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¿En qué posición queda el Barcelona en el nuevo panorama futbolístico?

Ante el estado actual del mundo del fútbol, dinamitado por el anuncio de la creación de la Superliga y los turbulentos sucesos posteriores, surge la pregunta de si aún es compatible ser un club de los socios y poner en práctica los valores del Més que un Club con el propósito de seguir compitiendo al máximo nivel contra clubes-estado.

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 El Barcelona permanece junto al Real Madrid en el proyecto de la Superliga Europea después de la desbandada de los otros 10 clubes fundadores y esto abre un nuevo panorama para el club azulgrana ante los organismos y su propia masa social, teniendo en cuenta que los socios siguen siendo sus propietarios y que proclama los valores del Més que un Club.

"La aventura de Laporta en la Superliga no es la mejor manera de recuperar relaciones con la UEFA, pero lo entiendo desde la necesidad de conseguir una mayor cantidad de ingresos, sobre todo por la estabilidad que esto le podría generar. Si él ha calibrado mal los resultados tan solo lo sabremos en el futuro", considera Xavier Ginesta, experto en la geopolítica del fútbol.

De todas maneras, apunta que "el principal perjudicado ahora mismo es Florentino Pérez y el segundo plano tan cauto de Laporta (el Barcelona es el único de los 12 clubes que aún no ha dado su versión oficial de lo ocurrido) no lo beneficia, pero tampoco lo perjudica más que a los otros 10 dirigentes de los clubes rebeldes".

"Si en el otro lado de la mesa no hubiese la UEFA diría que no pasa nada, pero todos sabemos cómo funciona y los grados de corrupción y perversión que tiene, de manera que es posible que el Bara pague las consecuencias junto con los otros clubes promotores de la Superliga", opina Marc Duch, quien fue el máximo responsable social de la candidatura de Víctor Font a la presidencia del club azulgrana.

Teniendo esto en cuenta, Duch explica que "esto, por sí solo, ya es un argumento de peso para promover una Superliga, pero si las cosas se hacen deben realizarse de una manera seria y trabajada, y no ha sido el caso".

Pero las declaraciones del presidente de la UEFA, Aleksander Cerefin, sobre el papel de Laporta en la Superliga han calmado la aparente tensión entre el máximo organismo del fútbol europeo y el club azulgrana.

"Me decepcionaron todos (los dirigentes de los clubes fundadores), pero quizás menos el Barça. Hace muy poco que eligieron a Laporta y hablé con él dos o tres veces. Estaba presionado por la situación. Fue algo que heredó", dijo Cerefin en 24ur.com, en referencia a que fue una iniciativa del expresidente azulgrana Josep Maria Bartomeu.

"No fue su culpa que la situación fuera así, pero al mismo tiempo, como buen negociador, Laporta encontró una estrategia (someter la decisión final a la Asamblea de Compromisarios) para poder salir de ella", añadió.

Ante el estado actual del mundo del fútbol, dinamitado por el anuncio de la creación de la Superliga y los turbulentos sucesos posteriores, surge la pregunta de si aún es compatible ser un club de los socios y poner en práctica los valores del Més que un Club con el propósito de seguir compitiendo al máximo nivel contra clubes-estado.

"Es totalmente compatible", responde tajante Ginesta, autor de Les multinacionals de lentreteniment (Editorial UOC) y profesor de la Universitat de Vic-Universitat Central de Catalunya. "El modelo de gobernanza no tiene nada que ver con la tipología de competición que los grandes clubes necesitan", sentencia.

Una opinión parecida tiene Duch, uno de los principales fiscalizadores del Barcelona durante los últimos años: "Es perfectamente compatible si entendemos las contradicciones y las minimizamos. Competir al máximo nivel choca con muchos de los valores del Bara como club, pero precisamente la dimensión del club ayuda a promover y difundir estos principios.".

Ginesta advierte que "el Bara hace tiempo que es una multinacional del entretenimiento como los otros grandes clubes deportivos". Así, "aunque el Més que un Club lleva a una serie de valores, el Bara debe tener nuevos ingresos para seguir compitiendo al máximo nivel. Cómo los obtenga y su justificación dependerá de la junta directiva. La Asamblea de Compromisarios debe fiscalizar".

Y el experto en geopolítica del fútbol se muestra contundente ante el debate que se ha abierto en el mundo del fútbol: "Hubiese sido más ultraliberal el fútbol de la Superliga que el que tenemos ahora? El romanticismo en el fútbol hace tiempo que se ha perdido y, por lo tanto, de lo que estamos hablando es de la reformulación de las competiciones para que el fútbol sea más competitivo y genere más valor".

E insiste: "En ningún caso podemos plantearnos una dicotomía entre románticos y neoliberales, es totalmente falsa".

Por su parte, Duch es partidario de que "el fútbol se encamine hacia algo más beneficioso para los clubes y menos lucrativo para los organismos rectores". Según él, en este proyecto "el Bara no solo tiene que estar, sino que debería liderarlo para dejar su huella y pavimentar los caminos del fútbol europeo con su manera de entender este deporte".

Mientras tanto, los dirigentes del club azulgrana se mantienen a la espera de los próximos movimientos de la partida de ajedrez. "De momento estamos en la Superliga. Todos los escenarios están abiertos. Ahora vendrán días de conversaciones y seguramente negociaciones de todas las partes", explicaron a EFE fuentes del Barcelona.

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