

Dragón, en cambio, se gustó a sí mismo. Apenas había sufrido y pasó a repeler todo lo que oliera a negronaranja y a alcanzar un estado de concentración excesivamente superior en el que, para donde quiera que fuera el pase emplumado, siempre había primero una pierna verdolaga para cortar el juego.

Partidazo enorme el de los centrales de Dragón. Bladimir Osorio y Marcelo Posadas se graduaron con honores en el partido más importante del Clausura 2016. Anularon y borraron a Héctor Ramos y a Nicolás Muñoz.

Radicales

Acabó el primer tiempo y comenzó el segundo y cada equipo radicalizó su propuesta. A Águila no le quedaba de otra que lanzarse en busca del milagro del empate y a Dragón a defender el tanto a favor con uñas y dientes.

Juan Ramón Sánchez movió primero. Llegó Marlon Trejo y Fredy Espinoza, salieron Ibsen Castro y René Gómez: línea de tres y Trejo suelto para empujar el medio. Luego, Irvin Valdez en lugar de Villalobos. Tres adelante, cuatro empujando en el medio y Valoyes rompiendo desde la última línea. Todo Águila encima de Dragón.

Pero ni así inquietaron el muro mitológico. Las piernas que Águila tuvo para rotarse, Dragón las tuvo para estorbar. Salió Luis Hernández y llegó Leonel Guevara; salió Jefferson Polío y apareció Sergio Cruz; se fue un fundido Alan Murialdo para que apareciera Axel López. Adelante Jackson para morder lo que sobrara o rebotara. Detrás, nueve guerreros para que nada llegara hasta Meme. Y lo que llegó, González lo redujo a cenizas en su área.

Una escapada de Jackson pudo dejar por acabado el partido. La tuvo, al 69, cuando pegó la carrera por la izquierda, enfiló en diagonal y llegó hasta la derecha arrastrando marcas, pero su remate se fue feo, desviado.

Fue la última noticia de Dragón sobre el arco de Benji Villalobos. Lo demás ocurrió en el de Meme. Ahí hubo un cabezazo picado de Nico que llegó a las manos del meta, al 79'; una diagonal de Ortiz a la que Muñoz no llegó por poco, al 85'; un tiro de esquina que Meme rechazó mal y en el Águila pidió penalti por un contacto del meta con Irvin, al 87'; y un remate potente de Ortiz directo al cuerpo de González, al 90+2'. Ninguno fue más que ya un esfuerzo desesperado de un Águila que podía haber jugado el mismo partido el resto del día: ayer la pelota no iba a entrar.

Y como no entró acabó el tormento escupefuego. Si esperaron 63 años para volver a ser campeones, los cuatro minutos de descuento (con la jugada de Ortiz incluida) no fueron nada. Se acabó y era hora del festejo. Favorito de ninguno, sin la taquilla de los otros, pero con la copa que todos quieren y nadie más tendrá. Dragón se hizo eterno.

Lee también

Comentarios