De jugar la Copa Libertadores a trabajar en un taller de Chalatenango

El destino de Carlos Angulo cambió cuando vino de Colombia para jugar al Chalatenango. Las deudas le obligaron a trabajar fuera de la cancha.
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Tras finalizar el Clausura 2017, el volante colombiano Carlos Angulo  optó por quedarse en El Salvador a la espera de que se resuelva favorablemente la deuda de más de tres meses de salario que sufre con el Chalatenango.
 
Junto al resto de compañeros del plantel, el cafetero demandó ante la FESFUT al conjunto  alacrán, pero se quedó en suelo salvadoreño para acelerar el proceso, mientras que Mauricio Mendoza (colombiano) y Rodrigo Cubilla (uruguayo), los otros extranjeros del equipo  en la pasada campaña, retornaron a sus países de origen. 
 
Angulo confesó que en su paso por el equipo “nunca recibí al menos el salario completo de un mes, fueron tres meses y medio de deuda. He vivido un caso difícil, me ha ayudado una persona en Chalatenango en el tema de la alimentación, pero debo tres meses de alquiler de la vivienda, no sé cómo voy a pagar”.

La pesadilla podría tener fin pronto: "FESFUT avala venta de categoría al AD Chalatenango". 
 
TRABAJAR EN UN TALLER PARA SUBSISTIR
El Clausura 2017 terminó el pasado 29 de abril. Desde esa fecha, Angulo trabaja en un taller de enderezado y pintura automotriz en Chalatenango. “Estos días de vacaciones trabajo en este taller para sacar dinero y poder vivir, ya he realizado este trabajo en Colombia, es un oficio al igual que otras actividades”.
 
Pero reflexiona que “esto es difícil, estar lejos de casa, lejos de mi familia, pero encontré personas que saben la situación que paso y me apoyan”.
 
“Desde los 18 años vengo jugando a nivel profesional y nunca me había pasado esta situación laboral que vivo en el Chalatenango. Llegar a un equipo en estas circunstancias, salvarlo del descenso, la gente que debía de respondernos nunca lo hizo y ahora estamos a la deriva.  Hay compañeros en situación difícil que viven solo del fútbol, no tienen otra fuente de entrada, es caótica la situación”, añadió.
 
Mientras el pago del salario llega, este jugador lija, pinta y endereza  piezas de carros dañados en un taller ubicado a un costado de la carretera chalateca. “La plata uno se la gana con el sudor de la frente, no es deshonra trabajar”.

 
JUGÓ AL MÁS ALTO NIVEL
“Es difícil explicar esta situación porque en Colombia he jugado en grandes equipos como el Deportes Tolima, Deportivo Pasto, jugué en el equipo histórico Unión Magdalena, donde jugó ‘el Pibe’ Valderrama”, reflexionó Carlos Angulo, colocando una  cinta adhesiva sobre el techo de un automóvil.  
  
En 2003 incluso disputó la Copa Libertadores con el América de Cali. Era uno de los juveniles del equipo, pero destacó al marcar a los argentinos Andrés D’Alessandro y Carlos Tévez, así como al brasileño Robinho. 
 
En esa campaña, enfrentó al Santos de Brasil en la fase de grupos, mientras que en los cuartos de final fue clave en la eliminación del River Plate y hasta se llevó un comentario de Diego Maradona. 
 
“D’Alessandro era el mejor jugador de Sudamérica y no lo dejé hacer nada, ganamos el partido 4-1 y Maradona dijo que a D’Alessandro no lo dejó jugar un orangután, se refería a mí. Son anécdotas que dejan el fútbol, me sentí elogiado porque me nombró un grande”.


 
El siguiente paso fue enfrentar al Boca Juniors de Argentina, la tarea fue más complicada para los colombianos, perdieron los dos partidos (0-2 y 4-0). 
 
El partido de ida disputado en el estadio La Bombonera, sede del equipo argentino,  le trae buenos recuerdos a Angulo: “en la Bombonera jugamos ante el Boca Juniors (11 de junio de  2003), las piernas nos temblaban en el camerino, todo temblaba en una jaulita que era el camerino, la afición hace sentir que se jugará ante el Boca. Fue algo que no se puede describir, ver a Maradona en su palco, son cosas lindas del fútbol”.
 
También marcó al argentino Carlos Tévez. “Él es un caballero, antes del partido nos saludamos, cuando inician los partidos uno se sale de onda como dicen en El Salvador y cruzamos palabras fuertes que quedan dentro de la cancha”.
 
Atrás quedó ese recuerdo brillante dentro de su carrera, ahora la preocupación es que le paguen por los servicios prestados al Chalatenango. El jefe del taller es la mano amiga de este jugador. 
 
“También otras personas como el doctor Caballero (no recordó el nombre). No  puedo juzgar a los chalatecos por una sola persona, pero han dejado a familias sin comer”, concluyó.



 

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