El arbitraje es cosa de familia

Carlos e Íngrid Castellón comparten más que el sueño de arbitrar partidos en la segunda y tercera división, son padre e hija.
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Llegaron juntos al arbitraje en 2009. La filial de árbitros de San Miguel les abrió las puertas y desde entonces cada fin de semana son designados, casi siempre juntos, para arbitrar partidos de categorías profesionales.

Ambos están certificados para dirigir encuentros de segunda y tercera división, así como de categoría de reserva.

Mantienen una relación profesional dentro y fuera de las canchas, en el hogar aprovechan el tiempo para el análisis respectivo de los errores y fortalezas.

En San Miguel los conocen como los Castellón; Íngrid funge como árbitra asistente, mientras que Carlos se desempeña como juez central y también como cuarto árbitro dependiendo de la designación.

Carlos tiene 40 años de edad y dentro de sus proyecciones está llegar a la liga mayor, mientras que Íngrid tiene 20 años y espera en el futuro llegar a la primera división y cumplir con todos los requerimientos necesarios para acreditarse como escarapela FIFA. La aplicación en el terreno de juego en los partidos y en cada sesión de entrenamiento es su mejor carta de presentación.

Según Wilfredo Carrillo, instructor auxiliar de la comisión de arbitraje de la filial de San Miguel, los Castellón son un ejemplo: “Me siento agradado por haber formado parte del desarrollo del arbitraje de estos dos importantes árbitros, hemos trabajado bien, especialmente con ella, para que se desenvuelva bien en esta carrera”.

El especialista en arbitraje aseguró: “Le hemos brindado apoyo incondicional para que en el futuro sea una representante digna de El Salvador. Le veo buenas cualidades, dedicada al estudio, en su vida privada y en los entrenamientos del arbitraje, es la primera que llega a los entrenos, le vemos con gran entusiasmo, el amor por el arbitraje lo trae en la sangre”.

La edad sería un inconveniente para proyectarse a escala internacional para Carlos, “porque para ser árbitro internacional son difíciles, pero es dedicado, con gran talento, con condiciones para estar en la liga mayor. Siempre le apoyamos”, dijo Carrillo.

Íngrid Saraí Castellón combina la profesión de arbitraje con los estudios de Técnico en Ingeniería en Sistemas Informáticos en el ITCA-FEPADE de San Miguel, su objetivo principal es representar al país como árbitra FIFA.

Sobre la relación con su padre, manifestó que es muy cordial y profesional: “Tengo buena relación con mi padre, con toda mi familia y compañeros. Entramos al arbitraje juntos, mi sueño era ser futbolista profesional, estar en la selección femenina de fútbol de El Salvador, pero no solo por un sueño se debe llevar uno, mi otro sueño era ser árbitra”.

Recuerda bien que el 10 de marzo de 2009 “entré al arbitraje, entrené dos años para llegar al arbitraje profesional y debuté en 2011 como asistente en juego de la tercera división, fue un partido entre el Vencedor frente al Conchagua”.

“Ambos nos aconsejamos, mi padre me dice que debo ser una buena árbitra, persona de bien en la vida, también lo aconsejo para que sea un padre ejemplar, yo seguir sus pasos y él los míos”, dijo.

Carlos admira el potencial de cualidades de su hija, cuenta que cuando los designan arbitrar juntos fluye la buena relación en el campo. “Con ella siempre vamos en las designaciones arbitrales, le aconsejo que se prepare para ser una buena árbitra en el futuro. Le veo con un perfil bueno dentro del arbitraje, lo hace bien y considero que hasta puede alcanzar la escarapela FIFA pronto”, dijo.

Explicó además: “Nos entendemos bien en el terreno de juego, considero que hasta tengo mejor comunicación que con otros asistentes. Tenemos buena comunicación, contacto visual y no hay contradicciones, hacemos buen trabajo, nos tenemos mucha confianza en el trabajo”.

Cuando el partido terminó y llegan a casa “evaluamos, sacamos conclusiones, partes de errores y cosas buenas, todo sirve, hacemos un autoanálisis, autocrítica y sacamos los puntos principales que debemos mejorar”, añadió.

“Mi logro fue obtener el escalafón para poder pitar en la segunda división, antes solo arbitré en la reserva, pero siempre he estado en la segunda división”, concluyó este árbitro de 40 años y que también se dedica a la mecánica industrial.

Es hora de volver a casa, la sesión de entrenamiento terminó, toman la bicicleta porque es hora de volver a casa, el sol ya se oculta; Íngrid pedalea y Carlos es el compañero de viaje, llegan a casa y tras el descanso hablan de las posibilidades de ser designados para un partido de la siguiente jornada del torneo.

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