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El líder desde la humildad

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<p>Vicente Del Bosque es visto en España como un ejemplo que ha sido sabio, cortés, distinguido, paciente pero sobre todo, ha sido el mismo.</p><p></p><p>Por Fernando Palomo</p><p>accion</p><p>En twitter: @palomo_ESPN</p><p></p><p>La fuente de Cibeles en Madrid en ebullición, una marea roja se ha volcado para festejar el tercer título de Eurocopa de la selección española y el tercer título grande consecutivo de los últimos campeones del mundo. En el escenario los artífices de un juego que se ha posado en el museo histórico del fútbol. A un costado de la algarabía de los jugadores, con la sonrisa del que disfruta del desinhibido festejo de sus hijos, la figura paternal de quien tiene las llaves de la casa de familia. Vicente Del Bosque cumple con la tarea más complicada de su deporte, sigue ganando y en la victoria sigue siendo el mismo.</p><p></p><p>Además de mantener la inercia competitiva de un grupo que en sus equipos conviven con la presión del triunfo permanente, Del Bosque ha gestionado desde el mundial de Sudáfrica la imagen de la estrella que empezaron a bordar tras el gol de Andrés Iniesta ante los holandeses en Johannesburgo. La puntualidad de sus palabras, el respeto a la crítica aun cuando su voracidad lo buscara incendiar, han convertido su mensaje en una referencia. Título ganado a pulso de la rectitud de su comportamiento y no por resultados en un terreno de juego aunque sean estos los que le permitan subir a escenarios de celebración como el de Cibeles el lunes.</p><p></p><p>Es difícil ser Del Bosque todos los días y más cuando la varilla de sus títulos antes que sumarle crédito lo obligan a cumplir con elevadas exigencias. “Hemos pasado de ricos a pobres muy rápido”, dijo en Polonia cuando el debate se intensificaba por sus esquemas de juego. En España se había ganado títulos pero no la madurez para entender cómo. Siendo campeones del mundo entendían el juego aun desde la perspectiva del que llegaba siempre a las grandes citas como una colección de individualidades y no como un equipo, como el que maneja Del Bosque. La validez del debate sobre el “falso 9” queda expuesta tras la demostración en la final de la Euro 2012 ante Italia.</p><p></p><p>En dos años desde Sudáfrica, Del Bosque ha sido tolerante cuando por derrotas en amistosos se puso en duda su capacidad para mantener alerta a un plantel ganador. Nunca el Marqués perdió su tono. Con la misma voz con la que prefiera reconocer las virtudes de sus rivales antes que las propias, Del Bosque fue apartando los embates sistemáticos. Los que lo discutieron su verdadero madridismo cuando rechazó la insignia que a destiempo le quería otorgar Florentino Pérez, no pudieron con el escudo dialéctico que levantó Don Vicente. La maquinaria mediática no lo pudo desestabilizar y goleó su elegancia.</p><p></p><p>Cuando en los banquillos de equipos y selecciones persisten y se agigantan quienes quieren las luces para ellos se eleva la figura de un emblema de su profesión. Respetuoso con la misma, con la esencia de su juego y tan humilde como para reconocer que lo que antes de él había, con Luis Aragonés, era tan bueno como sostenerlo. Del Bosque ha sido sabio, cortés, distinguido, paciente pero sobre todo, ha sido siempre el mismo. Fundamental para que ahora en España le consideren un símbolo ejemplar. España ve a Del Bosque más allá del técnico que les hizo campeones del mundo y les permitió retener la Eurocopa. Lo ve como un manual de comportamiento. Un ejemplo en acciones, lo que tendría que ser un líder. Un líder humilde.</p><p></p>

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