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El sueño de Juan Diego

El judoca Juan Diego Turcios tiene objetivos claros para Río, su “sueño hecho realidad”.
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Cuando Juan Diego tenía 11 años conoció la que sería una de las más grandes pasiones en su vida. Estuvo a punto de abandonar sus estudios y dedicarse de lleno al judo, pero su padre le dijo que debía hacer bien las cosas: terminó el colegio y optó por dedicarse cien por ciento al deporte.

Esa pasión le hizo soñar en una clasificación olímpica. “Yo quería ir a Juegos Olímpicos de 15 años, pero no pude, no por capacidad, sino por otras situaciones. Otro se hubiera retirado; yo no, me quedé, perseveré y me dije que tenía que llegar el momento”.

Y así fue. A inicios de junio se materializó el sueño que Juan Diego tenía desde pequeño: clasificó a los Juegos Olímpicos. Desde que decidió dedicarle su vida al deporte, comenzó una aventura que lo llevó hasta Asia, donde estuvo entrenando y compitiendo.

Turcios participó en mundiales, grand slam y todo tipo de eventos con el objetivo de mantenerse en una posición destacada dentro del ranking internacional, en el que ocupa la casilla 73 a nivel mundial en la categoría de los 81 kilos, posición que le dio el pase a Río.

Juan Diego no habla de medallas, pero sí de entrega en cada combate. “A los juegos va lo mejor de lo mejor y estar dentro es satisfactorio. En mi categoría van 32 competidores y no es nada fácil ese ranking”, dice.

“Todo el que va es fuerte, es sorpresa o es peligroso. No puedo ponerme a estudiar a cada competidor. Me tengo que preparar lo mejor que pueda”, añadió el judoca nacional.

SACRIFICIO

De carácter fuerte, Turcios dice que cuando vivió en Uzbekistán, por espacio de un año, le costó adaptarse a la cultura, a la comida y al idioma.

Aprendió palabras claves en ruso en Uzbekistán y eso le permitió hacer las compras en el supermercado y a viajar en taxi. “Fue divertido (su estadía en ese país), pero al final uno se cansa, uno quiere volver; el carácter cambia”, contó.

En cuanto al apoyo, Turcios afirma que para los atletas en general es muy escaso. “Mi papá y mi familia me apoyaron al 100 por ciento. No todos tienen eso, es difícil, triste y no debería ser así. Yo tuve suerte”, confiesa el ahora judoca olímpico.

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